Se cuenta que fue el gran humanista español Antonio de Nebrija (1441-1522) quién sugirió a Fernando de Aragón el adoptar por divisa el famoso: «Tanto monta cortar como desatar». Lema que por obra de unos esponsales con Isabel de Castilla y la secular pereza memorística española quedó reducido al tanto monta que aún hoy utilizamos.

El origen del mote heráldico se encuentra en la anécdota histórica protagonizada por Alejandro Magno que, tirando por la vía de en medio y ante la imposibilidad de desenredar el nudo gordiano, optó por cortarlo de un mandoble demostrando al mundo que, frente a una dificultad que no se puede resolver,  un obstáculo difícil de salvar o un problema de difícil solución, cortar el nudo gordiano resuelve tajantemente y sin contemplaciones el mismo.

La anécdota viene a cuento para ilustrar la situación de nudo gordiano económico actual auspiciada por la actuación expansiva de los bancos centrales, que ha empujado a todos los activos financieros (acciones, bonos, metales preciosos, divisas, etc…) a registrar valoraciones extremas. Valoraciones animadas por la infinidad de programas de expansión monetaria cuantitativa llevados a cabo por los bancos centrales de las principales economías del mundo y que encuentran escaso respaldo en las métricas reales del funcionamiento empresarial corriente.

La actuación expansiva ha provocado valoraciones extremas de todos los activos financieros

Para ejemplo, un botón. Por el lado de la renta variable tenemos a la Bolsa americana, en la que son necesarios nada menos que 25 años de beneficios presentes reales para pagar la cotización del precio de las acciones. En renta fija asistimos perplejos a la emisión de cantidades cósmica de bonos (tanto corporativos como estatales) ofreciendo rendimientos negativos. Nunca en la historia y nos podemos ir hasta el Renacimiento, la Edad Media o el Imperio Romano unos bonos rentaban nada o negativo.

Situación a la que no acompañan unos beneficios empresariales consistentes ni una recuperación económica real sólida y persistente de los más elementales ratios financieros, indicadores éstos del pulso sano con el que debe funcionar una economía capitalista de mercado.

Un nudo gordiano económico financiero que los bancos centrales han ido armando y que no parecen por la labor de aflojar y mucho menos cortar. Más bien, todo lo contrario, pues cada reunión del BCE, la FED o el Banco de Japón nos depara nuevas sorpresas en forma de programas e instrumentos que pretenden asegurar las dificultades evidentes de la economía global.

A nadie se le escapa que la principal función de un nudo es la de sujetar un objeto para que no se caiga. Y a fe mía que los bancos centrales han realizado un trabajo inmejorable sustentando a los mercados y las principales economías con lazadas, trenzadas y calabrotes de alta precisión marinera.

Un trabajo loable pero de yermos efectos económicos. Algo meramente estético y decorativo, que a duras penas ha podido insuflar algunas décimas al PIB de unas economías que están lejos de digerir los efectos de la última crisis financiera mundial. Es más, los principales países han seguido aumentando sus montañas de deuda y los crecimientos que siguen bajos (USA) o muy bajos (Europa y Japón) desde hace un año o más – dependiendo de cada país – nos indican una persistente desaceleración cíclica global.

Ya es tiempo de aflojar el nudo gordiano o de, cuál Alejandro Magno, cortarlo de un espadazo

Los bancos centrales están realizando verdaderos experimentos, como tipos cero o negativos y compras de todo tipo de activos que se extienden ya durante años.  Lo preocupante, como decía antes son sus escasos resultados y peor aún, la ausencia de precedentes económicos para calibrar los efectos de estas políticas, lo que puede llevar a resultados no deseados.

El temor a lo desconocido exacerba a los reguladores económicos que reunión tras reunión, complican cada vez más el nudo con el que apuntalan sus respectivas economías.

Los bancos centrales, en su desconocimiento del arte de la cabuyería (arte de hacer nudos) parecen haber pensado que cuanto más complejo sea el nudo, más seguro debería ser. Desde estas líneas les informo que algo llevan de razón, pero también deben saber que los nudos bien realizados difícilmente se desatan accidentalmente, pero cuando es necesario y con los conocimientos adecuados, se desatan con pasmosa facilidad.

A ello les animo.

Ya es tiempo de aflojar el nudo o, de no saber cómo, cuál Alejandro Magno cortarlo de un espadazo. Sólo así obligaremos a los agentes económicos a progresar por sus propios medios y a retornar a una economía que funcione autónoma, libre e independiente sin el oxígeno acomodaticio de los bancos centrales. Un oxígeno, o más bien gas de la risa, que crea una falsa  euforia, un falso optimismo y una ilusión de crecimiento pero que al final se traduce siempre en soluciones ruinosas que minan la acumulación de capital, la capacidad de producir, de consumir y de reembolsar el crédito.

Es verdad que tras los experimentos cuantitativos, las consecuencias de esa desligadura son del todo desconocidas, pero por formidables que sean las dificultades en las que derive, siempre hallaremos de nuevo una afilada hoja que cortará el nudo más intrincado.

Cuando desatar es complejo o aflojar el nudo es ya imposible, solo cabe el corte por lo sano.

Lo sabía Nebrija, lo sabía Alejandro Magno y lo deberían saber los miembros de los comités ejecutivos de los principales bancos centrales.

*Carlos de Fuenmayor  Director en Kessler & Casadevall  AF