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Ya he visto en Netflix los 8 capítulos de 'Berlín y la dama del armiño', la precuela de 'La casa de papel' que pone fin al personaje

Ya he visto en Netflix los 8 capítulos de 'Berlín y la dama del armiño', la precuela de 'La casa de papel' que pone fin al personaje
BLUE MONKEYS II Pedro Alonso as Berlín in episode 01 of BLUE MONKEYS II. Cr. Felipe Hernández/Netflix © 2025

Han pasado nueve años desde el estreno de La casa de papel en Antena 3, cuatro años y medio desde el final de La casa de papel en Netflix, y dos años y medio desde el estreno, también en Netflix, de Berlín y las joyas de París, precuela de La casa de papel. Hoy llega Berlín y la dama del armiño. Mismo perro con distinto collar. Si han llegado hasta aquí es porque saben qué es –qué fueLa casa de papel y quién es –quién fue– Berlín, personaje al que interpretó Pedro Alonso durante 41 capítulos de La casa de papel y 16 de Berlín.

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Porque Pedro Alonso anunció –vía El País, por supuesto– a la periodista Natalia Marcos que cuelga los hábitos. Berlín ha muerto (¡viva Berlín!), y esto no es un destripe de la trama. Porque el generalísimo de la banda de atracadores original muere al final de la primera –y en principio– única temporada de La casa de papel. Cadena (Antena 3) y productora (Vancouver Media) siempre promocionaron La casa de papel –secuela espiritual de Vis a vis– como serie 'limitada'. Aquella primera y única temporada iba a tener 18 capítulos; fueron 15, al final.

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De La casa de papel a Berlín

El resto es Historia. La casa de papel se hizo grande –muy grande– en Netflix. Y sus creadores Álex Pina (Los Serrano, El barco) y Esther Martínez Lobato (Los hombres de Paco, El barco) planificaron otro atraco, esta vez al Banco de España, de 26 capítulos. El relato se resintió. Se estiró. Los guionistas desafinaron. Más no siempre es mejor, pero Netflix obró como Hollywood ante un taquillazo. Y una de las decisiones más controvertidas de la continuación de La casa de papel en Netflix fue mantener con vida a Berlín... en el pasado. O sea, a través de flashbacks que rehacían el relato original.

¿Qué unía a Berlín con los nuevos atracadores, especialmente Palermo (Rodrigo Serna)? ¿Cómo era la relación entre Berlín y su hermano biológico, El Profesor (Álvaro Morte)? Esto no era necesariamente negativo. Toda ficción que se perpetúa en el tiempo por un motivo económico está sujeta a una reinterpretación por parte de sus creadores. Véanse las series diarias. Así que llegamos en 2021 a una quinta y última parte de La casa de papel –tercera temporada– con Berlín haciendo de las suyas: amar y robar, todo es empezar.

Berlín, de villano secundario a antihéroe protagonista

Curiosamente, lo que había sido un lastre anteriormente fue un balón de oxígeno entre tanta muerte y destrucción. Así y todo, ¿qué más se podía contar sobre Berlín? Al final de los 15 capítulos originales de La casa de papel, el personaje estaba en un callejón sin salida. Así lo habían decidido sus guionistas. Él era el malo de la película. Él era quien expulsó a Tokio (Úrsula Corberó) de la Real Casa de la Moneda; aquel sigue siendo el mejor momento de la saga. Y, sin embargo, su desenlace –se sacrificó por el bien de la banda, aunque tenía una enfermedad terminal– parecía borrar su pasado más reciente. Berlín violó a una rehén, Ariadna (Clara Alvarado), con quien creía tener una especie de relación sentimental. Berlín era un tirano. Y un romántico empedernido. Esa escala de grises catapultó al personaje. Pero también lo sepultó.

Así que el Berlín de Berlín y las joyas de París y el Berlín de Berlín y la dama del armiño roba a los ricos y ama a las mujeres. En esta secuela de la precuela, a Pedro Alonso le emparejan con Inma Cuesta como Candela, una ladrona que le roba la cartera y el corazón al titular. Digamos, sin espóileres, que el protagonista encuentra la horma de su zapato. Y él, como todos y cada uno de los integrantes de la banda hace cualquier cosa por amor. Hasta poner en jaque la misión. En esta ocasión, Berlín y compañía –un divorciado, dos parejas– se trasladan a Sevilla para dar un golpe. La conjunción copulativa aclara el qué (una obra de arte; La dama del armiño, de Leonardo da Vinci), pero no a quién.

