Javier Camarena se ha consolidado como uno de los tenores líricos más destacados de su generación. Nacido en Veracruz, México, su trayectoria lo ha llevado a los escenarios más prestigiosos del mundo, desde el Metropolitan Opera hasta La Scala, el Teatro Real o el Teatro Liceu, donde vuelve, una y otra vez, como un referente del repertorio italiano y francés. Camarena se distingue por su compromiso dramático y su capacidad para humanizar a sus personajes, un empeño que lleva a su interpretación de Romeo, un personaje relativamente nuevo de su repertorio, en el Teatro Real. 

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Entre el 27 de mayo y el 13 de junio, el Teatro Real acoge 13 funciones de Romeo y Julieta, de Charles François Gounod (1818-1893), en una gran coproducción con la Ópera Nacional de París estrenada en 2023 en la Bastilla. La obra regresa al escenario madrileño en versión escénica por primera vez desde 1911, con una puesta en escena de Thomas Jolly que sitúa la acción en plena peste de Verona para reforzar así el carácter trágico, fatalista y urgente del amor de los dos protagonistas. 

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Pregunta: ¿Cómo ves a Romeo en 2026?

Respuesta:  Es una pregunta complicada si vemos el cambio de ideologías que ha habido ya de mi generación -yo recién he cumplido 50- a las generaciones actuales. Imaginar cómo piensa un joven de 16, 17 años y cómo pensaba un personaje como Romeo, yo creo que serán muy raras las coincidencias que puedas ver. Hoy nos encontramos con adolescentes de 30, 35, 40 años y este nivel de compromiso, este nivel de entrega que hay entre estos dos personajes, entre Romeo y Julieta, es realmente complicado imaginarlo hoy, en este tiempo en el que nos hemos enfrentado a diversas revoluciones, desde el punto de vista sexual, desde el punto de vista ideológico. Es realmente complicado pensar en este tipo de compromiso que te lleve hasta la fatalidad, que es todo el drama de Romeo y Julieta. Es un personaje al cual vale la pena volver la mirada, no tanto por la pasión, por el arrojo, por el “me desvivo” de esta manera tan temperamental, sino por su capacidad de entrega, por su capacidad de amar y de creer.

Javier Camarena y Nadine Sierra.
Javier Camarena y Nadine Sierra en Romeo y Julieta. | Javier del Real

P: ¿Qué te ha aportado a ti Romeo? ¿Qué personaje va a entrar dentro de los preferidos de tu repertorio?

R: Es hoy por hoy, yo creo, mi personaje favorito. Es un personaje que me brinda no solamente la posibilidad de cantar melodías maravillosas y entrañables, dúos preciosos al lado de Julieta, sino que me permite entrar en este desarrollo del personaje que, afortunadamente, a ver, esta es mi segunda producción de Romeo y Julieta, pero este desarrollo psicológico, que si bien es relativamente breve, en lo que sucede en la ópera hay un desarrollo en el personaje, hay un desarrollo psicológico. Hay un punto, desde la parte musical, que describe toda esta parte más inocente, mucho más tranquila, más sobria, hasta que nos lleva de la mano con la música y el libreto a esta psicología de entrega total y de absoluto sacrificio, que sí habla de una cierta madurez.

P: El público te quiere mucho por tus bises, y me gustaría saber cuál es el personaje con el que más cómodo te sientes dando un bis.

P: Con ninguno, yo agradezco esa efusividad por parte del público delante de mi trabajo y de mi expresión a la hora de representar algún personaje, pero siempre requiere un gran esfuerzo pues tiene uno que aguantar, porque muchas veces todavía falta para que termine la representación. Es muy emocionante ser testigo de primera mano del poder que tiene la ópera para conmover y para emocionar al público. Yo me siento profundamente agradecido por esta oportunidad en la que ambos, tanto el público como yo, hemos podido disfrutar de esta emoción en la música, en el teatro, en una representación en vivo. 

