En los últimos años, los accionistas de Banco Popular se han acostumbrado a navegar en aguas turbulentas. Si el conjunto de la banca española ha sufrido con dureza los embates de la crisis, la entidad que preside Ángel Ron se ha destacado como una de las más vulnerables. Sólo en 2016 ha perdido más del 60% de su valor, una cifra que duplica con creces los recortes de otros bancos como Bankia, Sabadell o CaixaBank.

Además, este negativo desempeño no parece tener fin. Este jueves, las acciones de Popular sufrieron un nuevo descalabro, del 6,5%, hasta situarse en un nuevo mínimo histórico, en los 1,02 euros, a sólo un paso de caer por debajo de la barrera psicológica del euro (ya en 2013 tuvo que hacer una agrupación de acciones o contrasplit para superar esa cota).

Para hacer frente a la desconfianza de los inversores, Popular ejecutó el pasado mayo una ampliación de capital por valor de 2.500 millones y perfiló un ambicioso plan estratégico, encaminado a sanear su balance, reduciendo sus activos improductivos en unos 15.000 millones de euros hasta 2018. Sin embargo, la medida aún no ha logrado contener las dudas de los inversores.

El banco ha perdido más del 60% de su valor en 2016 y cotiza en mínimos históricos

Al contrario, son los recelos sobre la eficacia del proyecto las que explican varapalos como el sufrido por el banco en bolsa este jueves. Una de sus piezas fundamentales, la segregación de activos inmobiliarios en una especie de banco malo (también conocido como Proyecto Sunrise), con la que pretendía sacar de balance unos 6.000 milllones de activos inmobiliarios, podría haber encontrado cierta oposición en el Banco de España, según informa El Confidencial.

Al parecer, el supervisor sería poco proclive a que los activos englobados en este nuevo vehículo salieran del balance del grupo, ya que el riesgo no se traspasa fuera y las provisiones serían insuficientes. Sin embargo, desde Banco Popular señalan que, hasta la fecha, «no ha recibido indicación negativa alguna de ningún supervisor acerca de dicha operación, por lo que el Banco sigue trabajando en la misma línea de las distintas alternativas analizadas hasta la fecha».

«Esta es una pieza clave en su plan de saneamiento y si no pueden llevarla adelante el camino para alcanzar sus objetivos se vuelve mucho más complicado», explica Nuria Álvarez, analista de Renta 4. En su opinión, la meta de reducción de activos problemáticos en 15.000 millones resulta bastante ambiciosa y el mercado parece no darle excesiva credibilidad. «El banco arrastra un problema de credibilidad ante los inversores tras las ampliaciones de capital de los últimos años», añade.

Alternativas para cumplir objetivos

También en N+1 aducen el daño en la credibilidad del banco que supondría el veto del Banco de España a la segregación de los activos inmobiliarios. Esta firma asegura que, de confirmarse, representaría un impacto considerable en el capital y en la rentabilidad del grupo. De este modo, Popular tendría que sopesar medidas alternativas, como la venta de activos a inversores institucionales o minoristas o la realización de provisiones adicionales, que, calcula la firma, tendrían que ser de hasta 2.000 millones para elevar la cobertura de los activos improductivos a la media del sector.

Pero las dudas del mercado van más allá, incluso, de la aceptación o no por parte del Banco de España del Proyecto Sunrise. Según Gemma Hurtado, gestora principal de Mirabaud Equities Spain, el plan expuesto por Popular adolece de falta de visibilidad en algunas cuestiones. «Al dibujo para reducir activos problemáticos le falta un poco de estructura», indica.

Para Hurtado, la situación del banco justifica la desconfianza de los inversores. «Siguen pesando más las dudas, hay muchos temas por resolver. También falta por concretarse el plan de reducción de costes, mediante cierre de oficinas y recorte de empleos, aunque éste tiene mayores probabilidades de resultar exitoso». Por eso cree que hasta que el plan estratégico no empiece a ejecutarse el mercado no comenzará a valorarlo y preferirá otras entidades en España que ya han saneado sus balances y cuentan con mayores niveles de cobertura de activos improductivos.

El banco podría recobrar el pulso en bolsa cuando empiece a ejecutarse el saneamiento del balance

Pese a esto, tras un castigo como el que acumula el banco y que le ha llevado a capitalizar 4.301 millones de euros, menos de lo captado en las dos ampliaciones de capital ejecutadas en 2012 y 2016 (5.000 millones entre ambas), algunos expertos creen que los niveles alcanzados empiezan a resultar interesantes. «Todo tiene un precio. El banco cotiza a niveles de 0,2 veces su valor en libros, tal vez sea excesivo», sostiene Álvarez, para quien «el mercado se está centrando en la falta de credibilidad y no está recogiendo la parte positiva que supone que el banco al fin se haya volcado en la tarea de la mejora de balance».

Una visión similar a la que defiende Alejandro Núñez, analista de XTB: «Todo apunta que, a medida que vaya desprendiéndose de los activos contaminados en el balance, generará una mayor confianza en los inversores al sanear su balance, y podremos disfrutar de una nueva situación más favorable para el banco presidido por Ángel Ron».