La propuesta de Gabriel Rufián gusta entre los partidos de izquierda. Su figura es capaz de brillar en el Congreso, pese al desgaste del gobierno de coalición y su paso adelante se percibe bien. Gusta especialmente el alcance del político entre los jóvenes, a los que cuesta tanto llegar y entre los que la derecha se ha hecho muy fuerte. Pero la materialización de su propuesta cuenta con mucha oposición, además de la expresada públicamente, se topa con varios obstáculos. Algunos con nombre y apellidos, como es el caso de Irene Montero.
Los partidos que forman parte de Sumar se abren a escuchar a Rufián, si bien le demandan que concrete su propuesta. Un miembro de una de estas formaciones comparte con este medio sus dudas: “ERC dice que no está detrás de él en esto y Rufián que no se va a ir de ERC. Es un callejón sin salida del que tiene que explicar cómo quiere salir”. Otro miembro de un partido de izquierda confiesa que duda que los Comuns vayan a dejar su espacio a ERC “y los demás partidos de Sumar”, afirma aumentando su duda.
El diputado Alberto Ibáñez de Compromís se abre a compartir sus reflexiones públicamente. Afirma que la manera de abordar la situación es por territorios. En la Comunitat Valenciana ellos se ofrecen a liderar abriendo espacio “con generosidad a otros formaciones”. Considera que la perspectiva madrileña es la que más distorsiona la viabilidad de un nuevo proyecto. “No se puede mirar esto desde la M-30, hay que mirarlo circunscripción por circunscripción”, afirma. “Se mira mucho la lista de Madrid, pero es que Rufián puede liderar yendo por Barcelona”, asegura. Su formación está dispuesta a llegar a un acuerdo para su territorio para las Generales y las autonómicas.
Sobre Rufián, voces como el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, ponen el valor la determinación del republicano para posicionarse como candidato. Pero hace referencia a la labor desde otros sectores, como el de Sumar. “Todas las aportaciones son bienvenidas”. “No sobra nadie”, añadió en una comparecencia desde su Ministerio. Pero internamente, no creen que el papel de Rufián sea el de cabeza de lista, sí un importante activo movilizador a nivel estatal pese a su vinculación a Barcelona: del público joven, de los desencantados o de gente que no necesariamente se circunscribe a la ideología de izquierdas, pero les cae bien y les gusta su discurso. Su desenvoltura con las redes sociales es un aliciente.
No se puede mirar esto desde la M-30, hay que mirarlo circunscripción por circunscripción
Movimiento Sumar quiere promocionar a Bustinduy, pese a que rechaza ese papel de candidato. Urtasun también se ha descartado y Mónica García quiere dar la batalla a Ayuso en Madrid de nuevo y ha firmado la paz con Emilio Delgado que será el hombre fuerte de Más Madrid en el Congreso. Desde IU se opta por una mujer. Maíllo, después de lo sucedido en Andalucía, carece de ese impulso necesario como para justificar su salida del Parlamento andaluz en un futuro.
Irene Montero y Podemos

El aprecio de Rufián por la figura de Irene Montero expresado y reiterado por el político de ERC no encuentra el mismo eco en políticos que compartieron proyecto con Podemos. Hay sectores de IU y de Movimiento Sumar que reconocen que la número dos de Podemos sigue siendo una figura admirada y reconocida entre un importante núcleo de votantes de izquierdas. Creen que el más de medio millón de votos de su candidatura a las europeas en 2024 habla por sí mismo. Se valora una buena parte de su gestión como ministra de Igualdad, pese a las discrepancias que surgieron por el camino y controversias como la ley del ‘solo sí es sí’. Sin renegar de ella, se asume que “se podrían haber hecho mejor las cosas”, llegó a decir el ministro de Cultura, Urtasun. Con los micros en off la reflexión de las fuentes consultadas son contundentes: "A Montero sólo la quiere Rufián". Uno de esos políticos que vistió la camiseta de Podemos asegura que no le importaría compartir lista con la formación morada, pero que “a día de hoy, es una formación de la que no te puedes fiar”
Pese a ese valor político por su etapa en los mejores años de Podemos y en el anterior gobierno de coalición, otros sectores del espacio magenta asumen que Montero representa a una izquierda más intransigente, que genera cierto rechazo en algunas capas progresistas por las formas. Más radical frente a otras tendencias que se han hecho fuerte en la actual izquierda plural, como el ecologismo o un socialismo más comprometido en materia de vivienda o de feminismo.
