El papa León XIV protagonizó este lunes el primer discurso de un pontífice en el Congreso de los Diputados ante las Cortes Generales, con motivo de su visita apostólica a España, iniciada este sábado con varios actos en el Palacio Real, Cibeles o la Plaza de Lima junto a jóvenes y autoridades. En él hizo hincapié en temas polémicos a nivel político como la inmigración, a la par que reivindicó la paz ante unas Cortes donde predomina la polarización. Destacó el legado histórico y moral de España, el reto que hay ante la Inteligencia Artificial, la diplomacia o la libertad religiosa. Pero al mismo tiempo hizo una defensa de la doctrina de a Iglesia en aspectos como el aborto o la eutanasia. Se refirió a los abusos de la Iglesia y pidió a los obispos responder a ellos con "verdad, justifica y reparación".
El también jefe de Estado del Vaticano llegó al Congreso, por el Patio de Floridablanca, después de una reunión con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez en la Nunciatura Apostólica –donde descansa estos días–. Fue recibido por los presidentes de las respectivas cámaras, la Baja, Francina Armengol, y por el del Senado, Pedro Rollán. También Sánchez. Posteriormente fue saludado por los presidentes del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Isabel Perelló y del Constitucional, Cándido Conde Pumpido. Se rindieron honores y se interpretó el himno de Ciudad del Vaticano y de España, interpretados por la Banda Sinfónica de Música de la Policía Nacional. Acudió al Salón de los Pasos Perdidos para firmar el libro de honor y saludar a los miembros de las mesas de ambas cámaras, a los portavoces de grupos y al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo.
Durante su discurso de media hora, el más político de todos los pronunciados desde su llegada a España y en el que más equilibró entre izquierdas y derechas -ningún Papa acudía a nuestro país desde 2011–, León XIV hizo una profunda reflexión moral sobre la dignidad inviolable de la persona humana, como elemento fundamenta para toda labor política y legislativa. Para la construcción social y la elaboración de las leyes. Volvió a recordar el legado histórico y moral de España, como hizo el sábado ante los Reyes y el resto de representantes públicos en el Palacio Real. Citó a Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Ávila y a Miguel de Unamuno, incidiendo en que en nuestro país se ha sabido mirar al ser humano como alguien dotado de libertad y abierto a la verdad. Destacó el papel histórico de la Escuela de Salamanca y de fray Francisco de Vitoria, quienes introdujeron hace siglos la defensa de los derechos humanos frente a la fuerza, recordando que todo poder tiene límites morales y que existe una comunidad que trasciende a lo particular.
León XIV hizo una profunda reflexión moral sobre la dignidad inviolable de la persona humana, como elemento fundamenta para toda labor política y legislativa
Papa León XIV
Para él, el legado cultural basado en la dignidad, la moral y la libertad "vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar". "La pregunta salmantina sigue acompañando la tarea de quienes sirven a la vida pública", y cada vez, dijo, esta es más complicada porque toca ámbitos más y más "delicados de la vida personal y social". Pero para él, el "progreso ofrece posibilidades".
El Papa volvió a abordar la cuestión de la IA. Destacó que en el caso tecnológico de este ámbito, ese progreso no es neutral y requiere a una persona que ocupe el centro de las decisiones. "Como he recordado en mi reciente Encíclica, la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza, por eso ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en el lugar que ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común". Mencionó especialmente el uso de esas tecnologías en el ámbito militar, en un contexto de guerra entre otros puntos en Ucrania y en Oriente Medio. Pidió una vigilancia ética rigurosa para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean delegadas a automatismos de la IA, lo que eximiría a las personas de su responsabilidad moral.
León XIV lamentó que actualmente el mundo experimenta "una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca". Por ello, "la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral". Lo reivindicó ante los legisladores, sabiendo de la importancia de los mismos en esa toma de decisiones.
Crítica del aborto y de la eutanasia
El Papa entró de lleno en un mensaje de defensa de la vida en todo su ciclo, pero sin utilizar palabras gruesas, evidenciando su deseo de utilizar un tono conciliador. "Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y armar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad". Consideró que una sociedad no es verdaderamente justa si abandona a los más vulnerables: "Al niño que aún no ha nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás".
Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural
Papa León XIV
Con ello, el pontífice hace alusiones a cuestiones como el aborto o la eutanasia, ahora en el foco político y de la confrontación entre los bloques de derechas e izquierdas. Advirtió que una convivencia justa no puede subordinar la dignidad a consensos sociales o mayorías cambiantes, ya que esta precede a cualquier concesión del Estado. Defender estas cuestiones, dijo, es una "meta de la civilización".
Hilando con este asunto, el Papa protagonizó una defensa de la familia como el núcleo de la sociedad, como "la realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad". Una garantía de estabilidad que "fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones" y la convivencia. "Es la primera escuela de la humanidad", donde se aprende a "recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer". Recalcó, por ello, el vínculo que debe haber entre las escuelas y las familias, pero igualmente hizo un alegato por la libertad educativa y el derecho de los padres a definirla en estricta coherencia "con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas". Apostó por esa amplitud y por la libertad de credo de los ciudadanos en general. Ahora bien, expresó que si bien "la fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública".
El deber ético ante la crisis migratoria
El Santo Padre abordó el tema de la inmigración alejándose de cuestiones económicas o demográficas y lo encapsuló en un asunto "eminentemente moral" y jurídico. Rechazó la discriminación de cualquier signo nacional, ético, religioso, lingüístico o en la condición socioeconómica, y defendió la dignidad. "El extranjero siempre debe ser acogido conforme a su dignidad". Una referencia a la inmigración irregular y a la crisis migratoria que ha azotado a nuestro país por rachas, en Canarias o en la parte del Mediterráneo.
Instó a actuar en dos frentes, en mejorar las vías legales para la acogida, de forma segura, para quien desea hacerlo. De forma respetuosa y ofreciendo oportunidades. Pero también llamó a fomentar el derecho a permanecer en los propios territorios, trabajando por eliminar los problemas de origen que promueven esa inmigración forzada y a la desesperada. En temas de desigualdad social, de paz ante los conflictos bélicos o por los efectos de la crisis climática.
El asunto genera polémica en España, con una izquierda que lidera, con PSOE y Sumar en el Gobierno cuestiones como la regularización extraordinaria de 500.000 inmigrantes irregulares que ya trabajan o residen en el país, y frente a una derecha de PP que busca restringir la inmigración vinculándola al trabajo o un Vox que aboga por procesos de deportaciones masivas o de cierre de fronteras. Todo con el concepto de "prioridad nacional" de por medio, protagonizando los últimos pactos autonómicos entre populares y ultraconservadores. Las entidades sociales vinculadas a la Iglesia, como Cáritas, han defendido esta regularización.
Respecto a esa inmigración irregular y las situaciones que expulsan a los ciudadanos de sus lugares de origen, el Papa denunció la actuación de las mafias. Alertó de que muchas personas caen en sus manos y que estos se aprovechan de su desesperación. Llamó al legislativo a fortalecer las labores de prevención, de rescate y de asistencia a las víctimas, y a promover la cooperación multilateral para transformar las fronteras. Para dar una respuesta solidaria a nivel internacional. "Las fronteras deben dejar de ser lugares de abandono para convertirse en verdaderos espacios de protección responsable".
Para acabar, León XIV apostó nuevamente por la paz, por la diplomacia y por el "desarme del lenguaje". Rechazó la escalada armamentística en Europa, recordando que las armas solo imponen silencios temporales y que la verdadera seguridad nace del diálogo paciente y la justicia. Pidió a los diputados concordia: "La firmeza no exige desprecio y la discrepancia no conlleva humillación". Desde la tribuna de invitados asistieron a su discurso todo el Gobierno, los representantes de los grupos y principales líderes políticos, como Feijóo o Santiago Abascal, o los expresidentes Mariano Rajoy y José María Aznar; del Congreso, José Bono, Federico Trillo, Jesús Posada, Meritxell Batet y Ana Pastor; y los dirigentes autonómicos de Cataluña, Salvador Illa, y de Asturias, Adrián Barbón. También Antonio Garamendi de la CEOE y Unai Sordo de CCOO. Las únicas ausencias parlamentarias fueron las de los diputados de Podemos y el del BNG. Hubo presencia de todos los demás, incluido Junts, ERC o EH Bildu
Al terminar, el Papa se ganó una ovación de cinco minutos que le llevó a emocionarse. Además, se lanzaron algunos vivas.
