Comenzó siendo una guerra y amenaza con convertirse en un tira y afloja crónico. El alto el fuego entre Irán y Estados Unidos aguanta a duras penas, pero los mercados y las bolsas, al menos por ahora, parecen resistir sin elevar en exceso el impacto. El drama anunciado de la economía se contiene y las previsiones no han pasado a la categoría de tragedia. Los peores augurios sobre los precios del petróleo y el gas se frenan pese al estrangulamiento que acumula ya dos meses y medio de cierre en el Estrecho de Ormuz. ¿Por qué la cotización del petróleo y gas no se ha disparado como se temía?

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Los expertos aseguran que el tablero que ha dibujado la crisis de Irán ha hecho aflorar resortes o ‘amortiguadores’ que están permitiendo contener el impacto: incrementos de producción en otros mercados, recortes en los consumos y desbloqueo de reservas. Pero advierten, estos resortes no podrán aguantar mucho más, su caducidad cada vez está más cerca y el riesgo de que la situación pueda descontrolarse, también.

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Estos ‘amortiguadores’ han irrumpido en algunos casos en forma de mayor producción de países alejados del Golfo Pérsico y capaces de compensar su producción al menos parcialmente. Estados Unidos, Rusia, Brasil, Guyana o Australia son sólo algunos ejemplos de países que tiene ahora al límite su capacidad de producción. Junto a ellos, los paises del Golfo exprimen algunas de las rutas alternativas para sacar su producción y reservas, sorteando el estrecho de Ormuz. Oleoductos que apenas empleaban y que ahora paises como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Omán intentan ampliar o recuperar.

Antes de que el primer misil cayera sobre Irán el pasado 28 de febrero, por el Estrecho de Ormuz pasaba el 20% del petróleo y gas mundial. Hoy, en el mercado internacional de crudo cada día ‘faltan’ 14 millones de barriles que hasta ahora suministraban los países del Golfo, según estimaciones recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Los 1.500 buques petroleros fondeados en la zona siguen esperando una solución. También con el gas, el hundimiento es similar. Qatar, con sus infraestructuras dañadas, apenas ha podido suministrar lo que venía aportando al mercado.

Desbloqueo de reservas y bolsas en máximos

Sin embargo, en este contexto, los precios no se han disparado hasta los niveles más inquietantes. Pese a haberse elevado de modo importante, en el caso del gas están lejos del máximo que alcanzó poco después del inicio del conflicto. También el petróleo acumula semanas oscilando entre los 100 y los 110 dólares por barril.

Los resortes de amortiguación han funcionado por ahora. El incremento de producción de algunos países alejados de Ormuz y las medidas de desbloqueo de reservas estratégicas mundiales -426 millones de barriles- y de contención de gasto han hecho que el desabastecimiento no sea, por el momento, un problema. Ni en el gas ni en el crudo los mercados han detectado que faltara suministro.

Lo que sí han variado son las rutas para abatecer y con ello el encarecimiento de su suministro. La fluctuación del precio sí ha tenido un impacto evidente, pero por el momento, contenido. Tampoco las bolsas se han hundido. Indicadores como el Ibex 35 o el S&P 500 están en máximos, soportando sin grandes oscilaciones la crisis y con cada vez menor volatilidad a las manifestaciones de las partes. Y en las gasolineras, los precios de los surtidores incluso parecen haberse moderado levemente.

“¿Por qué el petróleo está a entre 100 y 110 dólares el barril pudiendo haber llegado a los 150 dólares? Pues porque alguien está cubriendo el hueco que deja la crisis de Ormuz”, asegura Antonio Aceituno, CEO de la asesoría energética Tempos Energía. Afirma que EEUU, al mismo tiempo que ha provocado la crisis con su ataque a Irán, se ha convertido en uno de esos ‘amortiguadores’ de los mercados. Aceituno apunta que sólo en los cuatro primeros meses del año ha exportado 32,15 millones de toneladas de gas, un 28% más que durante el mismo periodo de 2025. Una cantidad de GNL que prácticamente “cubre lo que aportaba un país como Qatar”.

EEUU y China 'amortiguan' el mercado

Al mismo tiempo, otro de los factores que ha permitido que el precio del gas no se dispare de modo extremo -actualmente está en torno a los 46 euros el MWh, lejos de los 61 euros que alcanzó al inicio de la guerra-, es China. El gigante asiático ha apostado por reducir la compra de GNL. Sólo en el mes de abril redujo las compras en 1,2 millones de toneladas: “Por tanto, si sumamos que China consume en niveles de mínimos en ocho años y EEUU exporta un 28% más de GNL, la situación del gas es similar”. Aceituno incluso añade que, si en un plazo breve se alcanza un acuerdo, el gas retornará a los niveles de precio anteriores al comienzo de la guerra, en torno a los 33 o 35 euros el MWh.