Creen que a lo sumo podría aportar desde una posición secundaria pero no liderando una lista electoral. Desde Sumar apuntan a la necesidad de ilusionar con nuevas figuras que no estén quemadas por etapas pasadas. Al igual que los principales socios de Movimiento Sumar declinaron la idea de que Yolanda Díaz encabezase de nuevo la candidatura, ese sentimiento se extiende a Montero.
Hay quien rechaza contemplarla para cualquier proyecto de futuro. Por otra razón externa: la ven incompatible con el proyecto de refundación de la unidad que los principales socios de Sumar están apuntalando con vistas a una presentación en verano o en septiembre. No tanto por su figura, sino por las siglas que le dan cobijo. Durante los últimos meses la actitud de Podemos ha hecho que la primera línea de Sumar asuma que los morados quieren ser la única izquierda a nivel estatal y que no están dispuestos a diluir sus siglas por un bien mayor. Entienden que les mueve un sentimiento de revancha por encima de todas las cosas. Lo ocurrido en Andalucía refuerza esa tesis.
La primera reacción de los morados, ya con Montero definida como candidata a las generales -lo que hace más complicado que admita ocupar un papel secundario- ha sido la de abanderar sus siglas como izquierda alejada del PSOE y como perfecto acompañante de las izquierdas autonómicas y soberanistas, desde EH Bildu y el BNG, hasta Adelante Andalucía. Defendiendo una colaboración activa posteriormente en el Congreso. Renegando con ello de ese proyecto de unidad aún difuso y que se resintió un poco más en estas últimas elecciones andaluzas con Antonio Maíllo al frente. En el segundo feudo electoral más importante para Sumar -por votos y escaños- tras Cataluña de acuerdo a los resultados de las generales de 2023.
Se une ello a la influencia que aún sigue ejerciendo Pablo Iglesias en el partido y en sus recorridos, al menos como brazo mediático de ese espacio. Iglesias, nada más configurarse Por Andalucía con Podemos dentro, reprochó las condiciones dadas a Podemos -que aplazó la integración hasta 24 horas del fin de plazo para el registro de candidaturas y tras un año dando largas- y trasladó que sería un acercamiento anecdótico para concurrir en solitario en las generales.

“Podemos no creo que aporte gran cosa. Genera dramas, eso sí”, señala un diputado autonómico de izquierda de Madrid. “La razón de ser de todo este debate no es tanto la unidad de la izquierda sino conseguir revalidar un gobierno progresista y Podemos está en la línea de derribar al Gobierno”, añade. Desde su perspectiva Montero no suma gran cosa pero tampoco resta. “Si Rufián hace apelaciones a la ciencia para presentarse a las elecciones puede ver lo que cuentan los resultados de Aragón y Extremadura cuando Podemos va en solitario”.
Los movimientos en la izquierda plural que se han producido después, como el acto de Rufián y Montero en Barcelona para abordar el futuro de la izquierda, no arrojan luz a este asunto. Montero eludió por completo al resto de formaciones y liderazgos en su intervención, que radicó en la necesidad de una izquierda con más valentía. Rufián, en cambio, más proclive a ese entendimiento de forma estratégica, primando o sacrificando siglas en cada provincia, se deshizo en halagos hacia ella, trasladando la sensación de que la prefiere para hacer tándem.
Tras este acto, figuras relevantes del espacio de Sumar mostraron más cautela. Se evita el debate en torno a la figura de Montero y se aboga por terminar de definir la propuesta magenta refundada, con un rostro claro. En ningún caso se vetará a Podemos de querer participar, pero hay coincidencia en que el protagonismo no puede tenerlo quien hasta el momento apuesta por la confrontación.
Desde IU, el entendimiento con Podemos puede darse sin Sumar, pero Maíllo y los suyos no quieren renunciar a todas las colaboraciones posibles. Aunque se evita la confrontación, las tensiones entre formaciones se han ampliado pese al acuerdo de unidad en Extremadura. Mientras que en IU se critica la intransigencia de los morados, los de Ione Belarra creen que IU ha traicionado a sus valores tradicionales por seguir de la mano del PSOE “del rearme y de la guerra”.
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