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La Bienal de Venecia estalla a nueve días de su inauguración por la presencia de Israel y Rusia

Pabellón central de la Bienal de Arte de Venecia.
Pabellón central de la Bienal de Arte de Venecia. | Biennale
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A nueve días de la inauguración de la 61ª Bienal de Venecia, su jurado ha dimitido este jueves tras la polémica abierta por su decisión de excluir de los premios a artistas de países cuyos dirigentes estén investigados por crímenes de guerra o contra la humanidad.

La renuncia ha sido anunciada en un breve comunicado publicado en eFlux, una plataforma especializada en arte contemporáneo. Los cinco miembros del jurado, elegido por la directora artística de esta edición, la camerunesa Koyo Kouoh, y presidido por la comisaria brasileña Solange Farkas, han explicado que dimiten en coherencia con su comunicado del pasado 23 de abril, en el que habían anunciado que no tendrían en cuenta para los galardones a artistas procedentes de países cuyos líderes estuvieran siendo investigados por la Corte Penal Internacional.

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La medida no mencionaba a ningún Estado, pero el alcance político era evidente: la Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su exministro de Defensa Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra en Gaza. También ha dictado una orden contra el presidente ruso, Vladímir Putin, por la guerra en Ucrania. Rusia vuelve en esta edición tras su exclusión en 2022.

La controversia, sin embargo, se ha concentrado sobre todo en Israel y en su representante en esta edición, el escultor Belu-Simion Fainaru. El Ministerio de Exteriores israelí denunció el domingo en X que excluir a artistas israelíes transformaba la Bienal “en un espectáculo de falsa indoctrinación política antiisraelí”. Fainaru, que había consultado a abogados tras conocer el criterio del jurado, ha celebrado ahora la dimisión. “Su decisión me discriminaba por motivos raciales”, ha declarado a The New York Times. “Soy artista y tengo los mismos derechos y no puedo ser juzgado por pertenecer a un país o a una raza. Sólo debería ser juzgado por la calidad y el mensaje de mi arte”, añadió.

Artistas "discriminados"

El artista, nacido en Rumanía durante la dictadura de Nicolae Ceausescu y emigrado a Israel en los años 70, ha comparado la decisión inicial del jurado con lo que sufrió su propio padre durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue apartado de la docencia universitaria y enviado durante tres años a un campo de trabajos forzados. “No pensé que la discriminación pudiera ocurrirme a mí o a cualquier otro artista que trabaje hoy en Italia”, ha afirmado.

La Bienal ha confirmado la dimisión del jurado en un comunicado escueto, sin precisar de inmediato cómo resolverá la organización la concesión de premios. La crisis llega en el tramo final de montaje de una edición que abrirá el 9 de mayo con 99 pabellones nacionales y con varios países implicados en conflictos armados o tensiones internacionales.

La presencia de delegaciones como la rusa, la israelí o la iraní ya había generado roces antes de la renuncia. En marzo, el presidente de la Fundación de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, defendió en La Repubblica la invitación a todos los países que quisieran participar. “Yo abro a todos, sin excluir a nadie. Estarán Rusia, Irán, Israel, Ucrania, Bielorrusia... Todos”, afirmó. Su argumento apelaba al arte como espacio de convivencia: “Rusia es propietaria de un pabellón en Venecia desde 1914 y ha estado ausente desde el 2022. (...) Usemos el arte. La Bienal es un espacio de convivencia para el planeta”.

La Bienal abre la mano 'contra' Meloni

El regreso de Rusia, excluida en 2022 tras la invasión de Ucrania, incomodó al Gobierno italiano de Giorgia Meloni. El ministro de Cultura, Alessandro Giuli, se desvinculó de la decisión y subrayó que correspondía exclusivamente a la Fundación de la Bienal, una institución autónoma aunque su presidencia dependa del marco político italiano. Moscú presentará en esta edición el proyecto The tree is rooted in the sky (El árbol ha arraigado en el cielo), mientras Ucrania acudirá con Security guarantees (Garantías de seguridad). Entre los eventos colaterales figura también Gaza – No words. See the exhibit, organizado por el Palestine Museum US.

El caso de Israel arrastra problemas desde 2024. Entonces, la artista Ruth Patir y las comisarias Mira Lapidot y Tamar Margalit decidieron no abrir el pabellón israelí hasta que se alcanzara “un acuerdo de alto el fuego y liberación de rehenes”. Un cartel colocado en la puerta del espacio en los Giardini anunciaba esa condición. Patir explicó entonces: “Odio hacerlo, pero creo que es importante”. En un texto publicado en Instagram añadió: “Siento que el tiempo del arte se ha perdido y necesito creer que volverá. Nosotros nos hemos convertido en la noticia, no el arte”.

Aquella decisión se produjo después de que miles de artistas agrupados en Art Not Genocide Alliance pidieran la exclusión de Israel de la Bienal, con firmas como la de la fotógrafa Nan Goldin. La guerra en Gaza, iniciada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, había situado al pabellón israelí en el centro de una disputa que reproducía en Venecia el mismo debate abierto en otros certámenes culturales, de Eurovisión a los festivales de cine.

Fainaru es uno de los artistas israelíes más reconocidos de su generación y recibió el año pasado el Premio Israel, el máximo reconocimiento cultural del país. También mantiene una relación estrecha con Rumanía, a la que representó en la Bienal de Venecia de 2019. Su trayectoria se ha centrado en proyectos de diálogo entre comunidades israelíes y árabes. En 2010 fundó la Bienal Mediterránea, con sede en Haifa, y en 2015 cofundó el Museo Árabe de Arte Contemporáneo en Sakhnin, una ciudad del norte de Israel cercana a la frontera con Líbano. La iniciativa recibió críticas precisamente porque Fainaru no es árabe, pero el artista ha defendido que el arte no puede quedar restringido por nacionalidad u origen.

Para esta edición, Fainaru presentará Rose of Nothingness, una instalación que incorpora un gotero de riego agrícola. El agua se acumulará sobre el suelo, según ha explicado el artista, como imagen del encuentro entre comunidades distintas. Fainaru, que enseña en la Universidad de Haifa, ha sostenido que la mitad de sus alumnos son palestinos y que su docencia se apoya en principios de diálogo abierto.

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