El Ministerio para la Transición Ecológica alertó la pasada semana del escaso número de ejemplares de urogallo cantábrico que habita en España: apenas 292, de los que dos tercios son machos. El censo, elaborado por un grupo de trabajo creado específicamente para la conservación de esta especie, revela que el animal se concentra en un área de 350 kilómetros cuadrados de la cordillera Cantábrica. El 79,5% se halla en Castilla y León, distribuidos por las comarcas de Alto Sil y Omaña, y el 20,5% restante se localiza en la vertiente asturiana.

Esta subespecie del urogallo occidental fue declarada en peligro de extinción el pasado mes de septiembre de 2018. Se puso entonces en marcha el dispositivo para realizar el censo y el posterior plan de conservación. “Los datos evidencian el estado de severa amenaza que atraviesa la especie y la necesidad de reforzar las medidas de conservación por parte de las distintas administraciones”, explica ahora el Ministerio, que califica los datos como “preocupantes”.

Se han destinado al proyecto 870.469 euros, presupuesto aprobado en la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente del Gobierno de España. El grupo de trabajo ha marcado dos ámbitos de actuación prioritarios: las acciones sobre el terreno, para aumentar la supervivencia de los ejemplares y su éxito reproductivo, y los trabajos de conservación fuera del hábitat del animal, esto es, seguimiento de sus acciones para contabilizar, entre otras cosas, el nacimiento de nuevos ejemplares.

El proyecto Life+Urogallo, impulsado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, lucha desde 2004 por la conservación del urogallo cantábrico: “Tenemos como foco de atención prioritaria las hembras. Para la mejora de la vida del urogallo trabajamos en tres frentes: zonas sin ocupación, zonas donde todavía hay ejemplares, y zonas donde estamos introduciendo la especie para favorecer su extensión.

En 2016, el trabajo del proyecto Life+Urogallo quedó reflejado en un documental. Uno de los que participaron en él fue Rodrigo Suárez, director del Parque Nacional de los Picos de Europa, una de las zonas clave para la vida del urogallo. “El Parque es una unidad administrativa en la que confluyen tres comunidades: Asturias, Castilla y León y Cantabria”, explica. “Entre todos llevamos a cabo actuaciones específicas para mejorar la vida del urogallo, como desbroces en zonas de matorrales, esenciales para la especie, o apertura de claros en zona boscosa. De esta manera conseguimos una mejora en su hábitat”.

Una larga lista de animales en peligro

El urogallo cantábrico es una más de las especies en peligro de extinción que habitan en España, algunas en situación crítica. El Ministerio tiene censadas a más de 1.500 especies de flora y fauna, 192 de las cuales se encuentran en peligro de extinción o situación crítica y 134 en estado vulnerable: la tortuga mediterránea, los lagartos gigantes canarios, el águila imperial, el oso pardo, el lince ibérico, la ballena vasca…

Desde asociaciones ecologistas como WWF España, se han llevado a cabo numerosas acciones para tratar de ayudar a estas especies en riesgo inminente de desaparecer. Esta ONG señala que, en el caso del lince ibérico, las contribuciones anónimas están dando sus frutos: en 2002 apenas había 100 ejemplares censados de este animal y en 2015 la cifra había aumentado hasta sobrepasar los 500. Así, ha pasado de ser una “especie en peligro crítico de extinción” a ser una “especie en extinción”. Esto, señala WWF, no supone en absoluto la desaparición del problema y el riesgo pero que se está trabajando en la buena dirección.

No corre la misma suerte el visón europeo, que se mantiene con el estatus de peligro de extinción crítico, como alerta WWF, que lleva años incluyendo a este animal en sus campañas: “Ya ha desaparecido del 90% de su área de distribución original. España es, junto al delta del Danubio y pequeñas poblaciones aisladas de Rusia, uno de los últimos reductos para esta especie. Se estima que quedan menos de 500 ejemplares y su población continúa en regresión; en pocos años ha perdido más de un tercio de su hábitat original, por lo que su situación es extremadamente grave”.

Cualquier ciudadano puede contribuir para favorecer la conservación de las citadas especies mediante asociaciones animalistas y ecologistas. Una lacra paralela al cambio climático que ya se ha cobrado, en datos de WWF, el 58% de la biodiversidad en los últimos 40 años.