Las amplias extensiones de olivares que forman parte del paisaje de la península Ibérica bien son una mina. No solo por la importancia de la industria del aceite de oliva, sino también por la rentabilidad y el aprovechamiento de su principal subproducto: el hueso de aceituna. Debido a su alta densidad, a su humedad (en torno al 15%) y su enorme poder calorífico, este “desecho” posee unas características muy interesantes para generar calor tanto para calderas de biomasa del sector industrial como para estufas y calefacciones domésticas.

Según los datos proporcionados por Avebion (Asociación Española de valorización energética de la biomasa), este tipo de biocombustible se utiliza actualmente en más de 100.000 hogares españoles; principalmente en las comunidades de Madrid, Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Se utiliza asimismo en un gran número de granjas avícolas y de porcino (sobre todo en Andalucía y Cataluña), así como en industrias alimenticias y edificios como hoteles, residencias, centros deportivos, colegios y consultorios médicos.

En España, el país del mundo con mayor superficie  dedicada al cultivo de la oliva, se producen 6,2 millones de toneladas de aceitunas anuales, de las que se obtienen a su vez unas 420.000 toneladas de hueso. De ellas, se comercializan algo más de 323.000, y lo que resta (unas 96.000 toneladas) son utilizadas en las propias almazaras y extractoras como fuente de calor para los procesos de elaboración. En estos momentos, las ventas del hueso de aceituna como biocombustible ascienden a 50,7 millones de euros anuales.

 

Olivas

Se estima que las 420.000 toneladas de hueso mencionadas anteriormente pueden generar 1.880GWh al año, lo que equivale al 0,13% del consumo total de energía primaria de España (que es toda forma de energía disponible en la naturaleza antes de ser convertida o transformada). Haciendo una comparativa, si las 323.500 toneladas de hueso de aceituna que se comercializan anualmente fueran sustituidas por combustible fósil, supondría un coste adicional de 145 millones de euros en gasoil de calefacción.

Al “calor” de estas cifras, los responsables de Cooperativas Agroalimentarias, la Federación Española de Industriales Fabricantes de Aceite de Oliva (Infaoliva), la Asociación Nacional de Empresas de Aceite de Orujo de Oliva (Aneo) y la Asociación Española de Valorización Energética de Biomasa (Avebiom) han solicitado formalmente al Ministerio de Agricultura que normalice su uso como biocombustible y que sea catalogado como ‘subproducto energéticamente valorizable’.

¿A qué llamamos biomasa?

La energía de biomasa es aquella energía renovable que procedente del aprovechamiento de la materia orgánica e industrial; normalmente de los residuos que generan los seres vivos. El aprovechamiento de esta energía se realiza directamente, por ejemplo por combustión o por la transformación en otras sustancias que pueden ser utilizadas posteriormente como combustible o alimentos.

Entre las ventajas de utilizar este tipo de energía está el hecho de que sea una fuente inagotable que apenas contamina, es renovable y disminuye la dependencia de los combustibles fósiles. Además, tiene un coste muy inferior al de la energía convencional. Entre los diferentes productos de los que se pueden obtener biocombustibles de primera generación están aquellos residuos ricos en azúcar, el almidón, el aceite vegetal o la paja.