El presidente de Albania, el socialista Edi Rama, le dijo en una ocasión a Pedro Sánchez, con motivo de una visita del jefe del Ejecutivo a este país, que los vecinos no se eligen. Discrepaban sobre Kosovo, que España no reconoce, pero sí Albania, precisamente para garantizarse una buena vecindad. La anécdota viene al caso de las siempre complejas relaciones de España con Marruecos, un vecino con reivindicaciones históricas de soberanía sobre territorio español y dueño del grifo que regula los flujos migratorios hacia la Unión y la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo yihadista.
Sánchez no ha tenido a bien levantar el teléfono para ponerse en contacto con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ante este grave ataque a la soberanía española cuando 72.000 personas procedentes de Marruecos llegaron a la costa ceutí. Pero de confirmarse el sino de los sondeos, será Feijóo el que herede en menos de un año el actual modelo de relaciones con el régimen alauita, un caramelo envenenado con muchas aristas.
"Restaturar" las relaciones con los socios europeos y Estados Unidos
¿Cómo afrontaría un gobierno del PP las relaciones diplomáticas con nuestro vecino del sur? Pues la primera respuesta que ofrecen fuentes populares pasa por "restaurar" los vínculos con nuestros socios europeos y reforzar el eje atlántico, un eufemismo a la hora de hablar de Donald Trump. "No hablamos de ser genuflexos, pero tampoco de enfadar a la Unión ni de encabezar la rebelión contra el presidente de los Estados Unidos", dicen las fuentes populares consultadas por El Independiente.
Por una parte sostienen esta tesis en el frente común que 22 países de la UE articularon contra España tras el asalto masivo. Una reacción consecuencia de "muchas cuentas pendientes con Pedro Sánchez. Hay un gobierno que no deja de meter el dedo en el ojo a nuestros aliados" y eso se ha traducido en una desafección generalizada cuando lo lógico hubiera sido un cierre de filas en torno a España. Italia lo llevó al extremo suspendiendo el espacio Schengen con nuestro país y lo de Moncloa el pasado viernes, elevando la tensión y respondiendo con la misma moneda, no ayudó para nada a su resolución, muy al contrario. Del mismo modo, el choque con la administración Trump, aunque ya no es exclusivo de España, ha trasladado la imagen de una enorme soledad de nuestro país en el tablero internacional que aprovechó el régimen alauita.
"Es necesaria la firmeza con Marruecos, que tenga claros los límites", dicen en el PP
En definitiva, distintas fuentes consultadas defienden que las relaciones "no tienen porqué ser malas" con Marruecos en un futuro gobierno de Feijóo, pero la mejor manera de encauzarlas pasan porque Rabat entienda que nuestro país "está protegido por sus socios", tanto los europeos como Estados Unidos, aún siendo este último país aliado de Mohamed VI.
Y una vez resueltos los vínculos con quienes nos deben apoyar en el escenario geoestratégico "es necesaria la firmeza con Marruecos, que tenga claros los límites" y uno de ellos es el de la españolidad y europeidad de Ceuta y de Melilla "independientemente de que mantengan esa reivindicación histórica sobre ambas ciudades". Del mismo modo, consideran debe volverse a los equilibrios, siempre complicados, de nuestras nuestras relaciones con Argelia, por un lado, y Marruecos, por otro, esa "diplomacia fina" de la que habla uno de los interlocutores del PP.
Feijóo debera afrontar, de llegar a Moncloa, el cambio de criterio sobre el Sáhara occidental
Un futuro gobierno de Feijóo deberá afrontar otras decisiones cruciales con respecto a Rabat, entre ellas si mantienen el giro histórico dado por Sánchez sobre el Sáhara occidental. Un cambio nunca lo suficientemente explicado y que los populares atribuyen a intereses no confesados del que llaman el "presidente a la sombra", en referencia a José Luis Rodríguez Zapatero, sin descartar la vía del supuesto "chantaje" del país vecino tras el espionaje de Pegasus. Las fuentes consultadas por El Independiente apelan a las resoluciones de la ONU, que nada dicen de la soberanía marroquí sobre la antigua colonia española. Pero son conscientes de que todo movimiento para revertir este discurso puede ser una espoleta que altere al régimen alauita.
Y, de fondo, planea un asunto que dista mucho de ser anecdótico: la final del Mundial de Futbol de 2030. Fue Sánchez -mano a mano con quien fuera persona de su confianza, el ahora expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales- quien metió a Marruecos como cosede de ese torneo junto a España y Portugal. Todo apunta a que nuestro país no va a organizar el partido inaugural y es muy probable que tampoco la final y se la lleve Casablanca, donde se construye un estadio para 115.000 personas. El vicesecetario de Cultura y Deporte del PP, además de portavoz, Borja Semper, remitió esta semana una misiva a la ministra del ramo, Milagros Tolón, en la que señalaba que, de no celebrarse la final en Madrid, habrá que debatir sobre «la conveniencia de que España siga adelante con la celebración de la Copa del Mundo». Otra bomba retardada que puede acabar sobre la mesa del líder del PP.
El PP tampoco ha querido cargar las tintas contra Mohamed VI en esta crisis
En todo caso, con muy escasas excepciones, el PP tampoco ha querido cargar las tintas contra Mohamed VI en esta crisis. Ha sido el presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, el que ha osado decir que Marruecos "no es un socio fiable" y que las fronteras de Ceuta y de Melilla están en manos de un país "que no reconoce la soberanía española" de las dos ciudades autónomas.
Otros, como el ex ministro de Exteriores José Manuel García Margallo, ha reprochado a su propio partido que no haya sido más "firme" y "determinante" contra nuestro vecino del sur, en el bien entendido de que las políticas de apaciguamiento no sirven con un régimen envalentonado por el apoyo de Estados Unidos e Israel. También que Feijóo debiera haber acudido a Ceuta arropado por todos los presidentes autonómicos del PP, los mismos que deberán acoger en cada uno de sus territorios a los más de 1.000 menores hacinados en la ciudad autónoma.
El coordinador de Acción Exterior del PP, el gallego Idelfonso Castro, que fue secretario de Estado de Exteriores con Mariano Rajoy y embajador en Irlanda, depende orgánicamente de Feijóo. Es él quien marca las líneas estratégicas de la actividad internacional del partido, aunque las relaciones con Rabat son un terreno lleno de minas como para intervenir desde la oposición. De momento, creen que Marruecos también "ha quedado retratada" en esta grave crisis, aún lejos de estar superada.
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