Opinión

EL GOLPE

Trump contra Dios

Trump contra Dios
El presidente de EEUU Donald Trump | EFE

Trump se ha molestado con el papa León XIV (“un liberal débil con el crimen”), han echado un poco los dos a volar o a pelear sus aviones y palomas, y ahora no sabemos si llegará antes la guerra en Ormuz o la guerra en el Cielo. Yo creo que Trump, que es un niño siempre celoso, ahora está celoso del papa, o sea celoso de Dios, que no lo ha hecho a él el único mesías, el único líder espiritual y temporal, el único que lleve gorra como mitra o mitra como gorra. Curiosamente, tras la respuesta beatífica, evangélica y arcangélica de León XIV (las Bienaventuranzas son imbatibles porque tienen algo de frase de maestro de kungfú, a pesar de ser la apuesta divina por la resignación o la rendición); tras la respuesta del papa, decía, lo que ha hecho Trump ha sido ponerse él de Jesús o Dios en un post o póster que podría ser cristiano, luciferino, drag o de Star Wars. En la cosa se ve a Trump entunicado y divino, curando enfermos con los rayos de sus manos (esas manos que presumían de “coger coños”), mientras aletean banderas, aviones mezclados con águilas, marines indistinguibles de ángeles y ángeles indistinguibles de marines. Además de tener 8 años y vestirse de Jesús como de Spiderman, Trump está como una cabra. El papa no podría hacer otra cosa que citarle el Evangelio, acariciarle la coronilla naranja y la frente de cristal y devolverlo a las monjitas.

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Trump va de Corazón de Jesús de Las Vegas, va de Robocop nazareno, va de Cristo de portaviones o de Cristo de Bollywood, va de Dios contra el papa o va de Dios contra Dios, simplemente. Yo creo que León XIV en realidad no pinta demasiado en esto, aparte de darle a Trump un poco de envidia iconográfica o ceremonial, o sea ese hombre que sí va ensabanado, y como con Cielo portátil, y con verdadero enjambre de ángeles monaguillos, cantores o diplomáticos. Aunque a Trump le monten en la Casa Blanca rezos con mecidas, como a la Virgen del Rocío, y los pastores de allí, esos pastores de Biblia y revólver, de alabanzas y venganzas, hagan melé sobrenatural sobre él y le pasen con la mano las flemas, flamas y tembleques divinos (allí Dios, sobre todo, tiembla, escupe y arde); a pesar de todo eso, en fin, Trump sigue siendo un tipo con gorra de Forrest Gump que se tiene que adjudicar a sí mismo la gloria y la divinidad como el más solo y triste de los hombres. Todo esto, además de que el mundo lo considera tan poderoso y temible como idiota. La Iglesia Católica no es que pase su mejor momento, a pesar de Rosalía, pero el papa aún tiene fieles, aura, corte, ceremonia y ambigüedad de siglos, es como un rey del Cielo justo cuando Trump quiere ser rey y Dios. Y es que esto, ya digo, no es de Trump contra el papa sino de Trump contra Dios.

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La polémica de Trump con el papa o con su dios no es por política, es por estatus, por postureo. Sí, ya lo sé, exactamente igual que Sánchez

La verdad es que Trump no se pone ningún límite, como Sánchez. No sólo quiere premios Nobeles (como Sánchez), sino que ya dijo una vez que le gustaría ser papa (viendo a Sánchez en China, bajando de su avión vaticano y por escalinatas vaticanas, pensé que tampoco le importaría a Sánchez ser papa, un papa joven, guapote aunque consumido, y un poco luciferino, como el que hizo Jude Law). Trump, que aún cree (como Sánchez) que puede hacerlo todo, aspira a ser Dios o dios (quizá debería escribir dios siempre en minúscula, como Arcadi Espada, porque nunca hubo un solo dios al que llamar con nombre propio). O sea, Trump aspira a tomar las decisiones de Dios o de los dioses, a identificar voluntad, poder, moral, bien, justicia y verdad (como Sánchez) con su personita mediocre y hortera, quizá por compensar lo de mediocre y hortera. Lo que pasa es que a Trump (como a Sánchez) enseguida se le nota que todo lo hace por interés o por ego, que en realidad es lo mismo. La polémica de Trump con el papa o con su dios no es por política, es por estatus, por postureo. Sí, ya lo sé, exactamente igual que Sánchez.

León XIV, por su parte, ha dicho que no quiere hacer política, que no es lo suyo hacer política, aunque la Iglesia lleva haciendo política desde el primer momento y sigue haciendo política como nadie, entremetiendo versículos y hogueras, sopitas y hierro, rezos y negocio. Cuando eligieron a Robert Prevost de entre todo aquel palomar de papas, ya dije yo, más o menos, que hasta el Espíritu Santo se tiene que materializar en política, en alguien que haga política, una determinada política, y que hasta que eso no ocurre no tenemos papa, ni tampoco dios, o tenemos todos los posibles papas y todos los posibles dioses. Cuando salió León XIV, como de un frigorífico del cielo, ya teníamos a “un reformista moderado”, “un contrapeso a Trump”, y otras calificaciones políticas, que no teológicas. León XIV ha contestado muy evangélicamente a Trump, pero las palabras de los dioses siempre son ambiguas y, en el caso de la Iglesia, el mismo libro de facistol les ha servido para la Inquisición y el ecumenismo, para las cruzadas y para la paz. Yo diría que el papa sí hace política, o que al menos un principio moral del papa le lleva a una opción política. Que ya es mucho más que lo que hace Sánchez, que nunca ha tenido principios morales, políticos ni de otra clase.

Trump se pinta poderoso, iracundo, benefactor y milagroso en sus posts, que son posts para la adoración y para el cachondeo, como los reels de Sánchez. Trump quiere apartar al papa de su papamóvil y a Dios de su trono, que es como un sillón de barbero, y yo creo que no es para ganar una guerra ni para ganar petróleo, sino para ser, para ser él, para ser algo (como Sánchez). Trump se molesta con el papa, el papa se hace el santo con todas las ventajas del que ya es santo, y entre los dos se colma el Cielo de arpas y cañones, que no sé si dan para una guerra. La verdad es que lo que le preocupa a uno son las guerras en la tierra y no en el Cielo. Los dioses parece que habitan un Cielo de cojines y visillos, y cuando se pelean por allí todo se queda en una guerra de almohadas, como señoritas de internado en camisón. Cuando se pelean por aquí abajo es otra cosa, ya lo sabemos. Trump quiere ser Dios y sólo es un niño con empachos. El papa quiere representar a Dios y sólo es un hombre con enaguas. La voluntad, el poder, la moral, el bien, el mal, la justicia y la verdad nunca fueron asunto de los dioses, que no existen o no se preocupan, sino de los hombres. Por eso resultan asuntos tan difíciles. Más todavía cuando nos gobiernan y lideran quienes nos gobiernan y lideran.

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