La central nuclear de Almaraz, en Cáceres, sufrió dos averías en su sistema de refrigeración en apenas cuatro meses, en septiembre de 2015 y en enero de 2016. La dirección del Consejo de  Seguridad Nuclear (CSN), el organismo supervisor las instalaciones nucleares en España, se limitó entonces a aceptar las explicaciones de la propietaria de la central sobre estos fallos y lo hizo contra el criterio de sus propios inspectores, que exigían una parada de la planta para una revisión a fondo del sistema.

Los técnicos del CSN han seguido denunciando esos fallos de las bombas de refrigeración en sucesivos informes y su inclusión en el listado público de incidencias (“hallazgos”, según la terminología interna del centro), pero el organismo los ha dejado sistemáticamente fuera del Sistema Integrado de Supervisión de Centrales (SISC), el registro de los fallos en las instalaciones, al considerar que no tenían justificación técnica suficiente.

Técnicos del CSN llevan meses denunciando fallos en la refrigeración de la central. El centro rechaza su criterio

“Todos los hallazgos propuestos por los técnicos sobre las averías en el sistema de refrigeración de Almaraz han desaparecido de los papeles. La dirección del CSN se ha negado a firmar esos hallazgos y los ha dejado fuera a pesar de ser muy claros”, explican fuentes conocedoras del proceso seguido para clasificar estas averías. “Si la dirección del CSN los aceptara ahora, estaría reconociendo en algunos casos que tendría que haber ordenado parar la central en enero. Por eso se sigue silenciando el caso”.

Fuentes oficiales del CSN consultadas por El Independiente esgrimen que las propuestas realizadas por los inspectores son valoradas  primero por sus superiores jerárquicos y, en su caso, por un comité de categorización que determina qué valoración hacer de cada incidente, y que existen metodologías y protocolos técnicos vinculados al SISC que justificarían que se queden fuera esos hallazgos. El inspector propone un hallazgo y sus superiores primero deciden si efectivamente puede considerarse como tal y, si se eleva al comité, éste propone la calificación concreta que hay que darle. En cualquier caso, las propuestas del comité han dejado de ser vinculantes y la categorización dependería directamente del Director Técnico de Seguridad.

La Asociación Profesional de Técnicos en Seguridad Nuclear y Protección Radiológica (ASTECSN), integrada por profesionales del organismo, remitió el pasado 1 de octubre una carta a la Comisión de Industria del Congreso de los Diputados en la que se denunciaba que este comité de categorización del SISC “se ha convertido en un auténtico tribunal en el que los inspectores deben defender sus propuestas ante una jerarquía del CSN, invariablemente alineada con cualquier argumento que minimice la severidad de la clasificación, siendo de facto una verdadera barrera para que no puedan prosperar los hallazgos más allá del verde, la categoría mínima de los mismos”.

Voces críticas del CSN se quejan de que la dirección intenta «evitar a toda costa que una central tenga que parar» por un posible fallo

Varias fuentes internas del CSN, críticas con la dirección comandada por el presidente del centro, Fernando Marti, denuncian igualmente que este caso es una muestra más de que el organismo actualmente está volcado en “evitar la repercusión pública de los fallos en las centrales” y, además, “tiene como prioridad evitar a toda costa que una central tenga que parar”, en ocasiones en contra de las recomendaciones de sus inspectores.

Según fuentes del sector, el parón de actividad de una central como la de Almaraz tendría un coste aproximado de un millón de euros cada día para los dueños de la planta. Desde la propia central de Almaraz, la empresa titular de la planta prefiere no hacer comentarios y se remite a las explicaciones que dé el propio CSN, dado que la denuncia sobre la presunta ocultación de estos fallos se refiere estrictamente a procedimientos internos del propio supervisor.

Renovación de licencia

El caso de Almaraz es particular. Y es que la central cacereña es la siguiente que tiene que afrontar la renovación de su licencia y será la primera en rebasar la cota de los 40 años de vida útil, hasta ahora el figurado límite que se establecía para el funcionamiento de las centrales.

El actual permiso expira en 2020, y los planes de los dueños de Almaraz –controlada por Iberdrola con un 52,7%, Endesa con un 36% y Gas Natural Fenosa con un 11,3%- pasan por activar el proceso para la renovación de su licencia de explotación a mediados del año próximo.

