El brote de ébola detectado en África central ha encendido las alarmas internacionales tras confirmarse que está causado por el virus de Bundibugyo, una variante poco frecuente para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado una emergencia de salud pública de importancia internacional (PHEIC) ante la expansión de casos en la República Democrática del Congo y Uganda, un estatus que no alcanzó la crisis del brote del hantavirus. Por su parte Médicos Sin Fronteras ha activado toda su logística sanitaria en estos países ante la gravedad del brote.

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“Este es un brote preocupante por varias razones”, advierte Daniela Manno, profesora clínica adjunta en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Según explica, en declaraciones al Science Media Center España, la detección tardía sugiere que la transmisión pudo haber estado activa durante semanas antes de su identificación oficial. A ello se suma que “el brote se está produciendo en una región afectada por la inseguridad, el desplazamiento de población y una alta movilidad de personas”, factores que complican el rastreo de contactos y la respuesta sanitaria.

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El virus del Ébola.

Qué es el virus de Bundibugyo 

La enfermedad por el virus de Bundibugyo es una de las variantes del ébola causada por el ebolavirus Bundibugyo, un miembro de la especie Orthoebolavirus. Se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas, así como con objetos contaminados, y provoca fiebre, debilidad intensa y, en casos graves, hemorragias severas.

A diferencia de la cepa Zaire, para la que ya existen algunas vacunas y tratamientos específicos, la variante Bundibugyo carece de herramientas preventivas aprobadas, lo que complica el control de brotes.

¿Es una pandemia?

La declaración de PHEIC no implica que el brote se haya convertido en una pandemia, sino que requiere una acción internacional coordinada. “Refleja que el evento se considera lo suficientemente grave como para movilizar financiación, apoyo técnico y colaboración transfronteriza”, señala Manno. La última vez que la OMS activó este nivel de alerta por ébola fue durante los brotes en África Occidental , entre 2014 y2016, y en el este de la República Democrática del Congo, entre 2018 y 2020.

Desde el punto de vista científico, la identificación del virus Bundibugyo introduce un desafío adicional. Emma Thompson, profesora de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Glasgow, subraya que los primeros test diagnósticos no detectaron el virus, lo que apunta a “puntos ciegos diagnósticos tempranos que retrasaron su detección”. Además, la aparición de casos en grandes ciudades como Kinshasa y Kampala evidencia que el virus ya se ha desplazado a largas distancias antes de ser contenido.

Otro elemento de preocupación es la afectación de trabajadores sanitarios. “Las infecciones en personal sanitario son una señal de alarma”, indica Thompson a SMC España, ya que reflejan transmisión no detectada y fallos en las medidas de control dentro de los centros de salud.

Aunque los brotes previos de esta variante han mostrado tasas de letalidad inferiores a otras cepas de ébola, siguen siendo elevados y potencialmente devastadores. En Uganda, entre 2007 y 2008, se registraron 131 casos y 42 muertes, mientras que en la República Democrática del Congo, en 2012, se confirmaron 38 casos y 13 fallecimientos.

La ausencia de vacunas específicas limita las opciones de respuesta. “Actualmente no disponemos de una vacuna específica contra el virus Bundibugyo aprobada y lista para el control de brotes”, afirma Thompson. Las terapias existentes, desarrolladas para la cepa Zaire, tampoco han demostrado eficacia frente a esta variante.

No es el Covid

En este contexto, las autoridades sanitarias dependen de medidas clásicas de salud pública: detección rápida, aislamiento, rastreo de contactos y participación comunitaria. “Los brotes de ébola pueden controlarse, pero solo si la respuesta es temprana, coordinada y cuenta con la confianza de las comunidades”, explica el virólogo Vinod Balasubramaniam, de la Universidad Monash.

Pese a la gravedad de la situación, los expertos insisten en que el riesgo de propagación global sigue siendo bajo. A diferencia de virus respiratorios como la covid-19, el ébola requiere contacto directo para transmitirse. “No se trata de cerrar fronteras ni de generar miedo, sino de reforzar la respuesta y apoyar a los países afectados”, concluye Balasubramaniam.

El brote actual pone de relieve tanto los avances logrados en la última década como las lagunas persistentes en la preparación frente a patógenos menos comunes. En palabras de Manno, evidencia que, aunque la experiencia acumulada ha fortalecido la capacidad de respuesta, “la preparación sigue siendo desigual”, especialmente frente a variantes raras como el virus de Bundibugyo.