En septiembre de 2012, Kate Middleton todavía era la duquesa de Cambridge y apenas llevaba un año casada con el príncipe Guillermo. La monarquía británica seguía reconstruyendo su imagen tras décadas marcadas por los fantasmas de Diana de Gales y los escándalos familiares, y la joven pareja emprendía una gira oficial por el sudeste asiático y el Pacífico con motivo del Jubileo de Diamante de Isabel II. Fue entonces cuando el escándalo provocado por una serie de fotografías tomadas en secreto durante unas vacaciones privadas en Francia estalló como una bomba internacional.
Un adelanto publicado por The Hollywood Reporter del libro KATE!: The Courage, Grace, and Power of the Woman Who Will Be Queen, la biografía de la princesa de Gales escrita por Christopher Andersen que acaba de salir a la venta en Estados Unidos y Reino Unido, reconstruye desde dentro el episodio de las imágenes en topless de Kate Middleton y cómo aquel escándalo terminó consolidando su imagen pública como futura reina.
Las fotografías aparecieron en portada de las revistas francesas Closer e italiana Chi mientras los duques se encontraban en Kuala Lumpur, en mitad de su gira diplomática de nueve días. Las instantáneas mostraban a Kate tomando el sol sin la parte superior del bikini en un château privado del sur de Francia propiedad del vizconde Linley, sobrino de Isabel II.
Kate mantuvo la calma mientras Guillermo estallaba de ira
Según relata Andersen, las imágenes fueron tomadas desde una carretera pública situada a más de 450 metros de distancia mediante un potente teleobjetivo. En la portada de Closer podía leerse: “La futura reina de Inglaterra como nunca la habías visto”. La publicación italiana optó por un titular todavía más directo: “La reina está desnuda”.
El libro sostiene que Kate quedó “visiblemente afectada” al ver las fotografías. Sin embargo, logró recomponerse casi de inmediato y decidió continuar con la gira sin alterar la agenda institucional. “Nosotros no vamos a dejar que esto arruine el viaje”, habría dicho la entonces duquesa a un asistente de la casa real.
La reacción de Guillermo fue completamente distinta. La periodista Rebecca English, que acompañaba al matrimonio durante el viaje oficial, asegura en el libro que nunca había visto al heredero “tan furioso”. Andersen explica que el episodio despertó inevitablemente el recuerdo de la persecución mediática sufrida por Diana de Gales antes de su muerte.
El príncipe consideró que había fallado en la promesa de proteger a Kate frente a la presión de los paparazzi y exigió una respuesta judicial contundente contra las publicaciones francesas.
El comentario de Trump: "Vamos, Kate..."
La casa real británica emprendió acciones legales amparándose en las estrictas leyes de privacidad francesas. Guillermo reclamó una indemnización millonaria y una orden judicial contra la difusión de las imágenes. El proceso terminó cinco años después con una sentencia favorable a los duques: los responsables de la publicación fueron condenados a pagar daños y perjuicios y multas económicas.
En una carta remitida al tribunal, Guillermo aseguró que las fotografías resultaban “particularmente impactantes” porque le recordaban “el acoso que llevó a la muerte” de su madre.
El adelanto del libro recupera además una de las reacciones más polémicas de aquellos días: la de Donald Trump, entonces empresario y personalidad televisiva. “¿Quién no haría fotos de Kate para ganar mucho dinero si ella toma el sol desnuda? Vamos, Kate”, escribió Trump en Twitter.
Según Andersen, Kate restó importancia al comentario, pero Guillermo reaccionó con indignación. El autor recuerda además unas declaraciones anteriores de Trump sobre Diana de Gales en una entrevista radiofónica con Howard Stern, en las que llegó a afirmar que podría haberse acostado con la princesa.
El "efecto Kate"
Pese al impacto mediático, el viaje oficial continuó prácticamente sin incidentes. El libro describe cómo Kate siguió participando en actos públicos, visitó centros benéficos, convivió con comunidades locales y pronunció en Malasia su primer gran discurso institucional en el extranjero.
Uno de los episodios más emotivos relatados por Andersen ocurrió durante la visita a un hospital infantil, cuando Kate conoció a un adolescente enfermo de leucemia que había retrasado una transfusión de sangre para poder verla. La gira también incluyó imágenes mucho más distendidas del matrimonio bailando con faldas tradicionales en Tuvalu o recorriendo la selva de Borneo. Aunque hubo pequeñas controversias –como una criticada elección de vestuario durante una visita a las Islas Salomón–, la popularidad de Kate terminó reforzada tras el viaje.
Según recuerda el libro, la prensa británica empezó entonces a hablar con más fuerza del llamado “efecto Kate”, capaz de convertir cada una de sus apariciones públicas en un fenómeno mediático y comercial.
Para Andersen, el escándalo de las fotografías supuso un punto de inflexión en la evolución pública de Kate Middleton. Lejos de mostrarse desbordada, la futura princesa de Gales proyectó una imagen de serenidad y disciplina institucional en medio de una crisis reputacional.
Años después, ya convertida en una de las figuras más populares de la familia real británica, aquel episodio sigue considerándose uno de los momentos clave que terminaron consolidando su posición dentro de la monarquía.
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