La desertificación es uno de los principales problemas medioambientales en España. La creciente transformación de zonas húmedas en tierras áridas en España ha quedado patente en la auditoría llevada a cabo recientemente por el Tribunal de Cuentas Europeo (TCE), que también ampliaba el estudio al sur de Portugal y de Italia, así como el sudeste de Grecia, Chipre y las zonas ribereñas del Mar Negro de Bulgaria y Rumanía. Según este estudio -que servirá para estudiar si se está combatiendo de manera efectiva y eficiente el riesgo de desertificación en la UE-, en nuestro país la erosión del suelo puede llegar hasta el 44% de la superficie.

Según la definición de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), la desertificación es “la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, resultante de diversos factores, entre ellos, variaciones climáticas y actividades humanas”. Es por ello que el cambio climático y la gestión insostenible de los recursos no ayuda especialmente a evitar este proceso. “Es cierto que el cambio climático tiene mucho que ver, aunque no causa este proceso. Desde luego, el aumento de las temperaturas dificulta mucho que el terreno que se ha ido degradando se recupere”, señala a El Independiente Gabriel del Barrio, investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC, quien añade que “la desertificación es un problema que tiene que ver con la sobreexplotación de algún recurso natural en zonas donde la renovación del territorio es lenta como pasa en sitios áridos”.

Con el objetivo de luchar contra esta circunstancia se ha puesto en marcha el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación que, a ojos del investigador del CSIC, “actualmente es un observatorio que está más preocupado por los efectos que por las causas. Se ha invertido mucho dinero en crear un observatorio para comprobar si se alcanza esa neutralidad que persigue la ONU para 2030. Las causas actuales pueden venir desde hace tiempo pero sí se podría poner remedio y lograr ese equilibrio necesario si se diversifican en los recursos”.

Con estos datos como base, la Unión General de Trabajadores (UGT) insta al Gobierno a establecer medidas encaminadas al consumo y la producción sostenibles, una dotación presupuestaria para poner en práctica el Plan de Acción Nacional contra la Desertificación y abordar desde el consenso un Pacto del Agua ya que “las soluciones al proceso de desertificación e insta a la gestión eficaz de los recursos naturales y la adaptación y mitigación al cambio climático no se pueden aplazar más y estas medidas tienen que contar con un presupuesto suficiente para poder llevarlas a cabo”. Según señalan desde la UGT, “la desertificación y la sequía son un problema grave que no solo afecta al medio ambiente, sino también a las personas, pues implica hambre, pobreza y desigualdades”.

Como zonas más afectas en el territorio español se puede señalar las Islas Canarias y el sureste de la península. Con la excepción de la franja más septentrional y algunas pequeñas zonas puntuales, el resto del territorio pertenece a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Tanto desde las instituciones como desde la sociedad en general “se debe dar un proceso de concienciación para alcanzar la sostenibilidad en los recursos naturales. No se puede extraer a más velocidad que se regenera por lo que se debería diversificar los recursos naturales, tanto ganaderos como agrícolas, e intentar mantener un colchón ecológico para que sirva de amortiguación y pueda facilitar esa recuperación, cuidar la política de conservación ambiental”, explica Gabriel del Barrio quien añade que “se debe tomar conciencia de que el desarrollo sostenible es lo único que podrá evitar el colapso ecológico a medio plazo”.

Entre las acciones que este investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC señala que se pueden llevar a cabo están la de “diversificar las fuentes económicas (agrícola y ganadera) y tener en cuenta que si una de ellas está dando rentabilidades altas a corto plazo se puede convertir en un recurso peligroso debido a su sobreexplotación por lo que se debería tratar de evitarlo” y pone como ejemplo el caso de Almería en el que la agricultura “está basada en producir tomates y pepinos. Diversificar consistiría en desarrollar toda una industria alrededor de esa producción para seguir generando riqueza sin sobreexplotar los recursos”. Del Barrio es consciente de que lograr esto es complicado debido a la propia naturaleza del ser humano que “al ser una especie animal casi no puede renunciar al impulso de consumir el recurso más a mano del que dispone y cuando este se agota ir al siguiente. Aunque es cierto que se puede producir ese cambio de mentalidad y lograr cierta sostenibilidad”.

Entre las diferentes acciones que ya se han puesto en marcha está el plan de la ONU para mitigar los efectos de la desertificación entre ellas: reforestar y regenerar las especies arbóreas, mejorar la gestión del agua, mantener el suelo y fertilizarlo para la regeneración de la cubierta vegetal… “España ratificó la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, lo que conlleva la preparación de un Programa de Acción Nacional como elemento central para luchar contra este proceso y mitigar los efectos de la sequía”, argumentan desde la UGT.