La nueva oleada de ataques entre Irán y Estados Unidos ha puesto de manifiesto la fragilidad de las negociaciones para alcanzar la paz en Oriente Medio. Tras varias semanas de incertidumbre sobre un posible acuerdo que no termina de llegar, todos los esfuerzos por terminar con el conflicto por la vía diplomática parecían tirados por la borda cuando Washington y Teherán volvieron a lanzar proyectiles contra sus respectivos buques en el estrecho de Ormuz la semana pasada. Ahora parece que Donald Trump intenta apaciguar las aguas de nuevo, después de anunciar este jueves que había ordenado suspender nuevamente los ataques contra Irán.
"Las conversaciones con la República Islámica han llegado al más alto nivel del liderazgo iraní y han sido aprobadas", ha asegurado el presidente estadounidense a través de sus redes sociales. Un mensaje que ya ha repetido en innumerables ocasiones durante las últimas semanas, pero nunca acaba por cristalizar en un acuerdo formal. Los anuncios norteamericanos suelen ir seguidos de la contrarréplica iraní, a la que Trump contesta con amenazas sobre destruir el régimen de los ayatolás, y vuelta a empezar. Es la pescadilla que se muerde la cola.
En el centro del problema, además del programa nuclear iraní, están los ataques israelíes contra el Líbano. La fijación de Benjamín Netanyahu por continuar con los bombardeos contra el país vecino pone en serios aprietos a los negociadores norteamericanos. Mientras Bibi continúe con su ofensiva sobre el Líbano, es poco probable que Irán acepte de buena gana un acuerdo de paz con EEUU. La República Islámica no puede abandonar a uno de sus principales aliados, las milicias chiíes de Hizbulá. Pero el grupo paramilitar libanés no es el único socio iraní en la región, sino que forma parte de un entramado mucho más amplio con un claro objetivo: combatir la influencia norteamericana e israelí en Oriente Medio.
Hizbulá aguanta el Líbano, con Hamás cada vez más debilitado
Esta nueva guerra entre el Líbano e Israel se inició después de que Hizbulá lanzase cohetes a sus vecinos hebreos como represalia por la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. Una oportunidad que Israel aprovechó para ocupar el sur del país, territorio que no parece con intención de abandonar por el momento. Desde entonces, el grupo ha continuado con sus ataques contra el norte de Israel.
Todo ello a pesar del duro golpe que recibió la milicia en septiembre de 2024, cuando también estaban en guerra con Israel. En aquel momento, el conflicto se había originado un año antes por el lanzamiento de proyectiles contra territorio israelí como apoyo a Hamás tras los ataques del 7 de octubre de 2023. Los de Hizbulá, siempre dispuestos a sumarse a los ataques contra sus vecinos hebreos. Sin embargo, el Ejército israelí se cobró su venganza cuando logró liquidar a varios miembros de la organización en un insólito ataque de película. Lo consiguió después de venderles buscapersonas a walkie-talikes cargados de explosivos a través de una empresa fantasma, que luego hizo detonar simultáneamente. Diez días más tarde, Hasan Nasralá, el que fuera el líder de Hizbulá desde 1992, moría en un bombardeo israelí.
Aun así, la milicia libanesa sigue dando la batalla, ignorando los esfuerzos del Gobierno de su país para poner fin a los combates con Israel. A diferencia de Hamás, otro de los proxies iraníes más notorios en la región, que han quedado muy debilitados tras tres años de arremetida contra Gaza. Este grupo -el único de los aliados iraníes que no profesa la rama chií del islam- ha visto cómo sus altos mandos han ido cayendo uno a uno desde el inicio de la guerra en la Franja. Su futuro es incierto, ya que el plan para la reconstrucción del enclave palentino contempla su desarme. Todo parece indicar que Irán ha perdido a uno de los miembros más valiosos en su "eje de la resistencia" antiisraelí: solo Hamás no participó de las represalias regionales por la muerte del ayatolá Jamenei.
Del apoyo simbólico en Irak al dominio del Mar Rojo
Quienes sí se sumaron a la guerra en Oriente Medio tras los ataques de EEUU e Israel contra la República Islámica fueron las Unidades de Movilización Popular de Irak. Estos grupos tienen su origen en la guerra contra el autodenominado Estado Islámico bajo el paraguas de las autoridades de Bagdad y la influencia iraní. Son varios grupos que tienen como nexo en común su apoyo a los ayatolás, por lo que han lanzado numerosos ataques contra las posiciones estadounidenses en Irak después de que Washington desatase su ofensiva contra Irán a finales de febrero.
A ellos se suman los hutíes de Yemen. Mientras que la capacidad de asestar ganchos certeros de las milicias iraquíes se limita únicamente al interior de su país, los rebeldes yemeníes sí que hicieron sonar las alarmas cuando se sumaron a los ataques contra Israel tras el asesinato de Jamenei. Los insurgentes controlan un tercio del territorio yemení, incluida la capital, Saná. Pero aún más importante, son los amos del Mar Rojo, una vía clave del comercio marítimo mundial.
Los sucesivos ataques de EEUU e Israel contra sus instalaciones no han podido con ellos, que han vuelto a decretar esta semana un bloqueo del estrecho de Bab el Mandeb, la salida del Mar Rojo hacia el Arábigo. Por el momento, la prohibición es solo a los buques israelíes. Así, los rebeldes hutíes se han hecho con el control de una de las principales rutas en el comercio internacional, lo que los convierte ahora mismo en uno de los activos más valiosos de Teherán en la región.
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