P: ¿Qué piensas cuando estás ahí esperando a que el público termine la ovación? ¿Qué pasa por tu cabeza en ese momento?

R: En primer lugar es una sensación de profunda gratitud, gratitud con la vida, con el público, por la oportunidad de estar ahí, de estar viviendo este momento. Muchas veces, las veces que tal vez se ha podido captar en cámara estoy muy conmovido y muy emocionado. Muchas veces la lagrimita quiere salir porque sí, es realmente un momento muy emocionante, lejos de lo que se pueda pensar en la parte de vanidad. Realmente para mí esa parte está muy lejos de estar en mí, en mi pensamiento, en mi corazón. Luego viene la otra parte, la parte del artista, en la que digo: han sido diferentes representaciones, diferentes óperas en las que hay más o menos compromiso. La hija del regimiento es una de las más mencionadas porque, pues bueno, es una ópera que tiene su grado de dificultad, es una ópera y un aria que a mí me fascinaba cantar, que en el momento de estar estudiando no hacía solamente dos veces el aria, la hacía cinco, seis. Entonces, hacer una representación ya dentro de la obra era algo muy emocionante. Después nos encontramos con Elixir de amor o La Cenerentola o incluso en el Teatro Liceu, el dúo entre Elvira y Arturo en la ópera Los puritanos, que fue un momento muy emocionante para mí, para mi compañera, que era Pretty Yende en ese momento.

A la hora de estar en ese momento de “¿qué va a pasar?, ¿qué voy a hacer?”, hacer el chequeo de cómo está la voz y aventurarse, son minutos de, no puedo decir de angustia, pero sí de una reflexión muy rápida en si puedo o no puedo hacerlo, en si es realmente un momento que lo amerita. Porque también eso ha sido algo de lo que yo siempre he hablado: no es que dos personas gritan “bis” y con un aplauso de 30 segundos voy a hacerlo. No, estamos hablando de aplausos considerables, que no son de esos aplausos de antaño que duraban 10, 15, 20 minutos, pero hablar de un aplauso de 3 o 4 minutos es algo considerable en el teatro y en un público actual. Es sobre todo esta parte de emoción, de compromiso y de responsabilidad y autoconocimiento, en el sentido de saber que realmente voy a poder ser capaz de entregar algo, si se puede, aún más emocionante.

P: ¿Cómo llega Javier Camarena a la ópera? 

R: A la ópera llego por una clase de italiano. Tuve la suerte de tener un maestro napolitano que amaba la ópera y que, cuando llegó a la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana, donde estaba yo estudiando, lo primero que dijo fue: “Si ustedes están estudiando italiano para cantar italiano, deben saber cómo se escucha el italiano cantado y la aplicación que tiene en la profesión que ustedes están estudiando”. Entonces fue él el primero que me mostró una ópera completa, más que mi maestra, que estaba muy enfocada en la cuestión técnica y no tanto en el repertorio, porque yo trabajé muchos estudios de técnica vocal al inicio y no tenía realmente un conocimiento del mundo y del género operístico. Fue este maestro el que me introdujo a él, Mauro de Rosa. Con tal suerte que lo primero que me muestra es este Plácido Domingo cantando Turandot en el Met, una producción en vivo, y me acuerdo de que tenía un láserdisc. Me quedé pasmado, maravillado, de todo lo que estaba pasando. Es una producción bellísima que creo que hasta la fecha la tiene el Met. Entonces fue impresionante sentir este impacto. Y no era una producción en vivo: la primera producción que yo vi en vivo fue La Bohème, también de Puccini, en Xalapa, una producción que se llevaba de la Ciudad de México para allá. Pero fue ese mi primer encuentro con la ópera. Después, en las siguientes clases, vimos con Plácido Domingo también la producción de Zeffirelli de Pagliacci.

Yo me llamo Javier Camarena Pozos. O sea, Camarena y Pozos ¿Qué otros apellidos más españoles puede haber?

P: ¿Qué años tenías entonces?

