Lo del portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufíán, fue casi la reacción de un novio que descubre que su pareja le ha engañado con otra persona. "Estoy jodido. Si es verdad, es una mierda", dijo ayer en el Congreso tras conocer el contenido del auto de la Audiencia Nacional contra José Luis Rodríguez Zapatero. Y ahondó más en esa reacción casi emocional al reclamar respuestas porque "a mucha gente de izquierdas esto le rompe el corazón". El mismo que el martes por la mañana afirmaba que la imputación del ex presidente del Gobierno atufaba a lawfare y que las siete plagas de Egipto contra el Gobierno progresista surgían de aquel "quien pueda hacer, que haga" de José María Aznar, se mostró ayer algo más cauto.
Rufían resumía en buena medida el sentir de unos socios de Gobierno y aliados parlamentarios que salieron muy envalentonados y acríticos el martes por la mañana y hasta la tarde no empezaron a hacer la digestión de las graves acusaciones contra Rodríguez Zapatero. Y eso se notó en la sesión parlamentaria de este miércoes, con modulaciones del discurso más que evidentes, no sólo en el caso de Rufián. Bajó el tono el el portavoz de Justicia e Interior de Sumar en el Congreso, Enrique Santiago, quien pasó de justificar la actividad profesional del ex presidente a denunciar que "cobrar por gestiones políticas es delito". Los de Compromís tampoco parecían muy contentos tras el redactado del juez José Luis Calama, que investiga el rescate de Plius Ultra. El diputado valenciano Alberto Ibáñez dijo que el auto "no pinta ni huele bien", mientras que su compañera Águeda Micó admitió que "ya no está tan clara" la tesis de la conspiración de las togas.
Yolanda Díaz sigue en China
Nada se sabe de lo que opina la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz. De viaje oficial en China, se quitó de enmedio ya durante la noche electoral andaluza -a cuya campaña no asistió- y la crisis abierta con la imputación de Zapatero le ha pillado muy lejos. Y mientras el PNV, siempre leal a Pedro Sánchez, se limitaba a decir en público «vamos a ver cómo se desarrollan los hechos», por boca de su portavoz Maribel Vaquero, el lendakari, Imanol Pradales, osaba dar un paso más exigiendo al ex presidente dar "todas las explicaciones oportunas, con la máxima celeridad y transparencia", ante una imputación "grave y sin precedentes".
En parecidos términos se expresó ayer su homólogo canario, Fernando Clavijo, cuyas relaciones con el Ejecutivo central no pasan por el mejor de los momentos tras la crisis del hantavirus. Habló de hecho "grave e inédito en democracia" y también abogó porque se despejen todas las incógnitas planteadas por este caso. El propio Zapatero se comprometió a dar explicaciones ante la prensa, no se sabe si antes o después de comparecer en la Audiencia Nacional el 2 de junio.
Los irreductibles: Bildu y Pablo Iglesias
Sólo quedan algunos irreductibles. Uno es Bildu, el socio más fiable de Moncloa, aferrado todavía a la tesis de lawfare. El otro es el ex vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, que este miércoles se dejó ver por distintas cadenas para lanzarle puyas a Rufián y volver a sus habituales andanadas contra los medios de comunicación. Acusó al portavoz de ERC de haber "bajado el dedo" en las últimas horas tras "leer mucho El País y escuchado lo que dicen los periodistas de Prisa". Los mismos, agregó, "que han pasado del shock a decir, 'aquí hay algo'", contra Zapatero.
Sin ocultar sus malas relaciones con el portavoz de ERC, el que fuera líder de Podemos calificó, no sin sorna, de "interesante la transición" del catalán por pasar de defender al hoy imputado "a decir que está triste y jodido y lo sucedido decepciona bastante a la izquierda". Pero incluso ha ido más lejos al acusar al propio Gobierno y al PSOE de tibieza al apelar a la presunción de inocencia, dando por hecho que tras la imputación puede haber comportamientos delictivos de alguien que es "una figura clave en la orientación politica del Gobierno además de artífice de un giro a la izquierda".
No se quejará Iglesias de la defensa que Sánchez hizo ayer de Zapatero, aunque lo cierto es que Moncloa ha enterrado la socorrida tesis de la conspiración a la luz de las acusaciones y del hecho de que fue la Fiscalía Anticorrupción y no Manos Limpias el origen de la investigación. Calama "no es Peinado" y el auto "es sólido", dicen. Pero siguen aferrándose a que "hay indicios pero no pruebas" y "esto no es como con Cerdán".
Las críticas de los socios parlamentarios y de Gobierno no se traduce en una pérdida de apoyos
"Lo de Zapatero es muy raro -insistió Iglesias- . Es un operador político con sueldo vitalicio que no ha acabado en consejos de administración. Me cuesta pensar que pueda ser tan tonto y tan torpe justo cuando se convierte en un activo para el PSOE", agregó en una clara defensa de quien tuvo las riendas del país entre 2004 y 2011 y alentó el gobierno de coalición con Unidas Podemos.
Pero que no se apure Iglesias. Una cosa es dejar de salir en defensa de Zapatero, exigir explicaciones y animar a que la ley de lobbies -que está atascada en el Congreso desde enero de 2025- salga adelante y otra que vaya a cambiar el reparto de fuerzas en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez insitió ayer en su voluntad de llevar la legislatura hasta 2027 y ninguno de sus socios cuestionó el apoyo que le presta y le permite sostenerse en el poder.
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