La idea de que el picante “acelera el metabolismo” lleva años circulando, en un contexto en el que muchos alimentos se presentan como atajos contra el sobrepeso. El mensaje resulta tentador: bastaría con añadir chile o salsa picante a las comidas para quemar más calorías casi sin esfuerzo.
Pero la realidad es bastante menos llamativa. Según explica Alfonso Carabel, responsable del Servicio de Nutrición del Centro médico-quirúrgico Olympia Quirónsalud, no todos los picantes aumentan el gasto energético. “La capsaicina, presente en algunos tipos de chiles, es un alcaloide natural que produce un efecto termogénico, es decir, que aumenta la temperatura corporal”.
Sin embargo, aunque el cuerpo necesita gastar más calorías para aumentar esta temperatura corporal, ese efecto es modesto, variable y, por sí solo, insuficiente para producir una pérdida de peso relevante.
“La capsaicina puede inducir un pequeño efecto termogénico, pero en cantidades habituales el impacto sobre el metabolismo es muy pequeño; las herramientas de verdad siguen siendo la actividad física y una alimentación adaptada al estilo de vida”, remarca Alfonso Carabel.
Efecto reducido
Esa idea coincide con lo que muestran las revisiones científicas más citadas: los capsaicinoides, presentes en pimientos y guindillas, pueden aumentar algo el gasto energético y la oxidación de grasas, sobre todo a dosis relativamente altas, pero el efecto es reducido y no convierte al picante en una estrategia principal de adelgazamiento.
Conviene, además, hacer una precisión: no todo lo que llamamos “picante” actúa igual. El efecto metabólico se ha relacionado sobre todo con la capsaicina y compuestos afines presentes en determinados chiles. No cualquier condimento intenso ni cualquier salsa desencadena el mismo mecanismo.
La capsaicina interactúa con receptores implicados en la sensación de calor y puede estimular una respuesta termogénica, es decir, un ligero incremento en el gasto de energía. Algunos estudios también sugieren un posible efecto sobre la saciedad. Pero el problema es la escala: ese beneficio es pequeño y no basta para compensar una dieta desequilibrada, el exceso calórico o el sedentarismo.
Por eso también resulta engañosa otra idea frecuente: que basta con añadir algo de picante a las comidas para notar un cambio apreciable. En la práctica, las dosis empleadas en investigación no siempre equivalen al uso culinario habitual y la respuesta varía según la tolerancia individual y el conjunto de la dieta.
Dicho de otro modo, una comida más picante no transforma por sí sola el balance energético del día.
Picante a diario
Tampoco comer picante todos los días equivale a adelgazar. La pérdida de peso depende de factores mucho más amplios, entre ellos el balance energético total, la calidad de la dieta, la masa muscular, el descanso y la actividad física. Convertir un solo ingrediente en supuesto “atajo metabólico” suele ser una simplificación excesiva.
A esto se suma otra cuestión importante: el picante no sienta bien a todo el mundo. En personas con reflujo gastroesofágico o con enfermedades inflamatorias intestinales, por ejemplo, puede empeorar los síntomas. Con la gastritis, la relación es más variable, pero también conviene individualizar.
El mensaje prudente no es demonizar el picante, sino recordar que no todas las personas lo toleran igual.
El picante no es un fraude absoluto: la capsaicina sí tiene efectos fisiológicos medibles y puede contribuir levemente a la termogénesis. Pero tampoco es un acelerador metabólico milagroso ni una herramienta seria, por sí sola, para perder peso.
En salud y nutrición, la respuesta sigue siendo menos espectacular, pero más sólida: moverse más, comer mejor y mantener hábitos saludables.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado