¿Qué es o qué fue la Movida madrileña? ¿Fue un movimiento artístico, un cambio social o es sólo una etiqueta turística y comercial? Julio Pérez Manzanares se lo pregunta mientras camina entre los cuadros de Ceesepe, de Guillermo Pérez Villalta y de Ouka Leele en la sala de exposiciones Alcalá 31 de Madrid. Es el comisario de Mitologías modernas, Ouka Leele & CO, una muestra que inaugura la nueva vida del arte de la Movida madrileña.
“Es la primera exposición que se realiza sobre la época que no está hecha por gente que la vivió y, por lo tanto, podía permitirme y debía permitirme como historiador del arte mirar las obras como se miran obras de carácter histórico, no recurriendo a determinadas mitologías personales o generacionales relacionadas con los movimientos culturales ni con etiquetas que, a día de hoy, tampoco sabemos muy bien si son culturales, sociológicas o turísticas como la de la famosa Movida”, explica Manzanares.
La muestra, que se puede ver hasta el 18 de octubre, contiene un centenar de obras de artistas como Ouka Leele (1957‑2022), El Hortelano (1954‑2016), Ceesepe (1958-2018), Carlos Franco (1951), Sigfrido Martín Begué (1959-2010), Guillermo Pérez Villalta (1948), Pablo Sycet (1953), las Costus -Enrique Naya, (1953‑1989) y Juan Carrero (1953‑1989), o Patricia Gadea (1960‑2006), entre otros.
Pese a semejante representación de artistas, la exposición no es una antología de la Movida sino que responde a una lectura alejada de implicación personal que, hasta la fecha, ha alimentado toda mirada sobre el arte producido en ese momento. “No hemos tratado de dar una visión global sobre lo que es el arte de los años 80, porque hay muchos nombres muy importantes que no han quedado dentro de la de la exposición y porque no es ese el objetivo”, afirma el comisario.
La muestra parte de la figura de Ouka Leele que es central en este acercamiento sobre la creación en el Madrid de los 80. “Es una fotógrafa que ha trabajado durante muchísimos años, pero su imagen y la creación de su iconografía personal y de su estilo parece haber quedado vinculado a un momento, lo cual yo creo que en ocasiones ha jugado en contra de toda esta generación, ligados a ese momento y a una etiqueta muy difusa, como pudo ser en su día la de la Movida”, afirma Pérez Manzanares.

La exposición quiere reflejar que detrás del trabajo de la fotógrafa hay un trabajo intelectual bastante profundo y que no es solo una cuestión casual de tener una cámara en un determinado momento.
El comisario ha querido dar valor a la obra de Ouka Leele a través de su relación con la pintura. "Ella siempre tuvo esa vocación de pintora eh toda la toda su vida y siempre estuvo muy atenta a la pintura y por eso está acompañada de pintores cuando lo normal hubiera sido que se acompañe de los fotógrafos del momento". De esta manera crea un relato en el que la obra de Ouka Leele, se pone en diálogo con otras obras de sus coetáneos, “en la fusión con los lenguajes más underground y sobre todo ello trasladado por el interés mitológico, artístico y social que hay en el momento”, asegura Pérez Manzanares.
“A medida que pasan los años, veo su obra muy actual y a nivel internacional tiene muchísima repercusión en Francia o en Asia”, asegura María Rosenfeldt, hija de Ouka Leele y gestora del legado y la colección de la artista. “He notado como ha habido una evolución desde que ella falleció hasta ahora y creo que fuera se está reconociendo muchísimo su obra, también muchos estudiantes que hacen sus tesis sobre ella. Creo que todavía nos queda un largo camino de ver cómo evoluciona la carrera de Ouka Leele.
En esta nueva vida del arte de los 80 se le dota de una dimensión histórica que arranca con una muestra como esta, pero puede terminar con la serie de las Costus sobre el Valle de los Caídos en un Cuelgamuros resignificado. “Ojalá, ojalá, ojalá. No me parecería una mala manera de resignificarlo, porque ellos mismos se preguntaban cuando empiezan a hacer la serie del Valle de los Caídos en el 81, qué hacer con Cuelgamuros", recuerda este historiador del arte. "Que apareciera ahí su seri de Valle de los caídos sería también un signo de que, efectivamente, se puede tener miradas nuevas”.

La estrella Ouka Leele
En este dibujo de El Hortelano de 1977, presente en la muestra, se reproduce una constelación con varios nombres, entre ellos, la estrella “Ouka Leele”, un nombre inventado que, en principio, no tenía significado. Bárbara Allende Gil de Biedma adoptó entonces ese nombre como artista para ella. 20 años después Ouka Leele ya era una artista consagrada y pensaba abandonar ese seudónimo. Entonces una amiga ecuatoguineana le explicó su significado: “Que des muy bien la vuelta al círculo de la vida”, explicó la artista a este periodista en 2013. Posteriormente dio con otras traducciones, como “recorrer la vida con éxito y muy bien”. “Siempre que empiezo a dudar del nombre aparece alguien de África y me da un significado”, contaba la artista.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado