Tiendas relámpago o efímeras, las pop up empezaron a despuntar hace una década. El sector minorista abría comercios en pequeños locales estratégicos durante unos días y conseguía aprovechar el tirón de fiestas como la Navidad. Hasta hace poco se relacionaban con productos de temporada o con mini puestos de ropa, pero desde hace unos años las grandes superficies han optado por apuntarse a este fenómeno y situarse, durante algunos días, en las zonas más céntricas de las ciudades.

Ikea ha sido la última en lanzarse y lo ha hecho con dos pop up, una en el Rastro de Madrid y otra en El Born de Barcelona. Ambas han abierto este 21 de octubre y cerraran el día 29. Una iniciativa que pretende impulsar la marca y celebrar los 20 años que la multinacional lleva en España, además de aprovechar el tirón navideño.

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Durante nueve días, estas tiendas relámpago venderán productos exclusivos relacionados con la tradición sueca y que no se podrán encontrar en sus grandes superficies a las afueras de las ciudades.

También han preparado talleres para personalizar muebles y complementos. Una iniciativa con la que la multinacional quiere afianzarse, aún más, en el mercado español que considera esencial. Su meta es conseguir que el 80% de los hogares españoles tengan un establecimiento Ikea a menos de una hora en coche.

Una iniciativa muy similar a la de Toys ‘R’ Us, que anunció hace dos días que el sábado 22 de octubre abría dos tiendas efímeras, una en la Gran Vía de Madrid y otra en el centro de Valencia para ampliar la oferta durante la campaña navideña. Unas aperturas que darán trabajo a 20 personas y que ofrecerán 3.000 artículos, la mayoría juguetes, en un espacio de 600 m2. “Nuestro objetivo es diversificar el modo en el que los padres pueden disfrutar de la mayor variedad de productos del mercado”, indicó la compañía en un comunicado.

Pero la idea de ambas marcas ya fue utilizada por El Corte Inglés y Carrefour. Los grandes almacenes dirigidos por Dimas Gimeno abrieron el año pasado su primera pop up store y la dedicaron exclusivamente a los juguetes.

Una tienda temporal, pero de periodicidad anual, enfocada a las compras navideñas y situada en la calle Preciados. Contaba con 375 m2 distribuidos en tres plantas y algunos fines de semana ofrecía actividades y talleres para dar a conocer sus productos. Además, la tienda contaba con un asesor, un experto que aconsejaba a los clientes sobre los distintos juguetes en función de la edad del usuario, valorando seguridad, características pedagógicas y destreza manual.

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Carrefour, por su parte, lo hizo potenciando el diseño y eligió Valencia como ciudad piloto. Situada en el Mercado de Tapinería, en el centro de la ciudad, durante casi diez días del pasado mes de abril pretendían mostrar al público urbano sus productos envueltos en un entorno diferente.

Dividieron la tienda en tres espacios para poder realizar eventos a la vez que el cliente tocaba y se probaba los productos. El primer espacio estaba dedicado al textil y decorado con un estilo vintage, el segundo enfocado en los productos ecológicos de la cadena, Carrefour Bio, y el tercero con los muebles de playa y piscina.

Pero, y aunque no fue en nuestro país, la primera multinacional que apostó y arriesgó con este modelo fue H&M. La empresa no sólo innovó en el concepto, antes destinado a pequeños comercios, sino que también lo hizo con la localización.  El lugar elegido fue playa de Scheveningen, en La Haya, donde en un container presentó la colección que había realizado en colaboración con WaterAid y de la que parte de los beneficios iban destinados a proporcionar agua potable a personas en países tercermundistas.

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Este proyecto lo desarrolló en 2011 y un año más tarde repitió el mismo concepto en Londres, con dos tiendas de quita y pon en Covent Garden y Westfield Stratford City. Dos establecimientos que, con motivo de los Juegos Olímpicos, ofrecían productos con la bandera británica. «Nuestra intención es sorprender a nuestros clientes», aseguró entonces el director del gigante sueco.