La frustración se ha instalado en los mercados. En apenas siete días se ha pasado de la esperanza de un final próximo a la decepción más absoluta ante el bloqueo de la situación. La crisis bélica en Irán amenaza con prolongarse. La que hoy se cumple ha sido la semana de la ‘falsa apertura’ del estrecho de Ormuz, en la que se comenzó con la bajada de precios más abultada desde el inicio de la guerra y termina con el repunte más acentuado.
El pasado 17 de abril el anuncio de las autoridades iraníes de que este punto estratégico para la economía mundial abría el paso sin restricciones hizo que se desplomara la cotización del petróleo y el gas. Hoy, la falta de avances en las negociaciones ha vuelto a situar sus indicadores en niveles críticos. Ayer el barril Brent llegó a cotizar en más de 106 dólares, un 21% más que hace sólo siete días. En el caso del gas, el índice TTF de referencia en Europa, alcanzó los 44,5 euros el MWh, un 17% más que el pasado viernes.
El hastío de los mercados
La volatilidad ante cada anuncio o mensaje de alguna de las partes enfrentadas que caracterizó el comportamiento de los mercados durante las primeras semanas de guerra, parece haberse transformado ahora en hastío y cansancio. Los mensajes de los últimos días, en un tira y afloja entre EEUU e Irán, apenas han provocado oscilaciones en el alza continuada de precios del gas y el petróleo. Ni siquiera el anuncio de que el alto el fuego se extendía sin fecha hasta el cierre de un acuerdo ha logrado trasladar confianza.
Han pasado casi dos meses desde que el 28 de febrero se iniciara la guerra de EEUU e Israel contra Irán. Un periodo mucho más amplio del inicialmente anunciado por Trump para poner fin al conflicto. La ausencia de avances significativos no ha contribuido a insuflar esperanza de una pronta resolución. Ambas potencias debían haber retomado las negociaciones esta semana y, por el momento, siguen en suspenso y sin visos de que puedan retomarse a corto plazo en Islamabad (Pakistán).
Blindaje ante el desabastecimiento
La inquietud empieza a extenderse ante posibles problemas de suministro. El caso del queroseno es el que más preocupa en Europa. La posible falta de combustible para la aviación ha llevado a las autoridades comunitarias a plantear políticas para compartir reservas entre los países miembros. Se ha aprobado el plan de blindaje energético ‘AccelerateEU’ y desde el miércoles los jefes de Estado y de Gobierno debaten en Chipre cómo afrontar un escenario que marcará la economía europea los próximos meses.
Compañías como KLM o Lufthansa ya han anunciado suspensiones de vuelos. El operador alemán cancelará 20.000 trayectos para ahorrar combustible y evitar rutas no rentables. Este combustible de aviación ha duplicado su precio. En España, aunque no existe temor a un corte de suministro inmediato, aerolíneas como Volotea ya aplican suplementos de hasta 14 euros en billetes adquiridos después del 16 de marzo para compensar los costes operativos.
Reservas al límite en Europa
En el caso del petróleo la situación vuelve a complicarse. Al inicio del conflicto el barril Brent se pagaba a 73 dólares, llegando a rozar los 120 dólares en marzo. El pasado 17 de abril la cotización cayó hasta los 87 dólares, pero aquel desplome no ha durado ni una semana. Ya se ha tenido que recurrir a las reservas estratégicas de la AIE -España ha liberado 11,5 millones de barriles- y se empieza a hablar de un nuevo desbloqueo de emergencia.
El inventario europeo GIE (Gas Infrastructure Europe) revela que, a 19 de abril, el nivel de almacenamiento medio en el continente era de apenas un 30%. En países como Alemania y Francia es incluso inferior. 23,8% y 28% respectivamente, mientras que España presenta una situación mejor con un 68%. El reto es estar preparados para una cronificación de la situación en Ormuz, por donde fluye el 20% del gas y petróleo mundial.
El coste de una guerra larga
Volver a llenar los almacenes de gas para el próximo invierno será esta vez más difícil y costoso. A la reducción del flujo de gas -estimada en un 15% menos de oferta- se añade el encarecimiento: solo en marzo el precio subió un 30%. El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, cuantificó esta semana en 54.000 millones de euros el coste en compras energéticas de la UE desde el inicio del conflicto; una media de 450 millones de euros por jornada.
El mayor temor, sin embargo, es la capacidad de producción a largo plazo. Qatar ya ha anunciado que los ataques a sus plantas tendrán un impacto que durará años. Según las autoridades qataríes, su capacidad de producción está afectada en un 17% y se requerirán entre 3 y 5 años para restablecerla plenamente, lo que augura un escenario de precios altos de forma estructural.
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