"Identificarse" con el Papa es una "obligación ética de cualquier Estado"
La presidenta del Congreso, Armengol, fue quien dio la palabra al Papa, la que en nombre de las Cortes Generales le agradeció su visita apostólica a España en un momento capital, "en tiempos de incertidumbre global y de una polarización que amenaza con debilitar las democracias". Por eso hacen falta, sostuvo, "espacios de encuentro capaces de convocarnos alrededor de aquello que compartimos: la lucha por la dignidad humana, la justicia y la esperanza". Las palabras de León XIV, las primeras de un Pontífice ante la sede de la soberanía española, serán recordadas, reivindicó, como un símbolo: "Ante la adversidad, nuestra fortaleza descansa en la unión y en el acuerdo".
Armengol trabó un discurso más político que el Papa. Coincidió con él en la defensa del "orden internacional" frente a un mundo en el que "solo unos pocos de los más fuertes" –una clara referencia a Donald Trump y Benjamin Netanyahu– "imponen la masacre de miles de los débiles con total impunidad". Insistió en que la paz "ha de ocupar de nuevo el centro de la acción política internacional", la paz "dialogada y con vocación de permanencia", de la que hablaba el filósofo y teólogo mallorquín Ramón Llull. Para Armengol, el multilateralismo, ese que también defiende el Gobierno de coalición y en el que converge León XIV, es una "condición para la posibilidad de la convivencia internacional y una garantía frente a la fragmentación, el aislamiento y la imposición de la fuerza y la sinrazón". En definitiva, que deben "imperar las leyes, no la fuerza" y deben "vencer el humanismo y la solidaridad".
Pero estos, alertó la presidenta del Congreso, "solo vencerán" si las democracias se empeñan en tareas como la lucha contra la pobreza, contra la precariedad, contra la crisis climática o contra las violencias: la de género, la racista o la que "premia el privilegio frente a la vulnerabilidad". Ahí Armengol introdujo algunos de los temas a los que no aludió el Papa, como la necesidad de luchar contra la desigualdad de hombres y mujeres o la defensa de la salud como un derecho universal. Sí convergió con él en que hay que preservar "la dignidad de todos, también de las personas migrantes" y de las "más desfavorecidas". Pero la jefa de la Cámara se acordó igualmente de las víctimas de los abusos de la Iglesia. El Pontífice no las citó en su discurso de este lunes ante las Cortes Generales, pero sí que hizo referencia en su viaje hacia Madrid, en el avión papal, a la "llaga abierta" que suponen esas personas afectadas para la Iglesia. Fue esa alusión la que Armengol introdujo en su alocución, a pocas horas de que León XIV se encuentre con algunas de ellas.
"Identificarse con las palabras de Su Santidad es una obligación ética de cualquier Estado democrático", apuntó la presidenta del Congreso, para convenir que también hay que compartir el contenido de su primera encíclica, Magnifica humanitas, y sobre todo el eje que la sustenta, que la tecnología "ha de estar al servicio de la humanidad". "Debemos reorientar la economía hacia la dignidad y la tecnología hacia la igualdad, la estabilidad y la inclusión, impongamos de una vez nuestras políticas humanistas y responsables, porque ninguna innovación será verdaderamente valiosa si erosiona aquello que nos define como sociedades libres y democráticas", resumió.
Así que las Cortes, remachó, reafirman este lunes su "compromiso con la paz, con la cooperación internacional, con la igualdad, con la defensa de los derechos humanos y con la dignidad inviolable de todas las personas", objetivos que son también la enseña del Pontífice. Y recibiéndolo con "respeto y gratitud", acabó, las Cámaras se alían con él en una "responsabilidad compartida, una que allane el necesario camino hacia la esperanza".
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