La planta séptima de Génova se sacudió como el resto el mundo político el pasado martes. Pero a diferencia del PSOE y de sus socios, la imputación del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y el auto del juez José Luis Calama extendía una alfombra roja ante las aspiraciones presidenciales de Alberto Núñez Feijóo. A un año de las próximas elecciones generales -siempre y cuando Pedro Sánchez pueda aguantar el resto de la legislatura- lo de Zapatero es casi una puñalada mortal, por mucho que el presidente del Gobierno se aferre al poder con uñas y dientes.
Y es que de todos los salpicados por presuntos casos de corrupción en el entorno del Ejecutivo y de Ferraz lo del ex presidente es pieza de caza mayor. Y cabe preguntarse si el PP está dispuesto a mover ficha, esto es, presentar una moción de censura aunque sea para perderla. Hay argumentos a favor y en contra, y la dirección nacional del partido se ha abonado a la segunda opción.
Se trata de no hacer ningún movimiento en falso que saque del foco las revelaciones sobre Zapatero
Se trata de no hacer ningún movimiento en falso que saque del foco las revelaciones sobre las supuestas andanzas ilícitas de Zapatero, con onda expansiva a sus hijas y personal a su cargo, como la fiel secretaria Gertrudis Alcázar. Pero esto es, a juicio de los populares, "la punta del iceberg". Esperan ansiosos el levantamiento del secreto del sumario, mañana lunes, convencidos de que el tsunami apenas ha llegado a la costa. El auto del juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama para justificar la imputación, es apenas el principio. También esperan con sumo interés la declaración del propio Zapatero el próximo 2 de junio si su abogado no consigue aplazar la fecha. Toda una tormenta perfecta que ha dejado a Gobierno, PSOE y buena parte de la izquierda en estado de shock.
Que Santiago Abascal, en un primer arrebato, exigiera a Feijóo la presentación de dicha moción reafirma a la dirección nacional en su decisión de no dar ese paso de la mano de un partido cuya estrategia es desgastarles, aunque lo necesiten para gobernar. Vox no tiene, a diferencia de la anterior legislatura, el 10 por ciento de los diputados (35) para presentarla, de ahí que intente empujar a Feijóo para que asuma ese reto.
También en los últimos días se ha dado una situación paradójica. Porque quien pide la moción y apela a la responsabilidad del líder del PP es un miembro del Gobierno. Nada menos que la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, quien arguyó que por "dignidad" y "valentía" el líder del PP debía dar ese paso para que "los españoles y españolas puedan ver qué proyecto de país tiene".
El inopinado apoyo de Anasagasti
Y aunque en el PP se preguntan qué más debe pasar para que acabe esta legislatura, entienden que son los aliados de Sánchez quienes deben dar alguna señal, "salvo que busquen quemarse en la pira" con el jefe del Ejecutivo. El único que fuera de Vox y de UPN ha verbalizado su respaldo a una moción que desaloje al líder socialista de la Moncloa ha sido el ex portavoz parlamentario del PNV Iñaki Anasagasti. Un apoyo inopinado de alquien que cree que los cinco diputados de la derecha nacionalista vasca deben contribuir a poner fin a la actual legislatura. "Se tiene que presentar; y ya veremos la bomba de racimo hasta dónde llega", dijo esta semana.
Feijóo siempre ha hablado de una moción instrumental, destinada a convocar a los españoles ante las urnas. Pero si no lo ha hecho antes, y no han faltado razones, "menos lo vamos a hacer a un año de las generales". Otra cosa es preguntarse si se trata de una opinión unívoca en el PP y, curiosamente, hay bastante coincidencia en la idea de que "no queremos dar juego gratis a Vox", dicen muchos parlamentarios, en un asunto que les huele a "trampa", aunque "habrá que ver hasta dónde degenera" una situación que parece haber tocado fondo.
Desde Madrid denuncian que "intentan acorralar a Feijóo"
Desde las baronías se impone la prudencia. Las cuatro que han celebrado elecciones andan volcadas en sus pactos de gobernabilidad con Vox, algunos recién estrenados otros por alcanzar. Y en la Comunida de Madrid, epicentro de los huracanes políticos, dejan la pelota en manos del líder nacional, no sin dejar de denunciar que PSOE, Sumar y Vox "intentan acorralar a Feijóo". "Si no la presenta, le llamarán cobarde; si la presenta y no gana, le llamarán perdedor", subrayan las fuentes consultadas.
Tambiés es cierto que Feijóo podría aprovechar la moción como arranque de su campaña electoral, pues se trata de presentar su proyecto de Gobierno, algo que el líder del primer partido de la oposición lleva haciendo, de forma sectorial, desde hace semanas. En todo caso no deja de ser muy tentador ver cómo día a día el agujero en torno a Sánchez se ensancha. De eso ya saben mucho las candidatas autonómicas que, como María Jesús Montero o Pilar Alegría, fueron enviadas al matadero electoral. También miles de alcaldes y los pocos presidentes autonómicos socialistas temerosos de pagar los platos rotos si van a las urnas antes que Sánchez. Esa es, para Génova, la auténtica moción de censura contra Sánchez tras los cuatro correctivos sucesivos de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía.
El PP da la vuelta al argumento y se pregunta por qué Sánchez no presenta una cuestión de confianza
Acaso, si se le diera la vuelta al argumento de Díaz, quien debiera apelar al apoyo de la Cámara por "valentía" y "dignidad" sería Sánchez "sometiéndose a una cuestión de confianza", dicen en el PP, algo que no entra en los planes del inquilino de la Moncloa.
El debate en torno a la presentación de una moción de censura genera incomodidad en Génova en la medida en que pone el foco sobre un líder poco proclive a golpes de efecto. "Los socios tienen que mover ficha", dijo esta semana con la mirada puesta, sobre todo en Junts. Y mucho se especuló en torno a otra afirmación que, al final, lleva a la misma casilla de salida. "Haré todo lo posible para un cambio de Gobierno cuando llegue el momento", proclamó. No faltó los que interpretaron que abría la puerta a un replanteamiento de futuro, pero una moción de censura fallida no cambia gobiernos sino que los puede reforzar. En todo caso, nada se puede dar por descartado en estos tiempos líquidos, porque del mismo modo que puede defenderse la inconveniencia de una moción de censura, hay argumentos para todo lo contrario.
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