La economía colaborativa tiene un gran número de ventajas para los usuarios, pero es cierto que ha arrasado con ciertos sectores productivos que hasta ahora disfrutaban de una situación casi monopolística. El caso que primero salta a la palestra es el de Uber y la oposición que genera, allá donde vaya, en el sector del taxi.

La entrada de este tipo de servicios de transporte compartido, un sector en el que además de Uber en España operan otras compañías como Hailo o Cabify, ha roto con la tradición de una industria muy acostumbrada a ser el único actor en escena.

Debemos partir de que el sector del Taxi es un mercado muy regulado y controlado, con un número limitado de licencias por cada ciudad y unos precios que están marcados por las autoridades  reguladoras. Hay que tener en cuenta también que esas licencias para prestar el servicio de taxi son muy caras y que, habitualmente, cambian de manos en un mercado entre usuarios.

Además de la pérdida de clientes, y por lo tanto de beneficios, los taxistas están viendo como en los últimos  años el valor de esas licencias, que se consideraban un activo con el que incluso se especulaba, ha caído en picado. No sólo en España, sino en las principales ciudades del mundo en las que, casualmente, el descenso suele coincidir con la entrada de Uber. Eso quiere decir que un taxista que haya comprado su licencia no sólo tiene que afrontar una pérdida de clientes, sino una fuerte devaluación del activo que es el propio permiso para operar.

Fuertes caídas

El mayor ejemplo de esta situación está en la ciudad de Nueva York. Una de las mayores atracciones turísticas, además de las obvias que todo el mundo tiene en la cabeza, son los famosos taxis amarillos. La industria cinematográfica nos ha bombardeado con miles de escenas de películas en las que los protagonistas se suben a uno de estos omnipresentes vehículos.

Pues por muy famosos que sean, tampoco se han librado de este problema. Uber entró en Nueva York en mayo del año 2011 y por entonces las licencias para conducir uno de esos flamantes taxis amarillos estaban en pleno auge. En el año 2012 valían alrededor de 700.000 dólares, y los precios siguieron subiendo hasta el año 2014 cuando tocaron su cota más  alta: 1.100.000 dólares, o casi 980.000 euros al cambio actual.

A partir de ahí comienza el derrumbe y para mediados del año 2015 el desplome situaba estas licencias en el entorno de los 600.000 dólares. Sólo seis meses después apenas se pagaban 475.000 dólares por ellas. En apenas 24 meses estos permisos habían perdido más de la mitad de su valor.

Evidentemente el número de trayectos operado por los taxis tiene una influencia decisiva en el precio de las licencias. Si tomamos como referencia el barrio neoyorquino de Brooklyn, uno de los más populares en los últimos años, se comprende perfectamente la situación que está viviendo este sector tan representativo de la ciudad. En los dos últimos años el número de trayectos realizados por un coche de Uber se ha disparado, mientras que el de los taxis amarillos apenas ha podido mantener el tipo.

Y todo sin tener en cuenta el cada vez mayor número de trayectos realizados por los taxis eléctricos, los servicios de competidores de operadores similares a Uber como Lyft… La competencia es cada vez más feroz.

Más ciudades

Obviamente, el sector del taxi de Nueva York no es el único afectado por la entrada de Uber. No hace falta abandonar norteamérica para encontrar casos similares. En Toronto, y tomando como referencia los datos de la iTaxi Workers Association -lo más parecido a una organización del sector en la ciudad canadiense- se puede apreciar que la entrada de Uber en la ciudad ha desplomado los precios de las licencias de taxi. La aplicación llegó a la ciudad en septiembre de 2014 y los precios se precipitaron rápidamente hasta los 120.000 dólares, después de que apenas dos años antes rondaran los 230.000 dólares por licencia.

Chicago es otra de las grandes ciudades de la costa este que se ha visto afectada. Uber entró en la Windy City en septiembre del año 2011 y su efecto tardo un poco en reflejarse claramente en las licencias del taxi. En el año 2014 se pagaban hasta 350.000 dólares por una licencia, pero para finales del año 2015 el precio de ese mismo permiso había caído 200.000 dólares hasta situarse en el entorno de los 150.000 dólares, poco más de 130.000 euros.

