A Arantxa Echevarría Carcedo (Bilbao, 1958) le gusta hablar de sus películas. Con la primera, el drama lésbico-gitano Carmen y Lola (2018); ganó, a sus cincuenta años, el Goya a mejor dirección novel. Desde entonces, ha dirigido otros cinco largometrajes: La familia perfecta, Chinas, Políticamente incorrectos, La infiltrada (Goya a mejor película en 2025 junto a El 47) y Cada día nace un listo. Este último título, con guion de Arantxa Echevarría y Patricia Campo a partir de otro de Enrique Urbizu y Michel Gaztambide, se estrena este viernes 5 de junio en salas de cine.
Su titular es un trasunto de concursante de Operación Triunfo venido a menos, al que interpreta Hugo Silva (49). Completan el reparto de Cada día nace un listo Susi Sánchez, Dafne Fernández, Jaime Olías, Ginés García Millán, Diego Anido, Markos Marín, Marina Ostolaza, Sofía Otero, Javier Tolosa, Belén Rueda, Pedro Casablanc y Gonzalo de Castro. El Independiente habla con Arantxa Echevarría.
P.- Cada día nace un listo. En los créditos le agradeces esa frase a alguien. Explícamelo.
R.- (Arantxa Echevarría) [Se ríe] Es la frase que he dicho 300.000 veces, por ejemplo, en la cola del súper, que se te cuela la vieja; y lo sueltas en alto como si no te oyera: hay que ver, ¡cada día nace un listo!. En vez de decir a la señora: perdone, se está colando. Somos así los españoles… Me llama mucho la atención la picaresca española; que yo creo que no es española, que la tienen en todo el mundo.
Hace poco estaba de viaje y se me colaron 40 guiris; tienen el mismo morro. El español lo identifica y lo dice. Y luego le dices a alguien: ¿sabes que hoy me he colado en la compra? Estamos medio orgullosos de ello. La picaresca es algo humano y un poco universal. Cada día nace un listo podría llamarse El que no corre vuela. Es algo que debería estar en los titulares del país cuando abres el periódico; es lo que pasa en la política, en los negocios. Todos los días pasa algo. Cada día nace un listo.
P.- Un listo o un listillo.
R.- (Arantxa Echevarría) Quizás deberíamos haber puesto listillo. Tengo que cambiar el título [se ríe].
P.- "No es inteligente; es listo".
R.- (Arantxa Echevarría) Es este rollo. 'Listo' tiene una doblez de cabrón.
P.- Ahí de tapadillo está la corrupción.
R.- (Arantxa Echevarría) Está claramente. La idea era hacer una radiografía dentro de la chanza y la comedia; lo que nos pasa hoy en día. La gente de a pie, la gente que no tenemos ningún business [negocio], vemos como los de arriba se lo llevan crudo. Y se lo llevan crudo. De repente, sale en televisión: ha robado mil millones de euros. Suele ser de las arcas públicas. Y es un CEO de una sociedad nueva en Arabia Saudí. ¿Pero este tío no tendría que estar en la cárcel? Es una cosa muy extraña. En cambio, a ti te pillan en la declaración de Hacienda que has metido dos gasolinas de más, cuando eres autónomo, que no debes; y pagas mil euros de multa.
Esto no es Estados Unidos, donde pulsas un botón y eres, de repente, el jefe de la empresa. Estamos en España. Es una sociedad más normal, donde tienes que currar como un cabrón, estudiar, hacer tus oposiciones, hacer tus másteres para ganar mil y pico euros. No estamos hablando de locuras. No sé… Hay algo que no está funcionando en esta sociedad en la que vivimos; nos rodean todos estos 'listos'. Y parece que a nuestros hijos les estamos enseñando eso.
P.- ¿Cuán difícil es, o no, reírnos de algo que está pasando, de algo que nos puede afectar? La comedia no es fácil.
R.- (Arantxa Echevarría) La comedia es dificilísima. Déjame que te haga llorar y llorarás. ¿Hacerte reír? ¡Madre mía! Tú tienes un sentido del humor; yo tengo otro; el de al lado tiene otro. Cada uno tiene un sentido del humor como culos; cada uno tiene el propio. No es fácil hacer reír a la gente. Es muy, muy difícil. Y yo lo intento mucho. Yo soy una persona que se ríe mucho. Reconozco que, siempre que intento hacer reír, también intento contarle algo. Aquí hay un poco de crítica social; a la burbuja del arte, a Instagram, al famoso de diez minutos… No le descubro el mundo a nadie, pero si reflexionas un poco, fantástico; si no, te has reído. Fenomenal.
