La Primavera Árabe impresionó a Vladimir Putin. La caída del presidente egipcio, Hosni Mubarak, le impactó. Pero lo que le obsesionó fue el sangriento final del líder libio, Muamar Gadafi, a manos de una turba enfurecida, en octubre de 2011. Lo vio grabado en vídeo, como millones de personas en todo el mundo. También cómo lo celebraba Hillary Clinton, entonces secretaria de Estado de EEUU. Lo cuenta el documental Putin's Revenge, de Michael Kirk, para la cadena pública estadounidense PBS. La peor pesadilla de Putin sería acabar como Gadafi. Quiere evitar a toda costa ser objeto de un magnicidio o ser depuesto por un golpe de Estado.
Quizá por eso acoge en Moscú a dictadores depuestos como el sirio Bashar Assad o protege al bielorruso, Aleksander Lukashenko. Esta paranoia de Putin entronca con su obsesión por evitar que la democracia se infiltre en el alma rusa. Y como considera que Ucrania y Rusia son naciones hermanas no puede tolerar que Ucrania elija su propio destino en la Unión Europea y en la OTAN. Como se dice en el documental, Obama se dio cuenta en su primer encuentro que Putin es un hombre anclado en el pasado y con un resentimiento histórico incurable.
Del coronavirus a la invasión de Ucrania
Cuando el mundo sufrió la pandemia del coronavirus, Putin vivía aislado para evitar el contagio. Ese ostracismo le afectó mucho. Sus obsesiones y sus temores fueron a más. También su desconfianza.
Ahora la evolución de la guerra en Ucrania también le ha trastornado. Lo que iba a ser un paseo de una semana se ha convertido en su máxima preocupación. Estamos en el quinto año de guerra y el final no se vislumbra. Rusia espera el desgaste de Ucrania y Ucrania el derrumbe de Rusia.
Ahora la actividad principal de Putin se centra en el seguimiento de la guerra, a la que sigue prefiriendo llamar "operación militar especial". Cada vez dedica menos tiempo a atender a visitantes extranjeros o asistir a actos públicos. Sin embargo, acaba de recibir en Moscú al ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, con quien ha tratado sobre la crisis en Ormuz. Y el próximo sábado será el protagonista del desfile del Día de la Victoria.
Temor a un golpe o un asesinato
Pero las rutinas de Putin se han visto afectadas por el creciente temor a un golpe de Estado o un intento de asesinato, sobre todo mediante el uso de drones. Desde marzo se ha incrementado la seguridad en torno al líder ruso, según han informado al Financial Times fuentes de la inteligencia europea. Hay "máxima alerta". En el informe incluso se citaría al ex ministro de Defensa, Serguei Shoigu, como "un actor potencialmente desestabilizador".
"El impacto de la operación ucraniana con drones denominada Pavutya (Telaraña) sigue presente", dijeron desde el entorno de Putin al diario británico. En junio del año pasado Ucrania asestó un espectacular ataque "a gran escala" con drones contra bombarderos militares rusos establecidos en aeródromos Siberia. Con drones que cuestan unos 400 euros por unidad fulminaron más de 40 aviones de combate a miles de kilómetros de su territorio. Rusia perdió así el 40% de sus bombarderos estratégicos.
También fue un shock para Putin y el alto mando militar el asesinato del teniente general Fanil Sarvarov, que dirigía la Dirección de Entrenamiento Operativo del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas. En diciembre de 2025, el coche de Sarvarov saltó por los aires en un aparcamiento cercano a su domicilio de Moscú. Según el informe de los servicios de inteligencia europeos, el debate sobre el asesinato desencadenó un conflicto entre los representantes de los servicios de seguridad.
En búnkeres y con personal vigilado
Como consecuencia del refuerzo de la seguridad, el presidente pasa más tiempo en búnkeres en la zona de Krasnodar, al sur del país, que en sus residencias en Valdái o en la región de Moscú. Todos los que trabajan cerca de él, desde los guardaespaldas a los cocineros, tienen prohibido usar móviles o conectar a Internet en su presencia. Sus domicilios están vigilados. Los cortes en Internet en Moscú se relacionan con las medidas de seguridad relacionadas, sobre todo, con la protección contra drones.
La celebración este sábado del Día de la Victoria será una prueba de fuego para Putin y su entorno. Debido al temor a ataques de Ucrania, Rusia no va a desplegar todo su poderío militar. Varias escuelas militares, cuerpos de cadetes, así como la columna de material militar no participarán en el desfile de este año debido a la actual situación operativa, informó el Ministerio ruso de Defensa.
Los rusos han pedido a Kiev una tregua de dos días. Al presidente Zelenski le parece hipócrita que pidan un alto el fuego a la carta cuando están bombardeando ciudadaes y matando civiles a diario. Como señala Peter Dickinson, en un artículo publicado por el Atlantic Council, el desfile es el principal acontecimiento en la agenda del Kremlin, pero la guerra en Ucrania ha ensombrecido el evento. Y este año aún más.
Algo está gestándose
Las consecuencias económicas de la guerra van calando también en el día a día de los rusos. La popularidad de Putin, que a pesar de que lleva 26 años en el poder siempre ha sido alta, se está resintiendo. Algunos analistas apuntan que si empezamos a verle con frecuencia dado besos a niños, como candidato en campaña, significa que realmente está preocupado por la pérdida de apoyos.
Según escribe en X la analista Tatiana Stanovaya, fundadora de R. Politik, "los últimos acontecimientos en Rusia indican que el sistema está teniendo dificultades para hacer frente a las crecientes presiones. Entre ellas se cuentan las crecientes tensiones internas, las maniobras entre bastidores de las élites, los rumores de un golpe de Estado, un control más estricto y reactivo, el temor a perder ese control y la creciente exposición a los ataques y asesinatos en Ucrania".
Y añade: "Por primera vez en años de guerra, podría producirse un cambio. Las presiones han llegado a un punto en el que demasiados actores dentro de Rusia se enfrentan a una nueva realidad: el statu quo está empezando a amenazar su propia posición. Si nada cambia, la supervivencia se vuelve difícil, si no imposible".
Concluye Stanovaya que "en Rusia crece la sensación de que el actual sistema de gobierno se está volviendo demasiado perjudicial y cada vez más contraproducente. La tolerancia hacia el statu quo se está desvaneciendo. Sin embargo, los distintos actores interpretan ese cambio de formas opuestas, mientras que Putin parece incapaz o poco dispuesto a replantearse su política".
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