A los camellos les puede pasar como a los videoclubs. De tener en los 80 uno en cada esquina, corren el riesgo de desaparecer de las calles por la competencia online. Internet ha cambiado el modo en que leemos, llamamos un taxi y hasta ligamos. Y, claro, está revolucionando también el trapicheo.

España se encuentra entre los países del mundo donde más droga se vende online, según un reciente informe del Gobierno de Holanda. Movemos el equivalente al 0,9% de la cuota de este mercado mundial, lejos del 35,9% de Estados Unidos, el país que encabeza la lista, pero suficiente para entrar en lo que podríamos llamar el G-8 del trapicheo digital. Un cibercamello gana en España, según este estudio, unos 4.000 euros mensuales.

En los últimos meses, la venta de droga por internet ha experimentado un boom. El auge tiene mucho que ver con el mediático cierre de Silk Road, el que fuera el mayor mercado negro online del mundo, que el FBI clausuró en 2013 tras dos años de operaciones. Pero en vez de atajar el problema, lo agravó. Desde el colapso de Silk Road, los ingresos por tráfico de drogas se han duplicado, el número total de transacciones se ha triplicado y la cantidad de drogas y medicamentos que se venden irregularmente en internet ha aumentado 5,5 veces, según los investigadores holandeses.

Un cibercamello gana en España unos 4.000 euros mensuales, según un reciente informe

En estos eBay del lado oscuro, que mueven 14,2 millones de dólares mensuales (12,6 millones de euros), hay cada vez más competencia: AlphaBay, Cryptomarket y Dark Net Heroes son sólo algunas de estas tiendas que ofrecen, algunas con gastos de envío incluidos, desde los clásicos como anfetas, cocaína, cannabis y LSD, a sofisticadas combinaciones químicas de sustancias tan inverosímiles como sales de baño, con las que prometen viajes inolvidables (y a veces mortales).

“La web profunda no es una extraña fosa séptica, no es más que la traslación del mundo offline a internet”, comenta el doctor Jorge Ramiro Pérez, profesor de Criminología de la Universidad Europea.  “Los delitos que se cometen son los mismos de siempre, sólo que esta plataforma permite operar de forma global, accesible y con un anonimato es mayor, pero no total. Siempre se deja un rastro, y es ése el que sigue la Policía».

Cómo comprar drogas ‘online’

Esto no pretende ser un tutorial. Pero los interesados en aprender paso a paso este negocio no lo tendrán difícil gracias multitud de foros y vídeos en webs que explican pormenorizadamente cómo comprar online cualquier sustancia ilegal. El sistema de venta es muy similar al de eBay, pero a través de una navegación encriptada en la llamada web profunda. Y en vez de pagar con tarjetas de crédito, claro, estos dealers aceptan criptomonedas virtuales.

“En la deep web es tan sencillo navegar como en cualquier otra”, explica Arturo Ribagorda, director del Máster Universitario en Ciberseguridad de la Universidad Carlos III de Madrid y presidente de la Red de excelencia nacional de Investigación en Ciberseguridad. “Hace 20 años había que ser un gran experto en programación. Hoy en día el grueso de las actividades delictivas, incluido el tráfico de drogas, lo realizan personas que sólo saben mover el ratón; ya no hace falta saber programar ni nada por el estilo».

Hace 20 años había que ser un gran experto en programación, ahora basta con manejar el ratón

La red que encripta la comunicación se llama Tor (y se puede llegar a ella en Google fácilmente). Ésta ofrece una serie de servidores que canalizan el tráfico y lo cifran a su paso para garantizar un altísimo nivel de anonimato. «Una vez que lo instalas en tu ordenador, no se puede saber cuál es el origen porque crea varias pantallas. Es como la red normal pero navegas con anonimato», explica Juan Antonio Calles, senior manager de Risk Consulting, de la consultora KPMG. «Es más parecido de lo que se cree a la red tradicional, sólo que en lugar de tener un dominio .com sale un dominio .onion”, explica. De hecho, el logo de Tor es como una cebolla como alegoría de la cantidad de capas que ofrece para esconder los pasos.

