Hoy se constituye el Parlamento andaluz salido de las urnas del pasado 17 de mayo. Es el primer hito de un proceso no exento de dificultades en el que el claro ganador de la contienda, el popular Juanma Moreno, quiere no sólo asegurar su investidura sino también una legislatura no sujeta a sorpresas en la que pueda ir sacando, como mínimo, los presupuestos anuales. Pese a ello, los primeros contactos formales con Vox no tuvieron lugar hasta este martes, apenas dos días antes de formarse la Cámara autonómica, una tardanza que ha tenido como efecto descolocar a los ultras.
Y si bien se trató de la primera toma real de contacto, a la misma se incorporó la secretaria general adjunta de la dirección nacional de Vox, Montserrat Lluis. No hubo, en cambio, ningún representante de Génova, en concreto, los dos comisionados por Alberto Núñez Feijóo para este cometido. Se trata de su secretario general, Miguel Tellado, y nada menos que de su directora de gabinete, Marta Varela.
Pero desde el cuartel general de los populares insisten en que, al igual que en las negociaciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León, se incorporarán a las mismas, bien físicamente o por vídeoconferencia. De momento, arguyen que "se habló de la Mesa y hasta que no haya cuestiones de política nacional, no es necesario que estemos". Y así fue, agregan, "en el resto de las autonomías" de este ciclo electoral. Pero lo cierto es que en un escueto comunicado conjunto, los interlocutores no hablaban el pasado martes del reparto de cargos en la Mesa o de quien presidirá la Cámara regional, sino de "un posible acuerdo para la gobernabilidad de Andalucía". Y tras poner en valor "el clima de cordialidad" del encuentro, ambas partes se emplazaron "a seguir dialogando en los próximos días para explorar la posibilidad de alcanzar un acuerdo".
Feijóo no quiere esta vez sorpresas a diferencia de los pactos autonómicos alcanzados en 2023
Por ello, lo previsible es que tras la sesión constitutiva de este jueves -tras la que se podrá analizar si hay o no signos de acercamiento ente ambos partidos en la formación de la Mesa- Génova participe de manera activa en los contactos. Feijóo no quiere esta vez sorpresas a diferencia de los pactos autonómicos alcanzados en 2023. La legislatura nacional entra en su recta final, de forma agónica, y si bien la intención inicial del líder del PP fue dejar un amplio margen de maniobra a unos barones autonómicos con los que se identifica, pues a fin de cuentas fue uno de ellos, Génova quiere controlar todos los procesos que puedan impactar en sus opciones electorales. La dirección nacional prefiere usar la expresión "acompañamiento", que es menos intrusiva, pero lo cierto es que su intención es supervisar y ahorrarse sustos.
En un giro de guion de 180 grados, Feijóo decidió supervisar las negociaciones con Vox una vez que parecían encallar las de Extremadura hasta el punto de casi abocar a esta comunidad a una repetición electoral. Y además de incorporarse a esas negociaciones también en el resto de las Comunidades que celebraban elecciones, se redactó un documento marco para servir de guía a las mismas. No todos los territorios recibieron con el mismo agrado la intrusión de la dirección nacional, pero de todos ellos, es Andalucía donde la cuestión genera más incomodidad.
Una campaña sin presencia de la dirección nacional
Cabe recordar que durante la campaña electoral del 17-M la Junta y el PP andaluz cortocircuitaron la presencia de dirigentes nacionales y barones territoriales con la única excepción de los andaluces y ex consejeros autonómicos Elías Bendodo y Juan Bravo. También se incorporó en la recta final Borja Sémper, recién incorporado tras superar un cáncer y representante, como Moreno, del sector más templado del partido.
Núñez Feijóo fue muy activo en esa campaña, pero apenas coincidió con el candidato. No era la primera vez que ponían en práctica este modelo de doble caravana electoral, aunque Moreno y su equipo dejaron claro su deseo de tener manos libres y de centrar la campaña en cuestiones andaluzas, por mucho que su adversaria socialista, María Jesús Montero, estuviera recién llegada del Consejo de Ministros de Pedro Sánchez.
Las negociaciones entre el PP y Vox se rigen por el principio de la 'omertá', del más escrupuloso de los silencios, con unos ultras siempre prestos a escenificar rupturas y levantamientos de la mesa arguyendo deslealtad de los populares. No deja de ser paradójico, habida cuenta de que lo poco que trasciende siempre es filtrado por el partido de Santiago Abascal.
De momento, Moreno insiste en su intención de nombrar un gobierno monocolor, aunque asumiendo que le tocará ceder, como poco, en cuestiones programáticas, entre ellas la tan denostada "prioridad nacional". Eso sí, se aferran a que, "de momento, Vox no ha puesto sobre la mesa, ni públicamente ni en privado, que quiera asientos en el Consejo de Gobierno", destacan en el equipo del presidente autonómico. La "pioridad nacional", estandarte de los ultras, aunque con pocos efectos prácticos más allá del relato y de la épica, es un sapo más duro de tragar para el presidente de la Junta andaluza que para Génova. Para Feijóo y los suyos esa cuestión "está amortizada", dice un alto dirigente popular. Para Juanma Moreno es mucho más complicado explicar si finalmente cede.
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