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Conferencias, cenas privadas y saraos: el filón infinito de 'La casa de papel' en el mundo árabe

Itziar Ituño, actriz de 'La casa de papel', en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf. Gonzalo Cases/ FiSahara

De los campamentos de refugiados saharauis en Argelia a la cena privada en casa de un jeque de Kuwait. El mundo árabe por montera. La casa de papel, la más internacional de las series españolas, cosecha un éxito infinito entre los árabes, sin parangón con otras zonas del mundo. Sus actores y guionistas son invitados sin tregua, convertidos en el reclamo más cotizado de saraos y conferencias en Egipto, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos.

Tres temporadas -distribuidas en cinco partes-, 41 episodios y seis años después, la serie de Netflix sigue despertando furor en las calles árabes, con una población cuya media de edad no supera los veintitantos. “No sé cuáles son exactamente las razones pero es auténtico furor”, reconoce en conversación con El Independiente Itziar Ituño, la actriz vasca que encarna a Lisboa en la serie. Itziar es uno de los rostros más viajeros del elenco: ha impartido una conferencia en un foro estatal en Egipto; protagonizado la portada de Vogue Arabia con el skyline de Dubái; y regresó recientemente de un bolo por Arabia Saudí.  

“Me he dado cuenta de que incluso a día de hoy, cuando el fenómeno debería estar más superado, siguen siendo súper fans de la serie”, agrega Ituño, quien el pasado octubre fue una de las estrellas del festival de cine FiSahara, que se celebra sobre las dunas de los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia). E incluso allí los flashes y los selfies con ella concitaron multitudes. Hasta la tripulación de la aerolínea estatal Air Algérie desfiló sin excepción para inmortalizar su encuentro. “Los jóvenes saharauis también ven La casa de Papel. No me creía que me fuera a conocer tanta gente. Me pidieron un montón de fotos. Resultó curioso saber que en mitad de la hamada argelina estos chicos y chicas se habían visto la serie”, reconoce.

El tirón entre los jóvenes árabes se debe a que la serie tiene mucho ritmo y rocanrol y es un poco irreverente hacia el orden establecido

ITZIAR ITUÑO, ACTRIZ DE LA CASA DE PAPEL

Más allá de las pantallas

El fenómeno, que ha proporcionado una fuente adicional de ingresos para los protagonistas de la serie, ha alcanzado incluso a los guionistas. “Continúa habiendo mucho interés en la serie entre los árabes, pero también mucho interés en contar historias”, señala en declaraciones a este diario Javier Gómez Santander, jefe de guionistas y coproductor ejecutivo de La casa de papel. Gómez Santander participó hace un año en una conferencia sobre la serie en la feria internacional del libro de Sharjah, todo un acontecimiento del emirato cultural de Emiratos Árabes Unidos que reúne a cientos de miles de participantes y concentra el mayor mercado de derechos de autor del planeta.

Esa pasión desbocada ha superado la pantalla y se ha diseminado por la realidad de las sociedades árabes. En Dahab, una ciudad costera egipcia célebre por ser el rincón más hippie del país, un grupo de amigos estableció hace unos años un café inspirado en la estética de la serie. Un club de fútbol saudí llegó a emplear la imagen grupal de la banda para presentar a sus jugadores y entrenador, un chileno con cierto parecido físico con el Profesor.

En Irak, una versión del Bella Ciao -la canción antifascista italiana transfigurada en himno de la serie- fue coreado en las multitudinarias manifestaciones que en 2019 denunciaron la corrupción y los privilegios de la élite que sucedió a Sadam Husein. El bautizado como “Bella ciao al modo iraquí” carga en dialecto local contra la falta de libertades y esperanzas. En el videoclip, aparecen varios individuos enfundados en monos color rojo y unas rudimentarias máscaras de Salvador Dalí.

Fotograma del himno de las protestas en Irak basado en La casa de papel.

La máscara del pintor de Cadaqués que emplean los miembros de la banda también ha asomado en las protestas del Líbano, un país al borde del Estado fallido. Y tanto las imágenes de la serie como su propio nombre cuelgan por los rótulos y los luminosos de los establecimientos de las ciudades árabes.