Los nuevos cibercamellos necesitan desarrollar habilidades muy diferentes a las que precisaba su profesión a la antigua usanza. En vez del look del matón de calle, en internet es crucial la reputación que consigan sus ventas gracias a una buena atención al cliente. En Reddit hay foros, fácilmente encontrables en Google, donde se reseña con toda naturalidad (y eufemismos más que evidentes) sobre los servicios y las calidades en unas y otras web. Son una especie de Tripadvisor del colocón.

También el consumidor varía según el tipo de drogas.  La heroína, pese a representar en las calles europeas el 28% del mercado ilícito, en internet apenas asciende al 5,7%. Los expertos lo achacan en el informe holandés a la inmediatez que se asocia al mono de yonquis de opiáceos, que no están como para esperar un envío que puede dilatarse entre 24 y 48 horas. El consumidor de éxtasis y LSD, sin embargo, trabaja con más planificación y sus transacciones son más populares en los criptomercados que en la calle.

Sin embargo, la alegoría del eBay de las drogas no es del todo correcta, porque de momento no hay tanto protagonismo del menudeo entre particulares. Las transacciones al por menor generan, según otro informe de la Comisión Europea, sólo el 18% de los ingresos totales. Las operaciones más cuantiosas siguen siendo de venta al por mayor (superiores a 1.000 euros).

“Las bandas criminales tradicionales han contratado expertos informáticos para adaptarse a los nuevos tiempos”, explica un hacker que prefiere no ser identificado. “Hay gente joven que se está metiendo a vender drogas a pequeña escala por internet de manera amateur, pero también las organizaciones criminales están apostando cada vez más por su división online”.

Los policías han pasado del tipo duro, a uno y otro lado de la ley, a los ‘geek’ que cambian la pistola por un teclado

También cambia radicalmente el tipo de policía que se encarga de luchar contra el tráfico de drogas. Se van pareciendo más a los cerebritos de Silicon Valley que al clásico Jimmy McNulty que patrullaba en The Wire las calles de Baltimore con tanta arrogancia como insubordinación. Del tipo duro, a uno y otro lado de la ley, a los geek que cambian la pistola por un teclado para seguir el rastro encriptado en la web profunda.

El nuevo bitcoin se llama Monero

Una de las mejores pruebas del auge de la compraventa de las drogas online es boom que en el último mes han vivido nuevas monedas virtuales como Monero. Se están poniendo de moda entre los cibercamellos. Su ventaja es que garantizan hacer negocios con un mayor nivel de anonimato que la ya tradicional Bitcoin, que ha pasado a ser demasiado mainstream para el trapicheo.

Cuando AlphaBay, uno de los sitios más populares para comprar cannabis y LSD líquido, anunció este verano que a partir del 1 de septiembre acepta Monero en sus transacciones, el valor total de esta criptomoneda pasó de valer unos 25 millones de dólares (22,3 millones de euros) a multiplicar por cuatro su valor, según Bloomberg.

Monero, moneda virtual, multiplicó su valor cuando un portal de venta de drogas la aceptó en sus pagos

«La ventaja de Monero es que su protocolo es mucho más privado que Bitcoin», explica desde Japón Roger Ver, un inversor en criptomonedas y consejero delegado de Bitcoin.com. Al preguntarle en conversación telefónica qué le parece que Monero se esté utilizando en la compraventa de estupefacientes, lejos de desmentirlo ironiza: «Sólo significa que tiene valor en el mercado; si una moneda no vale para comprar drogas, es que no es dinero real».

Monero es todavía un pequeño segmento del mercado de divisas digital. Ocupa, según Bloomberg, el puesto número 5 en términos de valor de mercado total, muy por detrás de Bitcoin y Etereum. Pero demuestra el auge de este oscuro negocio emergente.

Nuevos métodos, viejo delito

En el Informe 2015 sobre Cibercriminalidad del Ministerio del Interior no hay ninguna referencia al tráfico de drogas online en España. “No es todavía una temática muy habitual”, explica Efrén Díaz, abogado del bufete Mas y Calvet y profesor de la Universidad de Navarra. “Pero que no haya casos judicializados no quiere decir que no existan, sino que aún es una práctica bastante desconocida. Es fundamental aclararle a la gente que para la ley es igual que un delito pase dentro o fuera de internet. No cambia el hecho, sólo cambia el medio”, advierte.

