Greenpeace ha desplegado este jueves una gran pancarta en la Plaza de Colón de Madrid con la imagen de Donald Trump vomitando petróleo sobre una fuente que ha teñido de negro, acompañada del mensaje “No oil, no war” (“No petróleo, no guerra”), en una acción con la que la organización reclama acelerar el abandono de los combustibles fósiles.
La pancarta, de 15,5 metros de ancho por 40 de alto, se despliega coincidiendo con la víspera de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que arranca este viernes en Santa Marta (Colombia). En este encuentro participarán por primera vez más de 50 países con el objetivo de trazar una hoja de ruta global para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón de cara a la COP31, prevista en noviembre en Turquía.
Desde Greenpeace, su responsable de la campaña contra el cambio climático, Pedro Zorrilla, ha vinculado la dependencia energética de los combustibles fósiles con conflictos geopolíticos recientes, como la tensión en el Estrecho de Ormuz, y ha reclamado al Gobierno español un papel de liderazgo en la cita internacional. La organización exige medidas inmediatas a nivel nacional, como el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles y la imposición de nuevos impuestos a la industria.
“¡No queremos ni petróleo ni guerras! Lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz nos muestra cómo los combustibles fósiles nos traen inseguridad, además de cambio climático, enfermedades y destrucción. Basta ya de que las decisiones de tiranos energéticos como Trump o Putin salpiquen nuestras vidas: frente al odio y el petróleo, desengancharnos de los combustibles fósiles es el mejor escudo posible”, afirma el activista.
La ONG sostiene que el contexto actual evidencia cómo las guerras y la volatilidad energética incrementan las emisiones, encarecen la energía y agravan tanto la crisis climática como la económica. Además, advierte del impacto ambiental y social de estos conflictos, desde la destrucción de ecosistemas hasta el aumento del extractivismo de minerales estratégicos.
Greenpeace plantea que la conferencia de Santa Marta representa una “oportunidad histórica” para fijar compromisos concretos hacia una transición energética justa, con financiación climática suficiente, respeto a los derechos humanos y mayor participación social. También defiende impulsar acuerdos internacionales como el futuro tratado global sobre plásticos y nuevas medidas fiscales a las grandes corporaciones contaminantes.
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