Internacional

'Poder de Siberia 2', el proyecto titánico con el que Putin quiere meterse a la China de Xi Jinping en el bolsillo

Un gasoducto de 2.600 kilómetros, en el centro de las ambiciones del Kremlin en sus relaciones con China

El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín
El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, durante su reciente encuentro en Pekín | EP

El reciente encuentro entre Vladimir Putin y Xi Jinping quedará registrado como uno de los más esperados en la historia reciente de las relaciones internacionales. Durante los dos días que el presidente ruso ha pasado en Pekín, ambos líderes han suscrito acuerdos en el ámbito educativo, nuclear, ferroviario, y hasta una nueva declaración sobre un nuevo tipo de relaciones internacionales. Sin embargo, en el Kremlin tenían un claro objetivo para esta visita: asegurar nuevos contratos energéticos con los chinos.

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Desde que Europa cerró la llave del grifo al gas ruso como respuesta a la invasión de Ucrania, Moscú ha fijado la vista en otros mercados, principalmente el chino. En 2025, exportó 101 millones de toneladas de petróleo y 49.000 millones de metros cúbicos de gas al gigante asiático. Un cargamento que llega a través de imponentes oleoductos y gasoductos que atraviesan el corazón de Asia Central, así como en forma de gas natural licuado.

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Estos datos explican la importancia que tiene para el Kremlin el mercado chino. Por encima del resto de arreglos, Putin ansiaba cerrar en Pekín el acuerdo para iniciar la construcción del gasoducto 'Poder de Siberia 2'. Este proyecto serviría para unir la remota península de Yamal con importantes centros económicos y urbanos como Shanghai, atravesando Mongolia. Una mega infraestructura de 2.600 kilómetros que consolidaría aún más el papel de Rusia como potencia energética de la región.

Xi no se decide

Putin llegó el martes a China convencido de que su estancia en el país asiático se saldaría con un pacto firme sobre el gasoducto titánico. Pero sus anhelos se vieron frustrados ante la falta de un acuerdo sólido al finalizar su visita. De hecho, el resultado agridulce le llevó a cancelar la habitual rueda de prensa que ofrece a los periodistas que acompañan al Kremlin en sus viajes oficiales en la noche del miércoles.

Aun así, los rusos no se van con las manos vacías de Pekín. "Se ha alcanzado un entendimiento en varios de los puntos clave en el proyecto", ha asegurado este jueves el portavoz de la presidencia, Dmitri Peskov. Durante los dos días que Putin ha permanecido en la capital china, se han producido avances en las negociaciones. Pero ninguno ha cristalizado en una hoja de ruta concreta: "Todavía no hemos finalizado el acuerdo", ha admitido el representante del Kremlin.

El último plan quinquenal chino para 2026-2030, aprobado en marzo, apuntaba a un comienzo de los trabajos preparatorios para un gran gasoducto entre China y Rusia -lo que parecía una referencia al proyecto 'Poder de Siberia 2'-. Pero Xi no parece convencido a dar el salto definitivo. Aun así, los rusos no se dan por vencidos: "No tenemos dudas de que lograremos resultados prácticos muy pronto", dicen desde Moscú.

Un proyecto faraónico en el corazón de Asia

Pese a las reticencias chinas, el 'Poder de Siberia 2' es una realidad desde el año pasado. Durante la anterior visita de Putin a China para participar en la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai, Gazprom (empresa estatal rusa de gas) y la Corporación Nacional de Petróleo de China firmaron un memorando legalmente vinculante para construir el gasoducto.

Almacenes de crudo en el puerto de Ust Luga, en el norte de Rusia
Almacenes de crudo en el puerto de Ust Luga, en el norte de Rusia | EP

El corazón del mega proyecto son los abundantes yacimientos de gas y petróleo en el norte de Rusia, en la península de Yamal. Este helado emplazamiento de Siberia alberga algunas de las principales reservas del mundo. De hecho, a comienzos de 2026, Gazprom anunció el hallazgo del mayor depósito petrolífero en la región de los últimos treinta años.

A través de la estepa siberiana, el gas llegaría hasta el este de China, cruzando por Mongolia. Una ruta de miles de kilómetros que suministraría 50.000 millones de metros cúbicos de gas al gigante asiático. A este volumen se suma el de otros gasoductos que ya ofrecen suministro desde Rusia, como su gemelo 'Poder de Siberia 1', operativo desde 2019, con una capacidad de 22.000 millones de metros cúbicos.

Un suministro de tal magnitud es muy atractivo, pero también provoca recelos entre las autoridades chinas, que suelen ser reacias a apostarlo todo a un solo proveedor o ruta de suministro. De hecho, antes del acuerdo alcanzado en septiembre, el Instituto de Energía y Finanzas (un think tank con sede en Moscú), hablaba de negociaciones "estancadas" por la postura China. Sin embargo, los recientes vaivenes geopolíticos han dado un nuevo impulso al proyecto.

La geopolítica juega a favor de Putin

No es casualidad que los planes para el 'Poder de Siberia 2' se reactivasen en septiembre del pasado año. A lo largo de 2025, la guerra arancelaria ente EEUU y China tuvo un fuerte impacto las exportaciones norteamericanas de gas natural licuado hacia el país asiático, que se desplomaron un 99'4%.

A la suspensión del comercio con los estadounidenses se ha añadido la guerra en Irán. El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado un colapso en los suministros energéticos a través del Golfo Pérsico, que hasta antes del conflicto concentraba una quinta parte del comercio marítimo mundial de crudo y gas natural licuado. Así, aunque China no quiera depender exclusivamente de la vía rusa, no le quedan muchas más opciones.

El presidente ruso, Vladimir Putin, durante la inauguración del gasoducto 'Poder de Siberia 1' en 2019
El presidente ruso, Vladimir Putin, durante la inauguración del gasoducto 'Poder de Siberia 1' en 2019 | EP

De mantenerse así la situación, Putin se anotaría un importante gol a su favor. A su vez, se consolidaría un importante polo energético en Asia Central, al margen de los circuitos europeos y norteamericanos.

Sin embargo, la evolución de las relaciones internacionales podría dejar de remar a favor del presidente ruso. El reciente encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping parece haber descongelada las relaciones chino-estadounidenses. La visita del norteamericano a Pekín vino acompañada de promesas de detener la escalada arancelaria. De ser así, Xi podría volver a mirar con buenos ojos al gas licuado estadounidense, lo que podría volver a paralizar el proyecto del 'Poder de Siberia 2'. Un varapalo para la maltrecha economía soviética.

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