Margarita Robles lo ha vuelto a hacer y… a deshacer. La ministra de Defensa se desmarcó otra vez de las consignas del Gobierno al que pertenece, esta vez a cuenta del asalto multitudinario a las costas de Ceuta en lo que fue una clara violación de la integridad territorial de España. Apuntó a Marruecos y defendió a los servicios de información e inteligencia, cuyo trabajo cuestionó el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Pero hubo un segundo capítulo, generador de un enorme malestar en Moncloa, al comprometerse a acudir al Senado, a petición del PP, para comparecer ante la comisión de Defensa. Y como guinda final, su énfasis en defender la españolidad de Ceuta y de Melilla, a las que "no se les toca", puso en evidencia a muchos de sus compañeros de Consejo de Ministros, no porque cuestionen la soberanía de las dos ciudades, sino por un tono que tuvo mucho de imperativo destinado a Rabat.
Finalmente, lo que se entendió desde Moncloa poco menos que como un acto de alta traición, fue desactivado. Se ha visto forzada a dar plantón al Senado, donde iba a comparecer el próximo martes, aunque suponga desoir el llamamiento de una Cámara de representación popular. Rebelde, sí, muchas veces, pero otras con marcha atrás.
Pugna con Marlaska y Bolaños
Critican de Robles y no precisamente desde la oposición, que "va por libre", que es "un verso suelto". Y lo cierto es que si cualquiera escribe en internet ‘Margarita Robles se desmarca…’ le asaltará una cantidad ingente de informaciones ilustrando las veces en que ha marcado distancias contra los argumentarios monclovitas, en general, y no pocas veces contra Marlaska y Félix Bolaños, en particular con quienes mantiene una pugna soterrada, y no tan soterrada, desde hace mucho tiempo.
Las hostilidades alcanzaron su cénit durante el caso del espionaje a dirigentes independentistas y miembros del gobierno con la tecnología Pegasus en mayo de 2022. Se abrió entonces un agrio debate sobre el papel del CNI, dependiente de Robles, mientras Interior se desentendía de cualquier tipo de responsabilidad. La polémica alcanzó a Bolaños, ministro de la Presidencia, a quien correspondía, según le acusaron desde Defensa, estar pendiente de la supervisión de los móviles del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, también pinchado.
El cese de Paz Esteban sigue siendo hoy por hoy el sapo más grande que se ha tragado
Robles se encastilló en la defensa del CNI y de su máxima responsable, Paz Esteban, a quien parecía proteger contra viento y marea. Pero la crisis exigía de una cabeza de turco con la que satisfacer al independentismo y tapar un escándalo al que el Gobierno acabó poniendo sordina. Fue uno de esos casos, quizá el más sonado, de marcha atrás de la ministra de Defensa. Acaso el momento más delicado de todo su mandato. Cuando cesó a Esteban se enredó en una cuestión semántica bastante vergonzosa. Apeló a que no se trataba de una destitución sino una sustitución. Hasta el BOE desmintió sus palabras.
Pero a pesar de ese enorme sapo, Robles no ha dejado de marcar distancias con el mainstream del Consejo de Ministros en temas capitales. El caso contra el ya ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz es otro buen ejemplo. Mientras Moncloa apelaba a su continuidad en el cargo a pesar de estar imputado por un delito de revelación de secretos sobre la pareja de Isabel Díaz Ayuso, la ministra de Defensa recordó que existía el verbo dimitir. Lo hizo a su manera, diciendo sin decir, jugando con las palabras, pero el mensaje era cristalino. "La ley no prevé expresamente un supuesto de dimisión en este caso concreto, por tanto, es una decisión personal que tiene que tomar el fiscal general", animó.
"Orgullo" por los jueces españoles
Tampoco se ha sumado a las tesis de lawfare, con la única excepción de la instrucción "a espasmos" del juez Peinado contra la esposa del jefe del Ejecutivo, Begoña Gómez, o su "inaceptable tono" contra Bolaños cuando le tomó declaración en Moncloa. A fin de cuentas viene de la carrera judicial y sea por corporativismo o no, se le hace bola ese ataque generalizado a la judicatura. "Soy juez, que es lo más importante para mí porque creo profundamente en la Justicia y en un poder judicial independiente, por lo que me siento orgullosa de los jueces españoles". Y no han sido pocas las veces que ha puesto el contrapunto en favor de sus compañeros de profesión.
No hay que irse muy lejos en el tiempo para documentar otras muestras de rebeldía de la ministra sin carné socialista. El pasado mes de junio condecoró con la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo al general de brigada Rafael Vicente Yuste Arenillas, antiguo jefe de la UCO. El mismo al que la cúpula de la Guardia Civil, hoy imputada pero avalada por Marlaska, quería se pusiera "de perfil" en los casos de presunta corrupción que afectaban al Gobierno y al PSOE.
Fue Robles la que se reunió con el embajador estadounidense, Benjamín León, en mitad de las amenazas de Donald Trump a España por no secundar su ataque a Irán o la que se enfrentó a la ministra de Sanidad, Mónica García, al puntualizarla que las cuarentenas no podían ser obligatorias cuando estalló el caso del hantavirus. Ha coleccionado choques con los socios de Ejecutivo. En la anterior legislatura con Irene Montero e Ione Belarra y, ahora, con los magentas. A la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, le invitó a que se dejase las "lamentaciones" y que se centrase "en trabajar mucho en su ministerio" cuando a finales de año reclamó una profunda remodelación del Ejecutivo ante los casos de corrupción y denuncias por acoso sexual que rodeaban al Gobierno y al PSOE.
La única lealtad admitida y reconocida por Robles es hacia Pedro Sánchez. Él la ha llevado a donde está ahora, no sin enormes vicisitudes. En su segunda vida política ha ligado su futuro al del presidente del Gobierno. Fue una de las que votaron en contra de la investidura de Mariano Rajoy en 2016 y que pertenece al Ejecutivo de Sánchez desde 2018. Ni siquiera que éste la calificara de "pájara" en un intercambio de mensajes con José Luis Ábalos parece haber hecho mella en dicha lealtad. Sí, es un "verso suelto", pero no parece que sea un "verso libre".
1 Comentarios
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hace 5 segundos
Robles es el Page en el gobierno.
Si mantiene una distancia pero nunca se sale del redil.