España

Puigdemont no se plantea ahora apoyar una moción a la espera de su amnistía y en mitad de la guerra en Junts

El estallido de la crisis por la candidatura a la alcaldía de Barcelona, tiene a la derecha independentista divida en varias facciones

El ex presidente de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont
El ex presidente de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont

Las dos formaciones políticas que podrían marcar un antes y un después en el actual escenario político, PNV y Junts, ni están ni se les espera para una moción de censura instrumental contra Pedro Sánchez, al menos a corto plazo. Por mucho que eleven la voz, por mucho que digan que así no se puede seguir, como hizo este fin de semana el líder peneuvista, Aitor Esteban, ninguna de las dos quiere, ni puede de momento, embarcarse en sumar sus votos en una moción de censura encabezada por Alberto Núñez Feijóo. Esta es una realidad que manejan los populares mientras que las preguntas en este sentido se les acumulan a los principales dirigentes. Ayer fue al portavoz del partido, Borja Sémper, que exigió a Esteban que fuera más allá de sus palabras. Hoy le tocará a su portavoz parlamentaria, Ester Muñoz.

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Hace tiempo que dieron por descartada la vía del PNV y los ojos se giran hacia Junts, partido con el que han pactado no pocas propuestas en el Congreso de los Diputados. La derecha independentista no ha tenido inconveniente en unir sus votos a PP y Vox en cuestiones de vivienda o de indole económico y fiscal. Pero de ahí, a dar el paso a apoyar una moción de censura, va un enorme abismo, auque sea para convocar elecciones generales. De un lado, el inquilino de Waterloo, Carles Puigdemont, sigue pendiente de su indulto. De otro, Junts está inmersa en una pelea interna de la que ha sido su máximo exponente la candidatura al ayuntamiento de Barcelona, que sólo se solventará a través de unas primarias en las que puede haber más de cuatro candidatos.

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División en Junts entre los que abogan por el regreso de Puigdemont y los que le quieren fuera de la primera línea

Es la punta del iceberg de un partido desnortado, con un líder fugado en Bélgica, al que algunos esperan de regreso a Cataluña "como si a su paso se fueran abrir las aguas", dice con ironía un dirigente del PP catalán, y otros "creen que ya ha llegado su momento de dar un paso atrás, de abandonar la primera línea política" y dejar de alimentar el aura del presidente legítimo en el exilio, estilo Josep Tarradellas. Eso internamente, porque externamente tienen la enorme presión de Alianza Catalana, que amaga con presentarse a las próximas elecciones generales y arañarles unos cuantos escaños en Madrid.

Significa, según el análisis de los populares, que Junts "necesita tiempo para poder recomponerse internamente", por lo que "no le interesa ir a legislativas a corto plazo" y menos aún sin tener resuelto el futuro del inquilino de Waterloo. No obstante, el paso del tiempo tampoco es una garantía de supervivencia para los herederos de un partido que lo fue todo en Cataluña.

Y ahí está la raíz de la pelea entre los herederos de Convergencia, simbolizados por Xavier Trias, de un lado, y el fugado de la Justicia, por otro. Trias se abona a la tesis de que "es imposible mandar estando fuera", según dijo en una entrevista en el Periódico de Cataluña el pasado mes de diciembre. Pero incluso si Puigdemont vuelve de su retiro en Bélgica, cree que bajo ningún concepto debería ser de nuevo el candidato autonómico, siguiendo el modelo bicéfalo del PNV. Una desautorización en toda regla.

La guerra por la candidatura de Barcelona

Ese enfrentamiento se ha reproducido en la búsqueda de la futura candidatura al ayuntamiento de Barcelona. No es tema menor para un partido que ha perdido cuotas de poder a chorros: ni la presidencia de la Generalitat, ni el ayuntamiento barcelonés ni las diputaciones provinciales a excepción de la de Gerona. Además, en Cataluña el control municipal siempre ha sido muy importante. Trias, que ganó los comicios en Barcelona en 2023 pero vio arebatado su bastón de mando por el socialista Jaume Collboni, dejó de delfín al actual potavoz de Junts en el consistorio barcelonés,  Jordi Martí. Pero Puigdemont puso sus ojos sobre Josep Rius, vicepresidente del partido y diputado en el Parlament, que parece se ha retirado de esa carrera no sin bronca.

Pero unas primarias que confrontarán un modelo con otro dejarían a Junts aún más herida de lo que ya está ahora. La crisis interna no para ahí porque han surgido más aspirantes a alcaldables. Se trata de Jaume Alonso Cuevillas, que fuera apbogado de Puigdemont; del ex consejero de Economía y Hacienda Jaume Giró, y de la diputada Glòria Freixa, entre otros. La fecha tope para decidirse es el 4 de junio, dos días después de la declaración de José Luis Rodríguez Zapatero.

Pendientes de la declaración de Zapatero

Habrá que ver hasta qué punto lo que diga el ex presidente del Gobierno en la Audiencia Nacional ante el juez José Luis Calama constituye un punto de inflexión en el devenir de la legislatura. En principio parece que negará los gravísimos indicios del auto judicial y todo ello sin descartar que se decreten medias cautelares como la retirada del pasaporte o la prohibición de salir de España. Lo más extremo sería su entrada en prisión preventiva, un auténtico terremoto político, pero no lo suficiente, en principio, para que Puigdemont cambie su agenda.

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