Al actor Fernando Guallar (36) muy probablemente le hayan visto en alguna serie de televisión. Hace una década estaba interpretando al camarero Gonzalo en el serial de época Amar es para siempre (Antena 3); podría haber sido el yerno de Marcelino y Manolita. Después llegó Velvet Colección, en Movistar, como galán. Entremedias, Fernando Guallar se licenció como arquitecto; incluso cursó un año en Berlín. Él nació en Córdoba, y su hermana, en Valencia; su madre es de Albacete y su padre, de Castellón. Ella era profesora de francés; él, ingeniero de caminos.

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"Yo soy muy alemán, muy mecánico. Mi cabeza a veces me juega malas pasadas; no es que yo piense de más, sino que necesito orden. Tiene que ver con que fui al colegio alemán. La vida del actor es tan inestable e impredecible que ese orden del que yo venía me ha ayudado muchas veces para mantener la cama", comenta Fernando Guallar en conversación con El Independiente.

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Fernando Guallar también interpretó al mánager de Luis Miguel en la serie de Netflix; y en diciembre estrenó el thriller con Imanol Arias y Elena Anaya Innato, también en la plataforma de la N roja. Precisamente, para Netflix, ha rodado durante tres meses en Roma una serie en italiano. Los idiomas no son un problema para él. Ahora debuta sobre las tablas con la obra de teatro Rompientes; comparte cartel con la actriz Rebeca Hernando. Pueden verlos en acción hasta el 22 de marzo, en el Teatro de la Abadía, Madrid.

"Esto es la repetición más absoluta. Voy a estar haciendo lo mismo constantemente en estas tres semanas. Lo interesante es que pasan cosas diferentes porque hay otro público, otra energía, porque de repente conectas más con una emoción que con otra, pero es una repetición. Es algo muy nuevo para mí"

P.- Hay actores ‘tochos’ que no se atreven a hacer teatro.

R.- (Fernando Guallar) Hace poco me lo decía mi representante. Evidentemente, el debut en teatro te genera vértigo. No tiene nada que ver con la cámara, el audiovisual. Hasta gente del equipo me decía: 'Es una idea nefasta para una carrera, una proyección, que tu primera obra o pieza de teatro sea un monólogo de 50 minutos'. Me decían: 'Hay actores consagradísimos que, primero, no harían teatro; y segundo, no sería un monólogo'.

P.- Es la relación sentimental entre un hombre y una mujer; el contexto es la crisis migratoria.

R.- (Fernando Guallar)  Ellos viven en una playa y llegan cadáveres. Es un punto de inflexión en cómo se relacionan ellos con este suceso, y qué les pasa como pareja, cómo se miran desde entonces y cómo se reconocen –o no– y cómo se plantea un cisma que rompe absolutamente todo, hasta sus identidades. Una cosa es ver las noticias y otra que, de repente, estés tocando el cadáver de una persona que estaba intentando llegar aquí para tener una vida mejor.

Fernando Guallar en el teatro de La Abadía
Fernando Guallar en el teatro de La Abadía
Fernando Guallar en el teatro de La Abadía

P.- ¿Qué te dice el cuerpo cuando terminas de ensayar y vuelves a casa? Vives cerca y te vas caminando siempre.

R.- (Fernando Guallar) Yo no he estado más cansado en mi vida. Nunca he salido tan cansado de trabajar porque implica física y emocionalmente una entrega muy bestia. No paran de pasar cosas. Hay dos o tres momentos al límite físico, que tiene que ver con dónde están los personajes. Cuando hacemos dos pases, ahora en los ensayos, hostia, hay días que llego a casa abatido, o sea, metido en el sofá y me cuesta hasta hacerme la cena. Estamos haciendo dobletes porque estamos matizando cosas, pero no habrá [de cara al público]. Yo creo que no haría doblete.

P.- Acaba el 22 de marzo.

R.- (Fernando Guallar) No quiero que acabe. Me gustaría que 'girara' más allá de la capital, que nos fuéramos a otro tipo de sitios, y juro que no tiene que ver con lucrarme. Yo, en el cine, hago muchísimo más dinero que con esto. En Madrid hay más diversidad y una relación con 'lo ajeno'. Aquí ves personas más diferentes a ti: en lo racial, en lo sexual… Hay una convivencia mayor que en según qué núcleos más pequeños. Hay gente que parece que no ha visto un negro en su vida y, de repente, dices: ¿cómo puede ser eso en España? Haremos funciones en Zamora y a lo mejor Valladolid. Después del trabajo que hemos hecho, no debería morir en tres semanas.

Me parece tremendamente atractivo el contrato, la comunicación, entre el espectador y el actor. 'Esto es para ti'. Y cuando se acabe, yo me iré a hacerme una tortilla francesa, seguiré mi vida y me iré a la cama, y tú a lo tuyo. Sí me apetece mucho que haya una sinergia tras la función; me voy a quedar. Saldré del teatro y a ver qué dice la gente. [La obra expone] que somos un poco cínicos, un poco cabrones, en algunos momentos, y que no somos tan buenos a veces. Va un poco sobre la hipocresía; pensar que con las tres cositas que haces ya eres un poco mejor. Se trata al final de entender los límites de la empatía del individuo, de someterse al sistema en el que vives…

P.- Pero, ¿qué puede hacer una persona que está en la situación de tu personaje?

R.- (Fernando Guallar) Más de lo que hace, para empezar. Evidentemente, el actor juzga al personaje. Lo que luego no tiene que hacer es juzgarlo mientras actúa. Pero, evidentemente, tú lees un texto y tienes un punto de vista, un filtro, un pasado. Mi personaje está tremendamente distanciado de mí. Al principio le justificaba, 'no está tan mal lo que hace', y luego me cayó mal, no le respetaba. Y ya después entendí qué me pasa a mí, Fernando, con esto.