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Esto es lo que le pasa a tu cuerpo cuando consumes mucha mantequilla

Imagen de archivo de mantequilla
Imagen de archivo de mantequilla | Pixabay

En los últimos años, la alimentación y los hábitos de consumo han pasado a ser uno de los focos principales de la salud pública. En países como España, la forma en que se combina pan, lácteos, carnes procesadas y grasas saturadas en la dieta diaria condiciona de manera directa el bienestar a corto y largo plazo. Aun cuando muchas personas perciban estos alimentos como "tradicionales" o inofensivos. En este contexto, la mantequilla aparece como un ingrediente muy presente en tostadas, repostería, salsas y guisos. Sin embargo, también es uno de los productos que más debate genera en la comunidad médica y nutricional.​

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Hasta hace pocas décadas, la mantequilla se consideraba, en muchos hogares, un complemento casi inofensivo siempre que se usara con moderación. Mientras, los grandes enemigos eran la mantequilla de nata, las grasas trans de margarinas viejas y los azúcares añadidos. Con la aparición de productos industrializados como margarinas ligth o aceites vegetales, la narrativa se desplazó hacia la búsqueda de alternativas más "saludables". Posteriormente se ha revisado parte de esa simplificación, mostrando que no todas las grasas son iguales, pero tampoco todas inocuas. La mantequilla, por su composición y su origen lácteo, se ha convertido en un punto intermedio. Es vista como natural por muchos, pero con un perfil de grasa que la sitúa muy lejos de un alimento "ligero".​

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Qué le pasa a tu cuerpo si consumes mucha mantequilla

La respuesta en realidad es que depende de la cantidad, de la dieta global, del nivel de actividad física y de la genética de cada persona. La mantequilla es un producto lácteo casi íntegramente graso. Entre el 80% y el 85% de la composición corresponde a grasa, y el resto a agua, sal y pequeñas cantidades de proteína y lactosa. Además, una parte considerable de esa grasa es saturada. Este es el tipo de grasa que se ha relacionado con un aumento de los niveles de colesterol LDL. Ya conocido como "colesterol malo", y con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares en el contexto de una dieta poco equilibrada.​

El exceso de mantequilla en la dieta puede contribuir a subir las cifras de colesterol en sangre. Esto aumenta si se acompaña de otros alimentos ricos en grasas saturadas como embutidos, queso, carne roja procesada y repostería comprada. Cuando el LDL se combina con otros factores de riesgo, como la hipertensión, la diabetes o el sedentarismo, se favorece la formación de placas de ateroma en las arterias. Esto puede reducir el flujo sanguíneo al corazón y al cerebro, incrementando la probabilidad de infartos e ictus. Aunque la mantequilla no es la única responsable de este proceso, se considera un componente que agrava el perfil de riesgo de la persona.

¿Qué más efectos tiene?

Otro efecto directo de consumir mucha mantequilla es el aumento de la ingesta calórica diaria. Cada gramo de grasa aporta alrededor de 9 kilocalorías, frente a las 4 de las proteínas y los hidratos de carbono. Si se añaden cuantas cucharadas de mantequilla en tostadas, cremas, salsas y preparaciones de repostería, es fácil superar sin darse cuenta los límites de grasa recomendables, lo que se traduce en un balance energético positivo, vas comiendo más de lo que gastas. Con el paso del tiempo, ese pequeño exceso diario favorece la ganancia de peso, el aumento de grasa abdominal y el riesgo de síndrome metabólico.​

A nivel digestivo, la mantequilla puede resultar mejor tolerada que grasas industriales en personas sin problemas gastrointestinales. Sin embargo, en algunas personas su alto contenido en grasa saturada puede contribuir a digestiones pesadas, sensación de saciedad desagradable y reflujo. En individuos con problemas de vesícula biliar, enfermedad hepática o pancreatitis, las grasas muy concentradas, como la mantequilla, se desaconsejan porque obligan a los órganos digestivos a trabajar a mayor intensidad, lo que puede desencadenar dolor o malestar abdominal.​

En el plano nutricional, hay que reconocer que la mantequilla no es un alimento "vacío" del todo. Proporciona vitaminas liposolubles como la A, D y la K, así como pequeñas cantidades de otras sustancias presentes en la leche, pero estas cantidades son relativamente bajas comparadas con las calorías y la grasa total que aporta. Es decir, si se busca vitamina D o A, existen formas más eficientes de conseguirlas, como el pescado graso, la leche enriquecida o suplementos, sin incrementar la ingesta de grasa saturada en la misma medida.

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