R: Yo tenía 19 o 20, y fue a partir de ahí que mje dije: yo quiero hacer esto.  Fue un proceso en el que yo siempre me he considerado muy realista en el sentido de que no ambicioné de inmediato querer cantar este Nessun dorma. Aún ahora, cuando la canto, lo hago con una conciencia plena de que no faltan los comentarios de “qué está haciendo cantando a ver Nessun dorma”, es una de las arias más fáciles de cantar, siendo honestos. Hasta gente sin técnica en concursos televisivos la canta. O sea, no es un aria exigente. La ópera lo es. Y no voy a cantar la ópera, no. Entonces siempre he sido muy responsable en ese sentido y la ambición no llegó de golpe. Fue un proceso en el que fui conociendo mi voz y en el que fui adaptando el repertorio a mis diferentes posibilidades a lo largo del tiempo.

P: ¿Dónde tiene su casa un tenor reconocido internacionalmente que está viajando constantemente?

R: Eso es muy fácil de responder: donde esté mi familia.

P: Te has convertido casi en un embajador de México, cómo ves las relaciones de España y México, que sabes que han pasado por algunos baches

R: Siempre es un tema escabroso hablar de política, sobre todo yo que nunca he estado realmente vinculado ni he querido estar como partícipe. Sin embargo, sí creo que son mucho más las cosas que nos unen que las que nos dividen, mucho más. Empezando por el idioma, siguiendo por un pueblo que, si no es católico, es guadalupano, y que la Virgen de Guadalupe nos la trajo España, somos un pueblo de descendientes. Yo me llamo Javier Camarena Pozos. O sea, Camarena y Pozos ¿Qué otros apellidos más españoles puede haber? Por no mencionar otros, ¿no?, López o tantos otros apellidos que marcan nuestra ascendencia.

Sí me considero un embajador de México en el mundo. Estoy felizmente viviendo aquí en este país que me ha acogido de una manera tan calurosa en los diferentes teatros, en los diferentes escenarios en los que me he presentado. Tengo un amor profundo por España, y esto es lo que quiero proyectar siempre en cada escenario en el que me presente.

P: ¿Están mejor relacionados los mexicanos y los españoles que los gobernantes españoles y mexicanos, indistintamente de sus ideologías?

R: Yo estoy casado con el Teatro Real, con el Teatro Liceu. Los otros no sé con qué agendas están casados.

Javier Camarena, durante la entrevista con El Independiente en el Teatro Real.
Javier Camarena, durante la entrevista con El Independiente en el Teatro Real. | Israel Cánovas

P: ¿Qué nos puede todavía dar la ópera en el mundo en el que vivimos?

R: La ópera siempre ha dado a todo el mundo un respiro, aunque de una manera tal vez no directa. No puede retratar realidades, puede tocarnos de diferentes maneras con diferentes temas, en algo que es parte de nuestra realidad. La gran maravilla es que lo hace siempre de una manera muy gentil.

A veces no nos damos cuenta, a veces es muy directa, y es donde la gente encuentra esta parte que es un poco transgresora en las propuestas escénicas actuales. Hoy, en esta producción que ofrece el Teatro Real de Romeo y Julieta, nos encontramos en un momento temporal que sí nos remite a cierto periodo histórico, pero que a la par del ballet y de todas las cosas que están sucediendo alrededor de esos personajes también nos puede traer a algo un poco más contemporáneo.La ópera nos da placer auditivo, nos da esta posibilidad de soñar con otros universos, pero a la vez nos invita muchas veces a la reflexión y a ver, aunque no queramos a veces, esa realidad. Óperas como Lucia di Lammermoor, como Rigoletto, que hablan de problemáticas familiares, de violencia, son cosas que desgraciadamente aún no hemos superado como sociedad y verlas retratadas de repente en la ópera puede no ser incómodo, pero el arte no se trata de comodidad en general, y la ópera tampoco tiene por qué serlo. Sí, en cierta manera también nos invita y nos puede ayudar a conocer cosas de nosotros mismos que tal vez no sabemos que ahí están.