El presidente en funciones de la Junta de Andalucía y candidato del PP, Juanma Moreno, se marcó un límite claro durante la campaña electoral: con un resultado igual o mayor al 41% se veía legitimado para gobernar en solitario con el apoyo externo de terceros -la izquierda se niega a abstenerse- para votaciones puntuales en el caso de no revalidar la mayoría absoluta. Ese escenario se materializó la noche electoral del domingo, lo que ha llevado al popular a insistir en esa fórmula de Ejecutivo monocolor y en intentar buscar un acuerdo de legislatura con los de Santiago Abascal. Vox tutelará todo desde Madrid, como acostumbra. Génova solo entrará si hay cuestiones que trascienden lo autonómico. Se da mayor libertad a Moreno Bonilla.
Sin embargo, y aunque Vox está ahora mismo centrado en terminar de cimentar el pacto de coalición en Castilla y León tras los de Extremadura y Aragón, entre algunas capas de representantes de la formación no se termina de comprender por qué Andalucía debe ser una excepción a esa dinámica de pactos. Todo, cuando el porcentaje de representación del PP ha sido mayor en otros enclaves tanto en este como en el ciclo electoral de 2023, y en ambos casos se alcanzó un acuerdo de gobierno con representación de Vox dentro. El ejemplo más reciente al que señalan es el de María Guardiola en Extremadura.
Por ahora, públicamente se quiere evitar ese debate. Se insiste en que ahora mismo no debe hablarse de "sillones" sino de medidas. Se insiste en las tres fases que han dominado las inexpugnables conversaciones con los populares: una primera sobre programa, otra sobre presupuesto para ejecutarlo, y una última donde se definirá quién lo hace posible. El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, así lo apuntó el lunes, entre otros pronunciamientos de representantes andaluces o el propio candidato andaluz, Manuel Gavira. "Primero medidas, luego ya se verá quien las ejecuta o implementa".
Los antecedentes de Guardiola y de López Miras
En Vox quieren alejarse del discurso en el que insiste Moreno Bonilla y el PP, de que "solo hay dos escaños de distancia para la mayoría absoluta". El partido reivindica que ese no es el debate, sino que ellos tienen 15 escaños y que los populares los necesitan para seguir gobernando tras "perder una mayoría absoluta". Creen que el mensaje de la ciudadanía es: menos bipartidismo y más Vox. Aunque el crecimiento ha sido de un escaño en estas elecciones, y de algo menos de medio punto. Son 80.000 votos más, en todo caso, teniendo en cuenta que en esa cifra porcentual influye el aumento de la participación.
El PP de Extremadura logró en las elecciones de diciembre de 2025 un 43,18% del voto mientras que Vox, con Óscar Fernández Calle a la cabeza, cosechó un 16,9%. La distancia entre partidos fue de 26,2 puntos, con Guardiola y los suyos en 29 de 33 escaños y Vox en 11. El desenlace fue la conformación de un gobierno de coalición en el que los de Abascal se han quedado una consejería de Agricultura y otra con rango de vicepresidencia de Desregularización, Servicios Sociales y Familia.
Esta resolución, con el pacto de una coalición, también se dio en el ciclo de autonómicas de 2023, con una menor dependencia generalizada del PP con Vox. En la Región de Murcia los ultraconservadores crecieron con fortaleza desde el 9,46% hasta sumar el 17,72% de los sufragios. El crecimiento no fue aislado a la derecha del tablero, se dio con igual rotundidad en el centroderecha. Fernando López Miras elevó el porcentaje de votos del 32,36% al 42,84%.
En mayor proporción incluso que Vox. Y, no obstante, el desenlace fue el mismo: un pacto de coalición tras enquistarse las negociaciones, con el entonces dirigente de Vox, José Ángel Antelo como vicepresidente y consejero de Interior, Emergencias y Ordenación del Territorio, y otra consejería de Fomento. Todo, a pesar de que López Miras solo necesitaba dos escaños para la mayoría absoluta. En esta región, la distancia entre partidos, fue de 25,1 puntos.
Las urnas de Andalucía dejan un ambiente similar al murciano. Moreno Bonilla necesita dos escaños para esa mayoría y la diferenciación de voto de ambas formaciones es de 27,2 puntos, un punto por arriba a Extremadura y algo más de dos respecto a Murcia, algo mínimo. En concreto, el PP andaluz consiguió el 41,6% de los votos mientras que Gavira se hizo con el 13,82%. De acuerdo a la proporcionalidad, esos precedentes habilitan a Vox a reclamar, si así lo consideran, el mismo trato en Andalucía.
La distancia en escaños sí que es más amplia. Frente a los 29-11 de Extremadura y los 21-9 (antes de que se rompiese el Gobierno de coalición en 2024 y el grupo Vox en la Asamblea este año), es de 53-15 en Andalucía. El PP supera allí en un 253% la representación de Vox, mientras que es de 163% para Guardiola y de 133% para López Miras. Pero Vox solo atiende al porcentaje de votos puro, el resto, entiende, en consecuencia de un sistema que favorece a los partidos mayoritarios.