¿Qué papel legal juegan las empresas de mensajería que, como mulas de la nueva era, transportan sin saberlo la mercancía?

Mucha gente cree que se oculta con un pseudónimo pero obviamente la IP es rastreable fácilmente si no se toman precauciones en la red Tor. «Hay toda una generación que ha normalizado usar internet para todo y realiza actividades ilícitas, como las descargas de películas, sin tener interiorizado que están cometiendo un delito. Y lo mismo pasa con el trapicheo para comprar cannabis o lo que sea”, explica Pérez.

«Hay un sentimiento subjetivo de impunidad, porque también en la deep web existen vulnerabilidades que permiten su rastreo», afirma el capitán José Carlos Herrera, de la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil. «Todavía es una práctica minoritaria, pero va en aumento, sobre todo en la venta de nuevas sustancias psicoactivas (NPS)». En agosto, fruto de la operación Kit Postal, desarticuló un laboratorio de Vizcaya en el que se fabricaban y vendían drogas por internet. La benemérita incautó cerca de 17.000 unidades de deprimentes (benzodiacepínicos), unas 8.700 dosis de sustancias alucinógenas (LSD) y 10 kilos de polvo estimulante de tipo anfetamínico. «Su mercado principal era Alemania, donde enviaban la mercancía como un paquete postal ordinario», explica Herrera.

Es fácil de entender que vender cocaína en internet es un delito, pero se abren muchas incógnitas legales en la cadena de distribución. “Operan sujetos independientes que hacen complicada la investigación del delito», reconoce Díaz. ¿Qué papel legal juegan, por ejemplo, las empresas de mensajería como DHL o Seur, que transportan sin saberlo la mercancía ejerciendo de mulas de la nueva era? ¿Están poniendo las operadoras suficientes medios para evitar este tipo de prácticas?

Las nuevas tecnologías amenazan: técnicamente es posible imaginar drones que distribuyan las drogas a tu casa

“Es fundamental saber que la ley no distingue entre lo que sucede online y lo que pasa en la calle», advierte Efrén Díaz, profesor de derecho de la UNAV y abogado senior de Mas & Calvet. «Que sean camellos de guante azul no los hace menos perseguibles por la ley. Pero aunque cada vez las Fuerzas de Seguridad del Estado están sofisticando más sus métodos de lucha contra este tipo de tráfico de drogas, sigue habiendo mucho por hacer».

Desde la Guardia Civil, sin embargo, afirman que la lucha contra este tipo de ciberdelitos acaba siendo más tradicional de lo que parece. «Tenemos expertos informáticos rastreando la deep web y a veces se logra localizar la ubicación de servidores, pero eso sirve de poco si están en otro país que no quiere colaborar», explica el capitán Herrera. «Sin embargo, a la hora de la verdad, hay cosas que no cambian: aunque el pedido sea online, los envíos de mercancía sí circulan en el mundo real, cruzan fronteras donde hay controles, utilizan empresas de mensajería que denuncian actividades sospechosas… Y por muy virtual que sean las criptomonedas, tarde o temprano los delincuentes dejan pistas cuando intentan blanquearlas en el circuito tradicional».

Las nuevas tecnologías, sin embargo, amenazan con revolucionar el negocio. “Técnicamente es posible imaginar drones que distribuyan las drogas a tu casa”, vaticina Jorge Ramiro Pérez, profesor de Criminología de la Universidad Europea y experto en ciberdelitos. “Y puede incluso que en el futuro haya una inteligencia artificial que se encargue de procesar las transacciones. Y como al robot no le puedes imputar el delito será complicado llegar más allá». Para este experto está claro que la venta de drogas a través de internet se irá simplificando hasta hacerse aún más accesible, igual que ha ido pasando con el resto de tecnologías.

Aunque sigue siendo un mercado minoritario, en un mundo donde hay apps para todo, hay consenso entre los expertos en que será cada vez más frecuente el comercio online de todo tipo de sustancias ilegales. Para las generaciones venideras, comprar droga en la calle resultará tan inverosímil como llamarse al fijo. Y como está pasando en muchos otros modelos de negocio, si la vieja escuela de camellos no espabila, quedarán fuera de juego. Eso sí, a ellos no los veremos manifestándose en la Puerta del Sol contra las nuevas plataformas digitales como los taxistas contra Uber.