P.- ¿Y este Hugo Silva con quien, al final de la película, te irías hasta el fin del mundo?
R.- (Arantxa Echevarría) ¿Tú sabes lo difícil que es eso? Es un desgraciado, un cortoplacista, un machista, un descerebrado; y, en cambio, le coges cariño. Quieres que todo le salga bien. Hugo [Silva] ha hecho esta composición de personaje nada fácil; no me imagino a otro actor haciéndolo porque es muy, muy difícil. Me encantaría tener de colega a este cocainómano descerebrado. Si lo sacas de contexto, no querrías ni saludarle por la calle. Hugo ha hecho un personajazo, y me da mucha rabia porque como es comedia…¿Sabes? Si es un papel dramático, se echa a llorar y se tira al suelo… Pero esto es mucho más difícil: conseguir que te encariñes con este personaje y querer ser del club de fans de Toni Lomas.


P.- ¿Habías hecho algo anteriormente con Hugo [Silva]?
R. (Arantxa Echevarría) Era mi primera vez. Este guion es idea de Enrique Urbizu y Michel Gaztambide. Lo cambié mucho; era una historia muy antigua. Era una comedia de 2014, perdida en el cajón; Urbizu ya no quería hacerla, y me pasaron la historia. Patricia Campos y yo la retomamos, y la cambiamos porque algunas cosas se habían quedado muy antiguas; otras estaban estupendas.
P.- ¿Aquello que habían hecho Urbizu y compañía era, a lo mejor, muy testosterónico?
R.- (Arantxa Echevarría) Mari [Susi Sánchez] no existía; era un hombre. En la peli [Cada día nace un listo], al final, ganan las chicas. Hemos dado un girillo de guion, pero la base es de Urbizu y Michel, que es todo el robo del cuadro y el personaje de Tony Lomas, que es fantástico.
P.- No me imagino a Urbizu haciendo una comedia negra. O sí.
R.- (Arantxa Echevarría) La peli original era maravillosa, pero era en Marbella y tenía otro espíritu. Y aquí nos vamos a Donosti porque, al fin y al cabo, es una ciudad de provincias, pequeñita, donde, a partir de las 4 de la mañana, sólo está abierto el Bataplán. Ahí van los de Herrera [barrio] o los más pijos de Miraconcha. Ahí se puede juntar lo peor y lo más grande de la sociedad; incluso enamorarse. Esto en Madrid sería imposible. Los del barrio Salamanca no se mezclan con los de Vallecas o Carabanchel. Pero en ciudades de provincia sí funciona. Además, Donosti tiene algo muy peculiar: dinero muy viejo; hay abolengo, muchísimo dinero. Creo que las casas más caras de Europa están en Miraconcha. Nosotros rodamos en una casa cuyo metro cuadrado es el más caro en Europa.
P.- Todo director deja su impronta, su sello, pero también sus raíces. ¿Cuán vasca puedes decir que es esta película? Quizás en cómo hablan los personajes, que es lo más visible, u otros detalles [que pasan desapercibidos].
R.- (Arantxa Echevarría) Mari [Susi Sánchez] es una mujer vasca de pura cepa porque es la típica matriarca; sabes que en el País Vasco somos un matriarcado –muchísimo–, y es la matriarca que manda a todos. También tiene ese punto de chorra vasco; la peli [Cada día nace un listo] es como un Guy Ritchie con txapela. Intenta ser un thriller noir con el ritmo de Guy Ritchie –ojalá llegar a los [hermanos] Coen– pero con el punto vasco de 'veo una piedra y la levanto'. Cortamos el espacio aéreo de Donosti, metimos un helicóptero en el estadio de Anoeta, y todo el mundo tan pichi a media tarde.
P.- Susi [Sánchez] hace de vasca sin ser ella vasca.
R.- (Arantxa Echevarría) Ella es valenciana-murciana, pero tiene aspecto de vasca; tiene este carácter.
P.- ¿Fue tu primera vez con ella?