Pedro Alonso es Berlín en el capítulo 8 de 'Berlín y la dama de armiño' | Créditos: Felipe Hernández/Netflix

Netflix cataloga Berlín y la dama de armiño como miniserie

Y aquí está el enredo de Berlín y la dama del armiño, cuyos 8 capítulos aparecerán este viernes 15 de mayo, a las 09.00 horas, como miniserie. ¿Berlín y las joyas de París? La ventanilla de al lado, por favor. Chascarrillos aparte, la catalogación tiene su por qué. La más importante, como servicio público al lector-espectador, es que no hace falta haber visto los 41 capítulos de La casa de papel ni los 8 de Berlín y las joyas de París para disfrutar de los 8 de Berlín y la dama del armiño. Sus creadores, Álex Pina (58) y Esther Martínez Lobato (50), firman su última obra –la penúltima fue El refugio atómico, también en Netflix– junto a David Barrocal, Lorena G. Maldonado, Itziar Sanjuán, Humberto Ortega y Luis Garrido Julve. Hay dos periodistas en esta lista.

Pina y Martínez Lobato, cuyo mejor trabajo después de La casa de papel en Antena 3 fue El embarcadero en Movistar Plus+, son conscientes de que han pasado 868 días entre la primera y la segunda temporada de Berlín. Eso no hay cuerpo –cabeza– que lo aguante, así que Berlín y la dama del armiño, en su arranque, hace un trabajo limpio y rápido: quién es quién; quién está con quién. Hay cosas que no han cambiado, como las tensiones entre hombres y mujeres. Si Pedro Alonso tiene a Inma Cuesta como partenaire... in crime; Tristán Ulloa, Damián en la ficción, comparte algo más que plano con Marta Nieto, casada aquí con José Luis García-Pérez. Michelle Jenner (Keila), Begoña Vargas (Cameron), Julio Peña (Roi) y Joel Sánchez (Bruce) completan el reparto.

Un atraco dentro de otro atraco

Casi todos ellos aprueban con nota como estos personajes que no paran de hablar. Nadie en su sano juicio pediría a La casa de papel o Berlín un mínimo de realismo; son fantasía, ciencia ficción. Sin embargo, 9 años y 57 capítulos después, hay situaciones aparentemente costumbristas –una cena entre amigos– que piden al público suspender en exceso su incredulidad. En fin, Berlín y las joyas de París es Berlín y la dama del armiño. Ni más ni menos. Ni mejor ni peor. Aquí, la máxima 'Muestra, no cuentes' (Show, don't tell) está bajo mínimos, porque muestran y cuentan.

Al prolongar durante 8 capítulos y 8 horas un único robo, de menor envergadura que el de la Real Casa de la Moneda y el Banco de España, los guionistas rizan el rizo, con obstáculos en forma de situaciones y personajes (he ahí Luis Callejo, el terror; o Jason Fernández, el terror... de las nenas). Hay un momento dado, por ejemplo, en que hay hasta tres atracos en el aire. El bueno, el feo y el malo. No se alarmen: Berlín y la dama del armiño no es matemática cuántica.

Señoras y señores

Tampoco les interesa explorar este juego de identidades y alianzas. Berlín (Pedro Alonso) y Damián (Tristán Ulloa en modo sex symbol) serán amigos hasta la muerte, por mucho que la tentación –sexo, amor– se interponga entre ellos. Si estos dos señores fueran algo más que amigos, Berlín no sería una serie mejor, pero sí una más entretenida. Pero en esta ficción, la homosexualidad se reduce a giro de guion, a deus ex machina.

Sí hay un tira y afloja entre Keila y Bruce, y Cameron y Roi, cuyos emparejamientos pueden recordar a los de La casa de papel. En esta ocasión y ecuación entra el poliamor como un alienígena del que reírse. Algún guionista debe de ser muy fan de La vida moderna, himno de Veintiuno con Love of Lesbian. O sea, señores señoreando. Escama, de todos modos, que una de las protagonistas no interactúe con el resto del elenco durante mitad de la temporada. Escama también, y he aquí un destripe monumental del final de Berlín y la dama del armiño, que casi siempre sean ellas quienes mueren violentamente. Hay muchos peces en el mar...

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