Su popularidad contrasta con la sombría realidad que viven sus espectadores árabes, sometidos en la mayoría de los casos a brutales regímenes autoritarios que persiguen la más leve disidencia y controlan con fruición las redes sociales, vetando el acceso a las páginas web que consideran amenazas para el statu quo. En La casa de papel, el jaque al poder es una de las coordenadas, primero en el atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y después al Banco de España.

Cuando veo que en las protestas en Líbano, por ejemplo, la gente utiliza nuestra máscara para denunciar la crisis económica que vive el país y la parálisis política, siento orgullo

Javier GÓMEZ SANTANDER, JEFE DE GUIONISTAS DE LA SERIE

Jaque al poder

¿Subversión televisiva aceptada por jeques y caudillos militares? “Creo que la serie entronca con ese sentimiento de rebeldía. Eso sucede en todos los lugares en alguna medida. Hay una visión política en la serie que tiene que ver con los oprimidos, con los desfavorecidos y con los parias del sistema. En el fondo, la serie viene a mostrar que vivimos en un sistema económico que encierra uno político y no al revés”, replica Gómez Santander, quien no oculta que la identificación con esos valores ha sido más aguda en el mundo árabe. “Cuando veo que en las protestas en Líbano, por ejemplo, la gente utiliza nuestra máscara para denunciar la crisis económica que vive el país y la parálisis política, siento orgullo”, indica el guionista.

El 60 por ciento de la población árabe se halla por debajo de los 25 años

Ese triunfo sin medias tintas ha convertido a la serie en una herramienta para el aprendizaje del español en una región del mundo con 444 millones de habitantes, insultantemente jóvenes. El 60 por ciento se halla por debajo de los 25 años. “Ésa es otra de las grandes noticias de la serie, que parece estar empujando al idioma y animando a mucha gente a estudiarlo”, asevera Gómez Santander.

El Bella Ciao iraquí

El “Bella ciao” (Adiós, bella, en español) que inspira ahora a los manifestantes iraquíes fue, primero, una canción popular italiana. Adoptada más tarde por la resistencia antifascista italiana entre 1943 y 1945 contra Benito Mussolini y las tropas nazis, la ficción española -seguida con devoción en el mundo árabe- renovó su popularidad con el trasfondo del multimillonario asalto a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, la trama de su primera temporada.

En su deambular por tierras árabes, Ituño ha acumulado una larga retahíla de historias, que se van nutriendo de sus nuevos viajes, el último a Arabia Saudí. Algunas disparadas; siempre fascinantes. Le ha hablado a la vieja guardia del régimen egipcio en un foro de la juventud; ha sido invitada de honor en un palacete de un jeque en Kuwait; o se ha fotografiado con traje de gala para Vogue en lo rascacielos de Dubái, la capital del ocio de Emiratos Árabes Unidos.

Nuestra máscara es un extraño objeto que igual sirve para el carnaval que para la protesta social

“Creo que el tirón entre los jóvenes árabes se debe a que la serie tiene mucho ritmo y rocanrol y es un poco irreverente hacia el orden establecido”, desliza la actriz. “Ese conjunto de cosas, sumándole esa parte casi cómica que tiene con muchos símbolos muy visibles, como un mono rojo, una careta de Dalí, esa manera de narrarlo todo, todo ese compendio de cosas, creo que es lo que ha impactado”.

A juicio del jefe de guionistas, La casa de papel también ha creado escuela entre las nuevas generaciones árabes que tratan de abrirse paso en el mercado audiovisual local, a partir de unos códigos culturales hasta ahora inexistentes en las monarquías y las repúblicas militares que dominan el norte de África y Oriente Próximo. “En la conferencia que impartimos hubo muchos chavales de la universidad y estudiantes de audiovisual. Eso es lo que ha cambiado con las plataformas y la gran noticia que lleva La casa de papel, que ahora tenemos un altavoz mundial”, detalla.

Precisamente la consigna hacia los nuevos creadores emiratíes fue que buscaran historias locales con valores universales. Uno de los principales ingredientes de un filón que no cesa y que ignora los límites. “Nuestra máscara es un extraño objeto que sirve para el carnaval y para la protesta social. Pero hay algo que me gusta mucho: nunca la he visto en manifestaciones de extrema derecha o en las de antivacunas; algo habremos hecho bien”.

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