El 9 de julio de 1994 el Foxboro Stadium, de Boston el ambiente estaba calentito, pero no por la temperatura. Un codazo de Mauro Tassotti a Luis Enrique ignorado por el árbitro concentró toda la frustración futbolera de generaciones de españoles que veían evaporarse sus sueños de ganar un mundial, una vez más, en cuartos de final de la Copa del Mundo ante Italia. Pero aquel pasado no volverá. Ningún italiano romperá la nariz a nadie, Italia no está clasificada y hoy el VAR no dejaría impune aquella acción. Con todo, el ambiente sí estará calentito, y mucho, pero porque el clima de 1994 no es el mismo que el de 2026.

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La Copa del Mundo de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México se disputará con un riesgo de calor y humedad “mucho mayor” que el que vivió el torneo de 1994 en Norteamérica, según un nuevo análisis de la red científica World Weather Attribution (WWA). El estudio, elaborado a partir de datos horarios de las 104 sedes y horarios oficiales, advierte de que el calentamiento global ha duplicado la probabilidad de que los partidos se jueguen por encima de los umbrales que el sindicato mundial de futbolistas FIFPRO considera peligrosos para la salud.

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“El anterior Mundial de fútbol en Norteamérica se celebró en 1994 y, desde entonces, la temperatura media global se ha incrementado entre 0,5 y 0,7 °C”, asegura Rubén del Campo, portavoz de Aemet. “Es una cifra que quizás no parezca muy elevada, pero supone alrededor de la mitad del calentamiento observado en el último siglo y medio. Además, desde mediados de los años 90, cuando se celebró el anterior mundial en EE.UU., los efectos del cambio climático se han intensificado en todo el planeta, especialmente, las olas de calor”, añade el meteorólogo en declaraciones a Science Media Center España (SMC). 

De acuerdo con WWA, aproximadamente el 25% de los encuentros del Mundial, unos 26 partidos, se disputarán con un índice de temperatura de bulbo húmedo (WBGT, por sus siglas en inglés) igual o superior a 26 grados, nivel a partir del cual FIFPRO recomienda medidas de protección como pausas de hidratación adicionales, enfriamiento activo y cambios en la carga física. Alrededor de cinco partidos se jugarán previsiblemente por encima de 28 grados WBGT, un rango que el sindicato califica de “inseguro” y para el que aconseja directamente el aplazamiento.

El WBGT es un índice que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento para estimar hasta qué punto el cuerpo puede refrigerarse de forma eficaz, y se considera una referencia más fiable que el termómetro para evaluar el estrés térmico durante la actividad física intensa. “Cuando la WBGT supera los 26 grados, el rendimiento de los jugadores puede resentirse; por encima de 28, el riesgo de golpes de calor graves aumenta de forma preocupante, también para los cientos de miles de aficionados en estadios y fan zones al aire libre”, asegura Chris Mullington, del Imperial College de Londres.

“Cuando envolvemos un termómetro de los de antes, los de mercurio, con una toallita húmeda, medimos lo que se conoce como la ‘temperatura del bulbo húmedo’, y nos dice cuánto baja la temperatura por la humedad. Es decir, indica la capacidad del cuerpo para regular su temperatura por sudor. Llega un momento, cuando la temperatura del bulbo húmedo supera los 26-28 ºC, en que tenemos dificultades para termorregular a través de la sudoración, lo que puede desencadenar el colapso en nuestro organismo”, explica Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio.

“La última vez que se jugó un Mundial en los Estados Unidos fue en 1994. En ese Mundial, la temperatura del bulbo húmedo superó los 26 °C y 28 °C durante 21 y tres días, respectivamente. Se espera que estas cifras asciendan a los 26 y cinco días para las temperaturas del bulbo húmedo por encima de los 26 y 28 ºC. Esto representa un aumento significativo del riesgo para los jugadores y también para los espectadores”, incide De Dios.

El informe subraya que el riesgo no se limita a la fase de grupos: 18 encuentros, casi una quinta parte del total, están programados en estadios a cielo abierto con al menos un 10% de probabilidades de superar los 26 grados WBGT. Entre ellos figuran la final, el partido por el tercer puesto y dos cuartos de final.

La sede de la final, el estadio de Nueva Jersey en Nueva York, afronta ahora una posibilidad de uno entre ocho de rebasar los 26 grados WBGT y en torno a un 3% de alcanzar el umbral de 28 grados, aproximadamente el doble de riesgo que en 1994. En Miami, donde el estadio carece de techo cerrado, WWA habla de una “casi certeza” de que varios partidos —como un posible cruce de cuartos de final— se jueguen por encima de 26 grados WBGT. Kansas City también figura entre los puntos calientes: pese a horarios más tardíos, partidos como el Túnez–Países Bajos tendrán un 7% de opciones de superar el límite de 28 grados que FIFPRO asocia con la suspensión del juego.

Fuera de los recintos climatizados de Dallas y Houston, los aficionados tampoco están a salvo: el estudio estima una probabilidad de uno entre tres de que las temperaturas en las zonas de acceso y en los eventos de seguidores superen los 28 grados WBGT durante buena parte del torneo. Los organizadores prevén fan zones al aire libre en las 16 ciudades sede, lo que podría exponer a centenares de miles de personas a condiciones de calor extremo.

Medias de WBGT y de temperaturas máximas en EEUU entre el 11 de junio y el 19 de julio entre 1990-2020.
Medias de WBGT y de temperaturas máximas en EEUU entre el 11 de junio y el 19 de julio entre 1990-2020.

El papel central del cambio climático

Para determinar el origen de este aumento del riesgo térmico, WWA ha realizado un estudio de atribución completo con modelos climáticos que compara el clima actual con el de 1994. Las conclusiones son claras: el incremento de las probabilidades de episodios de calor peligroso se debe al calentamiento causado por actividades humanas, no a la variabilidad natural.

“Alrededor de la mitad del cambio climático provocado por el ser humano ha ocurrido desde que el Mundial se celebró por última vez en Norteamérica, en 1994”, señaló Joyce Kimutai, investigadora de fenómenos extremos en el Imperial College. Su colega Friederike Otto añade que el hecho de que la propia final “tenga un riesgo nada desdeñable de disputarse en condiciones de calor de ‘nivel cancelación’ debería ser una llamada de atención para la FIFA y para los aficionados”.

Ante este escenario, el sindicato mundial de futbolistas FIFPRO ha reiterado su exigencia de protocolos estrictos frente al calor, entre ellos más pausas de hidratación, tiempos de recuperación ampliados, uso de equipamiento de enfriamiento y, cuando sea necesario, cambios de horario o aplazamientos. “Las estimaciones sobre la probabilidad de que los partidos del Mundial 2026 se jueguen en condiciones de WBGT elevada están en línea con nuestros propios cálculos publicados en 2023 y justifican la implementación de una serie de estrategias de mitigación”, afirma Vincent Gouttebarge, director médico de FIFPRO.

Los expertos subrayan que las decisiones no deberían basarse solo en la temperatura del aire que marque el termómetro. “Un día de 30 grados seco y ventoso es muy distinto a un día de 30 grados con mucha humedad, sol intenso y poco viento”, recuerda Mullington, para quien resulta “esencial” contar con guías claras y objetivas que protejan tanto a los jugadores como a los aficionados si se registran episodios de calor extremo durante el torneo.