R.-(Arantxa Echevarría) Sí. Lo intenté en Chinas; había un personaje para ella. No pudimos coincidir por cuestión de agenda, y quité directamente el personaje. Yo me moría por trabajar con Susi, y este personaje [Mari] lo escribí pensando en ella. Cuando se lo mandé, ella me dijo: perdona, creo que te has equivocado. Yo sé que es la dama del cine español, la mujer más elegante, una Marisa Paredes; pero me apetecía 'destrozarla', descomponerla y hacer esta chanza. Susi estaba insegura al principio, y cada día estaba más contenta; hacía lo que le salía de las narices, y le dio toda la libertad.

Cuando tienes actores tan buenos como los que he tenido en la peli [Cada día nace un listo] hay que dejarles que brillen y que bailen. Susi decía que había roto su propio estereotipo; a su edad ya hace lo que quiere. Yo creo que es una de las primeras comedias que hace. Cuando estábamos rodando, yo me caía al suelo de la risa y le decía: Susi, te van a fundir el Hoya por mi culpa. Ella proponía más gamberradas de las que hay en la peli.
P.- También está por ahí el actor Diego Anido, que era el terror de La infiltrada.
R.- (Arantxa Echevarría) Él interpreta en La infiltrada a Sergio Polo, uno de los mayores…. Un personaje complicadísimo; muy, muy oscuro. Pero en las pausas de rodaje de La infiltrada nos reíamos muchísimo. Él tiene una vis cómica, y ha hecho mucho teatro de comedia y del absurdo. Así que escribí su personaje de Cada día nace un listo pensando en él. El humor es una cosa muy complicada porque no tienes que hacer gracia; como actor tienes que recibir todo lo que te pasa con mucha seriedad. Y Diego [Anido] lo jugó con Susi [Sánchez].
P.- Ahora que estamos hablando de actores…. Algún actor ha dicho: 'He trabajado con directores a los que no les gusta trabajar con actores'.
R.- (Arantxa Echevarría) [Se ríe] Que se dedican a otra cosa. Para mí, una peli es el actor. Un mal guion te lo puede salvar un buen actor. Eso te lo digo yo.
P.- Hay gente que ha ganado Oscars con películas no muy buenas.
R.- El actor es el barro. A mí se me ocurre una idea, y el actor llega y la hace. Mi idea puede ser una estupidez; si el actor la hace bien, esa idea cobra vida y cobra belleza. Para mí, el actor es lo que más respeto; le respeto más que a la técnica, a la puesta en escena… Y escucho mucho al actor. Cuando es bueno y está dentro del papel, genera más cosas que mi propia cabeza. Yo sólo tengo una cabeza, pero dos o tres personas pensando y creando a la vez es una gozada.
P.- Si en Cada día nace un listo trabajas con veteranos de la profesión; en Chinas [2023] trabajaste con gente que no había hecho nada.
R.- Gente de la calle. Es difícil, pero cuando sale es precioso. Hay que dejar hueco a la gente. Mis hijos y todo el elenco de Chinas nos hemos ido al parque de atracciones trescientas veces. Mi hijo está medio enamorado de Daniela [Shiman Yang], la protagonista de Chinas. Hay que crear un vínculo donde los niños no sepan que están trabajando; que estaban jugando a ser mayores. Fue igual con todos los actores no profesionales de Carmen y Lola; yo necesitaba gente gitana para hacer los papeles. Es lo mismo: dejarles su sitio, trabajar mucho en ensayos, trabajar mucho el personaje y dejarles hablar.
Son métodos muy diferentes trabajar con un actor profesional y trabajar con un actor amateur. Al primero le pides por la mañana que se ría, y por la tarde que se rompa a llorar. A un amateur tienes que darle su tiempo, explicarle, contarle, poner la situación; rodar, rodar y rodar hasta que salga. A uno profesional le dices: 'aquí estás hecho polvo'. Y está hecho polvo. Trabajar con actores profesionales es maravilloso, muy cómodo; una gozada. Pero lo que te da el actor natural –así le llamamos– es una verdad muy bonita.
P.- Carmen y Lola, La familia perfecta, Chinas, Políticamente incorrectos, La infiltrada, Cada día nace un listo…
R.- (Arantxa Echevarría) Es un error pensar que un director sólo puede hacer un tipo de cine. Es un estereotipo. Yo siempre pienso en las novelas. O sea, tú puedes escribir una novela que sea un thriller, una novela que sea más retrato social, una comedia… De los novelistas no esperas que sólo hagan un tipo de novela. Como hice Carmen y Lola, yo ya iba a hacer sólo cine social. Y no. Porque hago un poco lo que me apetece en el momento y cómo me siento yo emocionalmente. La infiltrada fue un viaje muy duro hacia mi pasado, hacia mi casa, con muchas víctimas; fue un rodaje complicado. Carolina [Yuste] y yo lo pasamos mal. Yo no quería volver a meterme en un drama. Necesitaba algo para desengrasar y darme una ducha de felicidad, 'limpiarme'.
Lo siguiente que voy a hacer es una peli sobre los testigos de Jehová. Me meto otra vez en el fango. Ya estoy metida porque empiezo a rodar en octubre y, joder, emocionalmente te requiere mucho. Cada vez que hago un casting o un ensayo, y explico todo el proceso, lo vivo con ellos; sientes muchísimo dolor. Ya estoy pensando que la siguiente película que haga será algo para llegar a casa feliz de la vida y echarme unas risas. Es sano poder tocar muchas teclas.
También hay una cosa de salud mental: no quiero sufrir haciendo cine. Quiero disfrutar haciendo cine. Y el público necesita reírse; necesita una comedia; necesita que nos riamos de estos políticos y de estos mangantes que tenemos alrededor. Necesitamos reírnos un poco de nuestra propia situación, mirarnos al espejo y echarnos unas risas. Y la próxima [película] te hago pensar un poco más. Es una cuestión de salud moral… y física.
P.- Hay cineastas que arrancan [su carrera] hablando de su infancia, de su 'yo'. Uno, de lo que más sabe, es de uno mismo, de lo que ha vivido, ¿no? Me da la sensación de que no ha sido tu caso.
R.- (Arantxa Echevarría) En el fondo es así, pero lo enmascaro. Carmen y Lola habla de la primera historia de amor que yo tuve. En Chinas, yo soy el personaje de Carolina [Yuste]. Conocí a Lucía; a su madre, que me pidió que le leyera una carta de los Reyes Magos. La infiltrada es mi pasado. O sea, en el fondo sí que está; lo que pasa es que no me miro tanto el ombligo porque me parece aburrido.
Sí tengo que poner algo de mí en cada película que haga porque, si no, se te ve el cartón. Si yo no me emociono o no me río, ¿cómo hago reír o emocionarse a alguien? En La familia perfecta [2021], una comedia con Jose Coronado y Belén Rueda, hablo de lo que le pasa a una señora de 50 años que dice 'hasta aquí', que está hasta las narices de que esperen de ella lo correcto. Y la hice con 50 años. En el fondo no puedo evitarlo; nos pasa a todos. Hablamos un poco de lo que nos emociona y lo que nos toca. Yo lo enmascaré porque mi vida es muy aburrida.

Arantxa Echevarría, una cuestión de pelotas
En 2010, Arantxa Echevarría dirigió el documental Cuestión de pelotas, sobre la situación de las mujeres futbolistas españolas. Se emitió en TVE, como título del contenedor Documentos TV. "Les daban de alta como masajistas, como limpiadoras... Fue la leche. Hubo mucho revuelo. No vivían del fútbol. Y conseguimos que les diesen la ficha a las chicas después del documental", recuerda en conversación con El Independiente. Arantxa Echevarría había sido técnico desde los 18 años. Trabajó como auxiliar de dirección, directora de producción, script [guionista de continuidad], directora de fotografía, operadora de cámara, maquilladora...
"Lo hice todo. No tenía forma de llegar a dirigir, y amaba el cine, así que me metía en cualquier cosa que me llamaban. Hacía pelis para otros. Trabajé para Gabriel Velázquez, uno de los mejores directores que hay en España; hice Amateurs [2008]. En 2010 empecé a hacer cortometrajes, documentales... Lo que pasa es que mi primera película la hice... a los 50. Mientras, hice 12 cortos; documentales... Lo típico que haces porque nadie te da la oportunidad. Hice Carmen y Lola porque me la produje yo, junto a Pilar Sánchez Díaz", rememora Arantxa Echevarría.
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