En Philadelphia el caso es aún más extremo. Las licencias en está ciudad cambian de manos entre particulares, pero además la Pennsylvania Parking Authority (PPA) pone en el mercado los nuevos permisos según se va ampliando su número. Entre usuarios el precio de las licencias estaba rozando el medio millón de dólares en el año 2014, pero apenas un año después su valor sólo rondaba los 350.000 dólares. Para el final del año pasado era casi imposible vender una licencia, y las que la PPA ponía en el mercado mediante subasta pública no recibían ni la oferta mínima.

Por eso la autoridad de la ciudad decidió rebajar la cantidad inicial de estas subastas y consiguió colocar tres licencias por un precio de 80.000 dólares, que a partir de entonces marcarían el precio del comercio de los permisos entre particulares. Nadie iba a comprar una licencias por una cantidad tres veces mayor a un particular si podía pagar mucho menos por ella gracias a la PPA.

En este mismo año el regulador de Philadelphia ha decidido volver a rebajar la puja inicial de sus subastas hasta los 50.000 dólares, pero de momento no ha recibido ninguna puja en las ocasiones en las que ha existido la posibilidad de hacerlo.

Europa, también afectada

En el Viejo Continente tampoco se han librado de esta circunstancia. París es una de las ciudades que más oposición ha plantado a Uber. Sus taxistas han llegado a bloquear la ciudad con barricadas y protestas contra la aplicación estadounidense, pues entendían que este tipo de servicios podía acabar con su actividad.

Si tomamos como referencia el precio de las licencias, quizás no anden demasiado equivocados. En el año 2014 se llegaron a pagar 240.000 euros por una licencia para conducir un taxi en la ciudad más turística del continente. Apenas un año después ese mismo permiso apenas valía 150.000 euros. En la primavera de este año, y según los datos de la Rebours de la Défense parisina, las licencias tenían un precio medio de 160.000 euros.

En Madrid la situación no es diferente, si bien es cierto que en este caso no se puede atribuir a Uber el descenso en los precios ya que el servicio llegó a la capital española en marzo de 2016. Aún así, el precio de una licencia de taxi en Madrid ronda los 140.000 euros después de superar holgadamente los 200.000 euros hace un lustro.

Uber se estrella en Dubai

La compañía está teniendo muchos problemas para establecerse en uno de los mayores mercados de Oriente Medio. La ciudad de Dubai tiene 2,5 millones de habitantes, y es uno de los destinos turísticos más potentes de la región, de ahí que Uber lleve casi dos años intentando conseguir una posición de fuerza en la ciudad.

Sin embargo, no parece que lo pueda conseguir a corto plazo. El principal escollo es el regulador del sector, la Autoridad de Carreteras y Transportes de Dubai (RTA por sus siglas en inglés) que ya tiene un acuerdo firmado con Careem, el principal competidor de Uber en Oriente Medio.

Careem nació en Dubai en el año 2012, y ya cuenta con más de cuatro millones de usuarios registrados. Por aquello de jugar en casa está obteniendo muchas ventajas por parte del regulador. Desde comienzos de este mes de octubre los usuarios de Careem en Dubai podrán reservar cualquiera de los 9.841 taxis y las 4.700 limusinas que circulan por la ciudad. Hasta ahora los clientes de esta aplicación sólo tenían acceso a unas pocas limusinas.

“Toda compañía que quiera seguir en Dubai debe firmar un acuerdo con la RTA”, afirmó el director general del regulador, Mattar al-Tayer en declaraciones a Reuters. “¿Por qué? Para mantener el control de las tarifas y de la seguridad”, explicó.

Si Uber quiere crecer en Dubai deberá darse prisa, pues el regulador ha puesto el próximo mes de marzo como la fecha límite para alcanzar un acuerdo.

La situación es muy similar a la que ya vivió el mayor unicornio del mundo en Emiratos Arabes, que linda con Dubai. Allí Uber y Careem vieron como el regulador de turno suspendía sus servicios a finales de agosto de este año, pero le devolvía el permiso para operar a la segunda a los pocos días.