El profesor y doctor Stefan Rahmstorf, oceanógrafo y climatólogo experto en Física de los Océanos en la Universidad de Potsdam es el mayor experto sobre la circulación meridional de vuelco del Atlántico Norte (AMOC, por sus siglas en inglés). Esto es, la corriente que hace que se enfríen las aguas cálidas que llegan al Atlántico Norte procedentes de las zonas tropicales antes de que viajen hacia el sur, donde inician de nuevo el ciclo.

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Stephan Rahmstorf lleva años fijándose en un mancha de agua fría, un punto en el atlántico que, a diferencia del resto del planeta, se está enfriando y no calentado. Lo llaman  “cold blob”, “mancha fría” en inglés- y se encuentra al sur de Groenlandia e Islandia. 

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Un nuevo estudio liderado por Stephan Rahmstorf sostiene que esa “mancha fría” no se explica por un mayor intercambio de calor con la atmósfera, sino por cambios en el transporte oceánico de energía, en línea con una debilitación de la AMOC. Algo sobre lo que este científico viene investigando y que tras la publicación de este nuevo estudio está más seguro. 

La zona está al sur de Groenlandia e Islandia, en pleno Atlántico subpolar, y lleva años llamando la atención de los climatólogos por desafiar la tendencia global. El trabajo liderado por Rahmstorf, publicado en Geophysical Research Letters, subraya que allí el océano no solo ha dejado de calentarse: ha perdido contenido de calor en toda la columna de agua, no solo en la superficie.

Rahmstorf y sus colegas recalcan que la región no encaja con la idea de un simple episodio local de enfriamiento superficial. Según su análisis, la variación del calor oceánico en esa zona a lo largo de las últimas décadas está causado más por el transporte horizontal de calor dentro del océano.  

La investigación compara datos observacionales y reanálisis de superficie para separar dos mecanismos posibles que explicarían el enfriamiento de estas aguas: que el océano pierda más calor hacia la atmósfera o que le llegue menos calor desde otras latitudes. El resultado favorece la segunda hipótesis, porque las tendencias de flujo superficial no explican la magnitud ni la evolución del enfriamiento observado. Esa lectura convierte al “cold blob” en un posible indicador de una AMOC más débil, no en un simple efecto meteorológico pasajero.

La conexión con la AMOC

La AMOC es la gran cinta transportadora atlántica que lleva agua cálida hacia el norte y devuelve aguas más frías en profundidad. El estudio insiste en que el enfriamiento del Atlántico subpolar encaja con un menor aporte de calor por esa circulación.

La consecuencias de un parón o ralentización de la AMOC podrían ser de escala global, ya que el AMOC influye en múltiples regiones del planeta y modifica el clima y los ecosistemas en amplias zonas de África, Sudamérica y Europa. 

“Hasta hace aproximadamente un año existía debate en los congresos científicos sobre si realmente llegaría a detenerse por completo, hoy en día hay un amplio consenso y todos los modelos indican que se va a parar . La duda actual de los científicos ya no es si pasará, sino cuándo pasará, y se estima que ocurrirá en una horquilla de entre una y dos décadas”, afirma el científico Fernando Valladares

Los científicos advierten que una interrupción de este sistema podría incluso desencadenar una nueva edad de hielo, dado que fue uno de los factores que contribuyeron a la última glaciación, ocurrida hace unos 12.000 años. “La consecuencia más directa del cese de la AMOC es un efecto contraintuitivo. Aunque el planeta en su conjunto siga calentándose, el centro de Europa y las latitudes centrales sufrirían una glaciación con condiciones extraordinariamente frías, puesto que estas regiones quedarían desconectadas del calor que la corriente transporta desde el ecuador y los trópicos”, añade Valladares.

Ante tanta incertidumbre de cuándo puede ocurrir este colapso o freno y ante los evidentes riesgos que puede tener su colapso, especialmente en el norte de Europa, los científicos insisten en hacer seguimiento y estudio continuado del AMOC.  

Islandia lo tiene en cuenta

El gobierno de Islandia ha dado un paso sin precedentes al declarar que el posible colapso de la AMOC  constituye una amenaza existencial para la nación y un asunto de seguridad nacional. Con esta decisión, el país nórdico se convierte en el primero en el mundo en tratar un fenómeno climático específico como una amenaza de defensa nacional.

El ministro islandés de Medio Ambiente, Energía y Clima, Jóhann Páll Jóhannsson, confirmó que el posible colapso de la corriente oceánica que regula el clima Atlántico fue presentado formalmente ante el Consejo de Seguridad Nacional del país. "Nuestro clima, nuestra economía y nuestra seguridad están profundamente ligados a la estabilidad de las corrientes oceánicas que nos rodean", declaró el ministro.

El colapso de la AMOC, una amenaza ignorada por el IPCC

El último informe del IPCC consideraba muy improbable que se produjera un cambio abrupto en la AMOC durante este siglo. Pero cada vez más estudios sugieren lo contrario, alertando que hay indicios de que su colapso está cerca.