En el caso del petróleo, el precio del crudo se ha estabilizado en las últimas semanas en niveles alejados de los 120 dólares que llegó a alcanzar. Si bien sigue mucho más caro que antes del inicio de la guerra -un 50% más-, por el momento la horquilla de volatilidad parece haberse estabilizado. En este caso, China también ha actuado como una suerte de ‘contención’ en el mercado. El menor suministro procedente del Golfo se ha podido compensar parcialmente con la caída de compra de crudo por parte de China, que ha optado por tirar de sus reservas ingentes de crudo. Incluso ha revendido parte de esos 1.400 millones de barriles que conforman su reserva estratégica, la mayor del mundo, lo que le permitiría cubrir durante 90 días sus necesidades de crudo.

A ello se suma que los EEUU también han incrementado su producción de petróleo a razón de 6 millones de barriles al día. En mayo fue el mayor proveedor de crudo de Europa y Asia. Mientras la producción de países como Kuwait, Qatar, Arabia Saudí o Iraq está prácticamente bloqueada, Estados Unidos se encuentra en máximos históricos de exportación. Una producción que también ha crecido en mercados menores como el de Brasil o el de países tan pequeños como la Guayana, que produce ya 918.000 barriles diarios, más que países como Venezuela.

"Ormuz ya no será igual que antes"

Sin embargo, estos movimientos son una solución solo a corto plazo. ¿Cómo incidirá en el modelo energético a futuro la crisis de Irán? Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía del IESE Business School, considera que ya nada será igual, que el escenario ha cambiado para siempre: “Ya no se abrirá jamás igual que antes. Ahora sabemos que con una 'lanchita' Irán puede hundir un petrolero, un carguero. Para el resto de la historia, todo lo que pase por allí será más caro: más costes, más seguros, etc., y por eso todas las alternativas a Ormuz se han vuelto más interesantes”.

El profesor señala que a corto plazo se han abierto alternativas, como el gas de Rusia o la producción de petróleo de otros países: “Es normal, todo el que tenga un barril de petróleo está pensando cómo ponerlo en el mercado”. La ruta corta y más económica, la de Ormuz, “ahora cuesta más, infinito, porque no puede salir, y eso a corto plazo sí puede provocar cierta escasez de hidrocarburos y sus derivados”. Díaz-Giménez afirma que la situación en el Golfo tiene una solución compleja porque se trata de “dos agentes poco de fiar: los ayatolás y Donald Trump. Cada uno tiene la pistola puesta en la sien del otro y deben hallar el modo de bajar la pistola a la vez”.

"El mundo necesita a Ormuz"

Pone el foco sobre un problema que se está generando y que va más allá de la cotización del petróleo: el impacto que la guerra está teniendo en el suministro de fertilizantes en todo el mundo. “Eso es muy preocupante. Es inquietante imaginar cómo puede ser la cosecha de 2026 si no hay fertilizantes. Eso es el mayor problema para una gran parte del mundo, poder comer es otro problema de mucha mayor envergadura”.

Afirma que la crisis no supondrá el final del Golfo como suministrador de petróleo esencial en el mundo, pero sí alterará el modo en el que lo hará. Desde la AIE ya han alertado del impacto que en la reputación de Ormuz dejará esta guerra ante el temor de que pueda volverse a cerrar en el futuro: “Los países del Golfo tienen mucho dinero y encontrarán la manera de sacar su petróleo por otras vías, por oleoductos a prueba de posibles sabotajes. Quizá tarden una década o dos, pero encontrarán el modo”.

Rutas alternativas en el Golfo paras sortear Ormuz

Aceituno también cree que Ormuz volverá a ser un punto clave del mercado del petróleo: “El mundo necesita a Ormuz. Cuando el conflicto se resuelva, el estrecho tendrá unas garantías que antes no tenía; tendrán que resolver cómo se gestiona a partir de ahora. No podemos prescindir de un punto por el que transita el 20% del gas y petróleo del planeta; no ahora, quizá en 2050 eso cambie”.

Por el momento, los países del Golfo han comenzado a actualizar, ampliar y explotar con mayor intensidad las rutas alternativas que existen para sortear el estrecho de Ormiuz. Uno de los más imponentes es el operado por Saudi Aramco, el oleoducto conocido como ‘Petroline’, que conecta los campos petrolíferos de Abqaiq en el Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. El segundo de los oleoductos de crudo es de Abu Dabi (ADCOP) y conecta el campo de Habshan, en Abu Dabi, con el puerto de Fujairah, en el Golfo de Omán. Se trata de una infraestructura que recorre 399 kilómetros, entre ellos varias zonas desérticas.

El tercero de los grandes oleoductos es el que comunica Irak con Turquía. Parte desde el norte de Irak, en Kirkuk, y recorre 970 kilómetros hasta el puerto de Ceyhan, en Turquía. Por último, la de Omán es la cuarta ruta que estos días ha ganado protagonismo y valor. Parte de los campos petrolíferos del centro del país y desemboca en el puerto y refinería de Duqm, en el mar Arábigo. Completa un recorrido de casi 500 kilómetros a través de mesetas desérticas y pedregosas.