Rumbo a máximos. Los precios del petróleo siguen encontrando razones para mantenerse al alza. El repunte propiciado por el acuerdo que alcanzó la semana pasada la OPEP, la principal asociación de productores de crudo, para recortar la oferta, se ha acelerado en las últimas jornadas, ante la expectativa de que países ajenos al acuerdo, como Rusia, se sumen a la medida.

A esto se añade la aguda caída de la producción de crudo en EEUU, con las reservas situándose por debajo de los 500 millones de barriles por primera vez desde enero.

Esta combinación de factores situaba este jueves los precios del barril de Brent (el de referencia en Europa) por encima de los 52 dólares, mientras el barril de Texas cotizaba en el entorno de los 50 dólares. Ambos han aumentado sus precios en más de 6 dólares en sólo una semana, con lo que alcanzan sus niveles más elevados desde el pasado junio, a sólo un paso de superar sus máximos en más de un año.

En la última semana los precios de los barriles de Brent y Texas han sumado más de 6 dólares

El repunte de los precios del crudo se ha convertido en la última esperanza para reanimar la senda de la inflación, tras años de atonía en los precios. La debilidad del petróleo ha sido considerada durante muchos trimestres la clave de la débil inflación en economías desarrolladas como la eurozona, obligando a los bancos centrales a poner en marcha extraordinarias medidas de estímulo para combatir el riesgo de deflación.

Ahora, la situación podría invertirse. Philippe Waechter, economista jefe de Natixis, explica que si el petróleo se mantiene en torno a los 50 dólares -y el euro alrededor de 1,12 dólares-, el crudo protagonizaría a final de año una aportación positiva a la tasa de inflación de la eurozona de 0,5 puntos, lo que permitiría que ésta rebasara el 1%.

Así, la firma gala, afirma que «la subida en los precios del petróleo liderará un incremento automático de los precios del petróleo en EEUU y Europa». Una idea con la que parecen coincidir en Bank of America Merrill Lynch, donde estiman que la inflación en la eurozona avanzará en 2017 hasta el 1,3%.

Estas cifras se mantienen aún alejadas del objetivo del BCE de conducir la inflación a niveles próximos al 2% y la mayor parte de los expertos sugiere que el encarecimiento del petróleo, por sí sólo, no bastará para que los precios en la eurozona emprendan una remontada sostenible. Y el propio banco central se mostró en su reunión de septiembre poco convencido de la solidez de la subida reciente, según las minutas publicadas este jueves.

Pero lo cierto es que, en sus proyecciones presentadas en dicho encuentro, el BCE calculaba que los precios del petróleo se mantendrían por debajo de 50 dólares hasta 2018. Si definitivamente se estabiliza por encima de esa cota, la institución que preside Mario Draghi se verá forzada, seguramente, a revisar al alza sus pronósticos de inflación. Sin ir más lejos, esta semana se supo que la inflación en la eurozona alcanzó en septiembre su mayor nivel en dos años.

Joerg Zeuner, economista del banco alemán KfW estima que la inflación en Alemania se aproximará al 2% a inicios de 2017. «Asumiendo un desarrollo similar en la eurozona, esto permitirá al BCE aspirar a una retirada suave de su programa de compra de bonos en 2017», indicó en declaraciones a Reuters.

De materializarse esta previsión, las consecuencias serían profundas para los mercados financieros, ya que, entre otras cuestiones, obligaría a los bancos centrales a reorientar sus políticas de estímulo actuales, haciendo menos razonables, entre otros, los actuales niveles de la renta fija.

Las turbulencias que han ocasionado, tanto en EEUU como en Europa, los intentos o rumores de un leve endurecimiento de la política monetaria permiten hacerse una idea de las tensiones que podría despertar ese repunte de la inflación.

Expectativas divergentes

En cualquier caso, los expertos siguen evidenciando sus discrepancias sobre la sostenibilidad de la actual remontada del crudo. En Natixis prevén una tendencia moderada al alza, que llevaría los precios del petróleo al entorno de los 60 dólares en la segunda mitad de 2017 y a los 75 dólares a partir de julio de 2018.

Del mismo modo, en Bank of America apuestan por un repunte el próximo año hasta los 61 dólares, conforme el daño de los precios actuales a las cuentas de los países productores provoca que «la guerra del petróleo está llegando a su fin».

Más pesimistas se muestran firmas como Goldman Sachs. Jeff Currie, jefe de materias primas del banco estadounidense, sostiene que el crudo difícilmente superará los 55 dólares. En su opinión, a estos precios la producción de EEUU -el ‘shale oil’- se manifestará resistente, lo que unido a la previsible recuperación de la extracción de crudo en Nigeria y Libia y la puesta en marcha de nuevos proyectos propiciará que, en 2017, el mercado global de petróleo se mantendrá «sobreabastecido», según declaró a Bloomberg Television.

Varias firmas dudan de que el recorte de producción pactado por la OPEP sirva para equilibrar la oferta

Similares ideas defienden en ETF Securities, donde observan que el compromiso de reducir la producción de la OPEP a 33 millones de barriles, por sí solo, contribuirá poco a reequilibrar la oferta, para lo que sería necesaria la cooperación del resto de productores.

En la misma línea, en Danske Bank auguran que el repunte de los precios del petróleo será de corto plazo, ya que el recorte propuesto por la OPEP (que debe ser refrendado en su reunión del 30 de noviembre) es bastante modesto. Además, señalan, si los países de la organización observaran el riesgo de que los productores de EEUU les arañen parte de cuota, el acuerdo podría tambalearse. «Si el mercado empieza a dudar de si el acuerdo será implementado, los precios del crudo se revertirán rápidamente», advierten.