PUBLICIDAD

Si pensamos en una historia épica protagonizada por aventureros en el hielo, tardamos poco en remontarnos al Endurance, la odisea de Ernest Shackleton que se hizo famosa en 1919 tras la publicación de su libro Sur. La historia de supervivencia de los integrantes de un barco hundido tras ser aplastado por el hielo en 1915, en el mar de Weddell, en la Antártida, se convirtió en una leyenda de las expediciones polares; hasta el punto que localizar su pecio ha sido una obsesión hasta que se encontró, casi intacto, en 2022

Un año antes que el Endurance, el Karluk había corrido una suerte parecida en la otra punta del globo cuando se hundió atrapado en el hielo ártico del mar de Siberia Oriental. Sus supervivientes fueron encontrados en octubre de 1914, pero su historia pasó desapercibida, el mundo estaba en llamas por la Gran Guerra que había empezado en julio de ese año. 

PUBLICIDAD

El escritor, periodista e investigador, Javier Peláez rescata la historia del Karluk en En busca del último continente (Crítica), “como una historia coral, llena de personajes, choques de ego y decisiones extremas que hicieron de aquel viaje una de las odiseas más olvidadas de la exploración polar”, explica. Se topó con esa historia mientras documentaba su libro 500 años de frío:  “Cuanto más buscaba, más diarios leía y más documentos encontraba, más claro tenía que ahí había una historia de película”, afirma.

El reflejo oscuro del Endurance

Esa historia de película tiene mucho de siniestro, la odisea de esta misión no es tan feliz como la del Endurance. “La de Shackleton es una historia positiva, de liderazgo, de compañerismo. La odisea del Karluk es casi su reflejo oscuro. Allí hay un ambiente mucho más áspero, más complicado, con personalidades fortísimas chocando entre sí y con una sensación constante de que todo puede venirse abajo”, asegura.

Para él, esa oscuridad no le resta valor; al contrario, la vuelve más interesante. “A veces las historias menos limpias son las más potentes, porque te enseñan algo más complejo sobre la gente”. En esa mezcla de ambición científica, desorden humano y resistencia extrema está reflejada en la fuerza de En busca del último continente.

Científicos del Karluk.
Científicos del Karluk.

En su relato, la expedición canadiense avanza con la idea de cartografiar lo desconocido, de encontrar ese “último continente” que se creía podría esconderse bajo el hielo en alguna parte del Ártico sin cartografiar, pero la ambición científica pronto queda absorbida por la precariedad, el frío y la deriva del barco. 

“Era la última gran expedición a la vieja usanza”, dice Peláez. “Después llegaron la radio, la aviación, la tecnología. Pero ahí todavía había hombres lanzándose al hielo sin red, sin comunicación, sin saber si alguien volvería a verlos. Y cuando eso pasa, lo que sale a la superficie no es solo la aventura: es la verdad de cada uno”.

Stefansson frente a Bartlett

Uno de los nombres que articulan aquel desastre es el de Vilhjalmur Stefansson, un explorador tan brillante como controvertido. Peláez lo describe como un personaje difícil de encajar en una sola etiqueta: “Era muy pagado de sí mismo, un tipo que llegó a decir que era el mejor explorador de la historia delante de Amundsen. Imagina el nivel de ego. Pero al mismo tiempo era un explorador de verdad, alguien que cartografió enormes extensiones desconocidas y que tuvo una relación muy estrecha con el mundo inuit”.

Supervivientes del Karluk.
Supervivientes del Karluk.

Cuando el Karluk quedó atrapado en el hielo, Stefansson decidió abandonar la expedición y seguir con la otra parte del plan, la del sur. “Él vio que aquello se iba a poner muy feo y se largó”, resume Peláez. “No se puede decir que supiera que iban a morir, pero sí que entendía que los iba a dejar en una situación muy mala”, añade.

Frente a Stefansson aparece la figura de Robert Bartlett, el capitán, a quien Peláez presenta como el verdadero héroe moral de la expedición. “Bartlett es el ejemplo del tesón, del buen liderazgo, del arriesgarse por tus compañeros. Hizo una de las hazañas más grandes de la historia al caminar más de 100 kilómetros por la Siberia más aislada en busca de ayuda”.

Familia Inuit que viajaba en el Karluk.
Familia Inuit que viajaba en el Karluk.

Los inuits, los verdaderos supervivientes

Ese trayecto fue decisivo para intentar rescatar a los náufragos abandonados en la isla Wrangel. “Él siguió adelante con un inuit, Katakovic, en condiciones extremas, y eso dice mucho de quién era y de lo que significaba la supervivencia en aquel contexto”.

En la historia del Karluk, sin embargo, los protagonistas no son solo los grandes nombres. Peláez subraya la importancia de los inuits, a menudo relegados en los relatos clásicos de exploración. “Desde siempre han sido los grandes protagonistas invisibles de la exploración ártica. Durante 500 años, ellos han salvado a expedicionarios europeos y norteamericanos que llegaban sin saber casi nada de supervivencia”.

En el Karluk, esa ayuda fue decisiva. “Sin los inuits, muchos no habrían sobrevivido. Son ellos quienes saben vivir en ese entorno, quienes entienden el frío, quienes saben cuándo hay que refugiarse. Y eso cambia por completo la lectura de la historia”.