Bob vive aún hoy en el mundo de Greenpeace de muchas maneras, a pesar de que la nueva generación de la organización lo desconozca. Estuvo en la primera expedición para evitar la prueba nuclear en la isla de Amchitka en Alaska y a partir de entonces comprendió su misión, que era traer algo de cordura medioambiental al planeta. Fue un reportero brillante con una gran aceptación entre el público y su presencia y su conocimiento de cómo llevar una imagen a la escena internacional tuvo mucho que ver con los primeros éxitos de Greenpeace.

En pocos años llegó a ser el primer presidente de la organización. Renunció a un trabajo bien pagado como reportero para cobrar un sueldo mísero y liderar una organización aún embrionaria durante sus primeros siete años de vida. Fue él quien convirtió una organización monotemática, focalizada en el asunto nuclear, a una organización medioambiental de base amplia.

Renunció a un trabajo bien pagado como reportero para cobrar un sueldo mísero y liderar una organización aún embrionaria

Planeó y encabezó la primera y segunda campaña para salvar las ballenas, que son los antepasados de todas las campañas de Greenpeace. Tanto él como yo buscamos dinero entre la familia para poner en marcha la campaña. Sin ese apoyo financiero no hubiéramos sido capaces de lanzar las expediciones. Bob fue la primera persona que con total audacia se colocó frente a un arpón para salvar a una ballena y se detuvo frente a un rompehielos para detener la matanza de focas.

Incorporó algunas enseñanzas indígenas a la filosofía de Greenpeace. Impulsó la idea del mito del Rainbow Warrior, esa coalición de pueblos que se unen para salvar el planeta, en la mentalidad de Greenpeace. Sumó el arco iris a los barcos y los logotipos. Ayudó a recaudar dinero y luego tomó la decisión de comprar el primer barco, el Rainbow Warrior. Desarrolló con unos pocos miembros las «leyes de la ecología». A partir de un primer problema bancario grave insistió en que Greenpeace tenía que ser autosuficiente mediante aportaciones privadas y sin aceptar dinero gubernamental o corporativo.

Cuando expiró su tiempo, se hizo a un lado y marcó el primer encuentro en Vancouver con el objetivo de entregar las riendas de Greenpeace a los primeros miembros internacionales y establecer Greenpeace Internacional. Dejó escapar el poder para que Greenpeace prosperara. Empezó muchas cosas, desde la estructura organizativa interna, la filosofía o el plan financiero hasta la imagen y las tácticas de campaña.

A Bob le entró el pánico por el calentamiento global hace tres décadas. Greenpeace necesitó muchos años para comprender que debía ser una de sus prioridades

Ninguna de esas ideas básicas que estableció ha cambiado. Bob estuvo detrás de cada idea y también de la mayor parte de la estructura con la que cuenta Greenpeace todavía hoy. Fue un adelantado a su tiempo. Gritó a los cuatro vientos a todos a los que pudo llegar que el calentamiento global era el único tema. Escribió un libro «2030» sobre los peligros inminentes del calentamiento global hace ya dos décadas y le entró el pánico hace 30 años. Greenpeace necesitó muchos años para comprender que el asunto del cambio climático debía ser una de sus principales prioridades.

Su familia no está involucrada en el Greenpeace actual. Mi hija trabajó para la organización en sus oficinas de Nueva Zelanda y Canadá pero en la actualidad estudia un postgrado en estudios ambientales con el énfasis en el calentamiento global. Personalmente no soy alguien que viva en el pasado. Fue un gran capítulo de mi vida. Yo fui la primera mujer que se interpuso entre un arpón y una ballena para salvar su vida. Abrí la primera oficina de Greenpeace, incorporé el nombre y se me ocurrieron las principales estrategias para la recaudación de fondos que aún se emplean actualmente. Echo de menos ser joven y estar henchida de pasión para tratar de salvar el planeta.

La diferencia entre la Greenpeace de entonces y la actual es que nosotros éramos unos apasionados voluntarios que creíamos nuestras acciones cuentan más que nuestras palabras. La nueva generación está comprometida en muchas vías de cambio diferentes. Bob, que falleció hace dieciséis años, estaría feliz de saber que finalmente nos hemos dado cuenta de que los mayores asuntos a los que nos enfrentamos en este planeta es el calentamiento global y estamos tratando de hacer algo al respecto. Él les diría a sus herederos hoy que cada generación tiene sus propios desafíos y que su labor es hallar soluciones.


Bobbi Hunter es cofundadora de Greenpeace y viuda de Bob Hunter (1941-2005), el primer presidente de Greenpeace desde 1971 hasta 1977.