Almaraz es la próxima central que debe afrontar la renovación de su licencia. Iniciará el proceso en 2017

En julio de 2017 Almaraz remitirá al CSN el primer informe preceptivo para obtener la nueva licencia y en julio de 2019 se completará el proceso con un segundo informe, según el calendario previsto por la compañía. Una vez obtenido el visto bueno del organismo presidido por Fernando Marti, es el Gobierno el encargado de aprobar de manera definitiva la renovación del permiso de explotación y con qué plazo.

A la espera de que el propio CSN dé el visto bueno a la renovación de licencia de la central Garoña, hoy sin actividad, Almaraz se convertirá en el nuevo frente de batalla del sector nuclear español para promover la ampliación a largo plazo de la vida útil de sus instalaciones. El objetivo de las eléctricas es garantizarse el visto bueno del supervisor y del Gobierno para que las centrales funcionen entre 50 y 60 años.

Los fallos de Almaraz

La central nuclear de Almaraz sufrió dos averías en el sistema de refrigeración en apenas cuatro meses. Tras estos fallos en los motores de las bombas de agua del sistema de refrigeración, cinco técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear realizaron una inspección en la central el 22 de enero. En un primer momento, los cinco inspectores elaboraron una nota informativa –fechada el 27 de enero- en la que confirmaban a la dirección técnica del CSN que el incidente no representaba ningún problema relevante. Sin embargo, la empresa titular de Almaraz les hizo llegar información adicional ese mismo día sobre las causas de los fallos, y la postura de los técnicos del CSN cambió radicalmente.

Entonces, los cinco inspectores emitieron de urgencia una nueva nota informativa –el 28 de enero- en la que advertían de que no existían “suficientes garantías” de que el sistema de refrigeración de servicios esenciales de la central pudiera funcionar con normalidad, según desveló El País. Según varios expertos, esa falta de garantías en la operatividad de las bombas de agua que evitan el calentamiento de los sistemas de la central debería haber conllevado la parada de las instalaciones en un plazo máximo de 72 horas.

“La dirección del CSN se limitó a guardar en un cajón la segunda nota de los inspectores, la que incluía la información adicional facilitada por la propia central y a dar una semana al titular de la central para una reunión en la que diera explicaciones”, apuntan fuentes del colectivo de técnicos del CSN. La reunión se celebró el 2 de febrero y, tras el encuentro, el CSN aceptó las conclusiones aportadas por la dirección de Almaraz contra el criterio de los técnicos y confirmó la seguridad de las operaciones mientras que se seguía recabando más información sobre los fallos.

«El CSN y Almaraz asumieron un riesgo innecesario», dicen fuentes del cuerpo técnico. El CSN cree que la seguridad estuvo garantizada

Durante el tiempo transcurrido desde los fallos y hasta la elaboración de informes posteriores por parte de los técnicos sobre estos problemas, la dirección de Almaraz ha procedido a sustituir las piezas que provocaban las averías, pero tras haber sorteado la parada de la central. “El CSN y Almaraz asumieron un riesgo innecesario. Tendría que haberse parado la central”, resumen fuentes del cuerpo técnico.

El CSN rechaza esta versión y ya entonces emitió un comunicado en el que confirmó que el titular de la central hizo «todas las actuaciones necesarias» para garantizar la expectativa razonable de operabilidad y que se siguió investigando, por lo que no se consideró necesario requerir actuaciones adicionales. Ese comunicado técnico fue respaldado días después por el propio pleno del CSN.

En los meses posteriores, el inspector técnico del CSN residente de la central Almaraz ha presentado varios informes en el que solicitaban la inclusión de varios hallazgos más relacionados con el fallo de las bombas del sistema de refrigeración. En el informe de la inspección realizada en enero el técnico solicitaba la confirmación de dos hallazgos, pero el CSN sólo admitió uno (el que se correspondía al fallo acaecido en septiembre de 2015, pero no el de la avería de enero).

En dos informes posteriores –los correspondientes al primer y segundo trimestre de 2016-, el inspector advertía de dos hallazgos sobre el sistema de refrigeración de los sistemas esenciales en cada uno de los documentos. Ninguno de ellos ha sido aceptado por el comité del CSN y no aparecen en el registro de incidentes.