Evitan hacerlo como sí hizo Abascal días después de las urnas en Extremadura, o como en Aragón, donde el día después de la noche electoral se pronunció exigiendo la entrada. Eso deja intuir que Vox no quiere dar pie a Moreno Bonilla para que éste juegue a atribuirles un deseo de cuota de poder por encima de todas las cosas. También deja opción a Vox de quedar fuera de un liderazgo y unas políticas que define como "muy socialistas" y que podría perjudicarle en su carrera a las generales. Y, además, se permiten preservar esa carta si el clima de desconfianza se cronifica y finalmente el PP cede a un programa distante con su línea. Hasta ahora se ha mantenido que "la entrada en los gobiernos es la única forma de controlar que se cumplen las políticas".
Moreno Bonilla insiste en su autonomía
Frente a estos precedentes y al escenario similar que queda en Andalucía, el presidente en funciones asumía en una entrevista en COPE este martes que "Vox va a ser influyente" en las próxima legislatura al tener "la llave de la gobernabilidad". Pero tras asignarles esa capacidad, les pidió mesura, "sentido común" y que no se reclame la entrada al Ejecutivo más allá de un acuerdo programático. Apeló a que la victoria ha sido "más contundente" que en los procesos anteriores de este ciclo, aunque en Extremadura fue ligeramente mayor. Apeló para darle mayor presencia a la victoria en 500 de los 785 municipios, el 63,6% de ellos. Pero Guardiola ganó en el 67,7% de ellos.
El dirigente andaluz apela a un porcentaje de votos y de victorias por municipios menor al de Guardiola para reclamar un gobierno en solitario sin Vox
El discurso de Moreno Bonilla busca desvincularse de esa línea extremeña o la anterior de Murcia, para evitar tener que asumirla en su totalidad, con un pacto en la Junta. "Creo que somos claramente los preferidos de los ciudadanos de Andalucía" y ve "sensato" reclamar ese gobierno en solitario. En el PP, durante este ciclo y las negociaciones extremeñas, se puso en cuestión como Guardiola con ese mismo porcentaje de voto que Moreno Bonilla en 2022, que le dio la absoluta, no surte con el mismo efecto a la extremeña pese a los mismos datos. Pero aquí entra en juego la particularidad de la ley D'Hondt. Entonces al andaluz le benefició el 'reparto de restos' a costa de Adelante Andalucía, algo que ahora, en cambio, le ha penalizado.
Algunos barones del PP, según ha podido saber El Independiente, opinan que Moreno Bonilla debe dar un primer paso con Vox y ofrecer la 'prioridad nacional' en los mismos términos que se ha acordado en Extremadura, Aragón y próximamente en Castilla y León, vinculada al arraigo y no a la nacionalidad. Creen que es determinante para dejar a Vox sin argumentos sólidos con el que apretar si se dilatan los tiempos a igual que en Extremadura, donde la tensión escaló máximos con cruces de acusaciones. La comparación extremeña es clave, dado que al igual que Moreno Bonilla, Guardiola era percibida como uno de los perfiles más moderados del PP.
Sobre esa 'prioridad nacional' se posición el andaluz. Ve muchas "incógnitas" en torno a él y cree que no termina de entenderse con claridad que persigue Vox con ello, porque firma una cosa y luego públicamente la vincula con la nacionalidad o termina hablando de remigraciones. La distancia en materia migratoria es amplia entre formaciones. Moreno Bonilla apuesta por una inmigración "ordenada, reglada y regular" que de sostenibilidad a sectores como el primario o el de los servicios en la región. Más allá de esos acuerdos, cree que es más deseable que haya una investidura y se tenga que ir negociando aspectos en el día a día.
Presión con un adelanto que no preocupa a Vox
La diputada y portavoz parlamentaria, Pepa Millán, afirmó en una comparecencia desde el Congreso también este martes que en el partido no se prestan a "regalar nuestros votos ni para hacer lo que Moreno Bonilla quiera". "Lo que vamos a hacer es hacer valer nuestro apoyo". Quieren que por ahora se hable de medidas en una negociación que todavía no está abierta, detallan ambas partes. Frente a este argumentario, similar al de Garriga el lunes, Moreno Bonilla consideró que "la pelea de sillones no beneficiaría a Vox". Implícitamente asume que el deseo último de Bambú y Abascal es el de entrar en el Gobierno. Se especula, según avanzan medios como Ok Diario, que exigirían dos consejerías, pero en Madrid Vox lo niega.
Deja caer la posibilidad de que haya enrocamiento, ante las exigencias de Vox, y que "Andalucía se pare", algo a lo que periódicamente responde Vox: "No nos dan miedo las urnas". Creen que el votante de Vox quiere que se negocie hasta el máximo el mayor condicionamiento posible y que se entenderá la negativa a investir al popular si no acepta el marco que anteriormente se ha conseguido en otros territorios. Moreno Bonilla, sin aludir a esos precedentes, pide que Vox "reflexione sobre cuáles han sido nuestros números y en función de esos, pues se actúe". Y Vox, lo tiene claro.
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