Olviden por un momento los logros deportivos, las impresionantes actuaciones físicas y los memorables choques entre jugadores legendarios. Olviden por un momento que la NBA es la mejor representación de un deporte, el baloncesto, para pensar en ella como la mejor empresa del mundo.

No piensen en 30 equipos que pelean cada año -en esta temporada desde el próximo martes- por el trofeo Larry O’Brien, o por alcanzar la barrera de los Playoffs. Piensen en otras tantas empresas que forman una asociación perfecta para, con un mínimo de tino financiero, lograr amasar cada año más beneficios que el anterior.

Siguiendo la lógica hay que pensar en los activos, también conocidos como jugadores, que son los que llenan las arcas de esas empresas cada año. Esos jugadores son tratados como activos por las empresas sin ningún tipo de reparo: los dirigentes los intercambian, renuevan sus contratos o formalizan sus despidos según convengan al futuro de la empresa.

Una organización perfecta

La estructura de la National Basketball Association es perfecta. Treinta franquicias, dirigidas por otros tantos dueños, forman el cartel que designa al Comisionado, la persona que hace las veces tanto de rey despótico como de conciliadora figura mediadora entre estos dirigentes y el sindicato de jugadores.

Ese cargo es fundamental y estuvo desempeñado de manera brillante durante décadas por David Stern, que fue el responsable de convertir a la NBA en empresa. Paseó a los jugadores por medio mundo mientras la popularidad y los balances crecían como la espuma.

Ahora las funciones las desempeña su delfín, Adam Silver, al que educó durante años a su vera para que no perdiera ripio. Silver es menos mediático, pero su capacidad es incuestionable. Tiene cintura más que de sobra para lidiar tanto con los jugadores como con los dueños, y eso no es nada fácil mientras se dirige un circo de 2.460 partidos al año.

Stern convirtió la NBA en una liga global y comenzó a engrasar la maquinaria perfecta. Sin embargo, ha sido el régimen Silver el que ha puesto el barco a máxima velocidad atreviéndose a dar el gran paso para convertir en billetes todo el potencial de la competición.

Los derechos de televisión

El primer paso, que ha sido también el menos arriesgado, el más rentable y el más exitoso, se materializó con la firma del nuevo acuerdo para los derechos televisivos nacionales. La famosa ESPN, propiedad de Disney, y Turner Broadcasting, que posee la cadena TNT, pagarán 24.000 millones de dólares, casi 22.000 millones de euros, durante los próximos nueve años para emitir, a todo Estados Unidos, una serie de partidos de la competición.

Según este acuerdo, la NBA recibirá 2.600 millones de dólares, casi 2.400 millones de euros anuales frente a los apenas 850 millones de euros que recibió en la temporada pasada. ESPN tendrá que abonar 1.400 millones de dólares al año, más de 1.280 millones de euros, mientras que Turner pagará 1.200 millones de dólares, o casi 1.100 millones de euros. Poniéndolo en perspectiva, la NBA captará un 169% más que en la temporada pasada por este concepto.

Por comparar, entre todos los equipos de la Primera División de fútbol cobrarán 1.280 millones de euros en derechos televisivos, casi 1.000 millones al año de diferencia.

Pese a que paga unas enormes cantidades de dinero, la televisión nacional no retransmite todos los partidos. Por eso los equipos tienen la posibilidad de firmar acuerdos con operadores locales para aumentar sus ingresos. Es el caso de Los Angeles Lakers, que tiene un acuerdo con Time Warner por valor de 3.600 millones de dólares, casi 3.300 millones de euros, a lo largo de 20 temporadas.

Reparto de los ingresos

Por obligación, ya que así esta acordado en el convenio colectivo firmado a finales del año 2011, los dueños tienen que repartir los ingresos con los jugadores al 50%. ¿Cómo lo hacen? Sencillo, aumentando el límite salarial.

En esencia, este mecanismo marca el límite de dinero que los equipos pueden pagar a sus jugadores. Sirve como elemento igualador de la competición, y evita que equipos más pudientes puedan formar un equipo muy superior a aquellos que son capaces de captar menos dinero por los motivos que sea. Evidentemente, las posibilidades económicas de Los Angeles Lakers son mayores que las de Oklahoma City Thunder, aunque sea sólo por el hecho de que los primeros tienen a su disposición un mercado enorme como es la ciudad californiana.

Este año el límite salarial ha subido desde los 70 millones de dólares, o 64 millones de euros, hasta los 94 millones de dólares, 86 millones de euros. Esta cantidad se debe repartir entre un máximo de 15 jugadores, y cada dólar por encima de esa barrera supone una multa que los equipos deben pagar a la propia liga y que ésta, más tarde, reparte entre aquellos que sí han respetado esa norma. La organización es, una vez más, perfecta para intentar que reine la igualdad entre los 30 socios de la NBA.

Rentabilidad total

De los 30 equipos de la NBA sólo hay uno que pierde dinero. Los otros 29 socios del cartel cierran sus balances anuales con números verdes, pese a los lloros y lamentos que a veces hemos tenido que escuchar de los multimillonarios dueños. La única franquicia en negativo es la que posee el ruso Mikhail Prokhorov: Brooklyn Nets. El magnate soviético completó a finales de 2015 la compra del equipo neoyorquino, antes en New Jersey, pero no ha conseguido aún sacarle jugo. El año pasado tuvo el único beneficio operativo negativo, con unos rojos de unos leves 5,7 millones de dólares.

Por supuesto, sí que hay franquicias que sacan todo el jugo a sus posibilidades económicas. James Dolan, el dueño de los Knicks, consiguió cerrar la temporada con 109 millones de dólares, casi 100 millones de euros, de beneficio operativo, mientras que los Cleveland Cavaliers de LeBron James se embolsaron casi 25 millones de dólares, casi 23 millones de euros.

Junto a los de New York, a los que lidera Carmelo Anthony desde la pista y Phil Jackson desde los despachos, la única franquicia que alcanza las tres cifras en este concepto son Los Angeles Lakers. Los de púrpura y oro, cuyos propietarios son Jeanni, Jim y el resto de la familia Buss, brillaron por encima de todos y a final de temporada sus cuentas reflejaban 133,4 millones de dólares, 121 millones de euros, en este apartado.

Por poner en perspectiva los números, el Real Madrid presentó sus cuentas hace tan sólo unas semanas y el beneficio neto se quedó en 30 millones de euros.

Mentalidad de negocio

Pese a ser una de las ligas deportivas más poderosas del mundo, la NBA tiene una mentalidad muy enfocada al negocio. Casi todos los elementos del juego, o del escenario de los partidos, es susceptible de ser comercializado y exprimido al límite. Desde los nombres de los estadios, pues los 30 pabellones tienen un nombre patrocinado, hasta los relojes que miden el tiempo de partido o de posesión, cuyo sistema está patrocinado por Tissot en un contrato de 200 millones de dólares, 183 millones de euros, durante seis temporadas.

El próximo año debuta el nuevo contrato de patrocinio del material deportivo. Es un acuerdo global de toda la competición por lo que los 30 equipos llevan exactamente las mismas equipaciones facilitadas, por última ocasión, por Adidas, ya que la unión entre la firma germana y la NBA acaba en la temporada que está por comenzar. En  el curso 2017-2018 será Nike la que se encargará de vestir a todas las franquicias, así como de comercializar el ingente material de merchandising que venden todos los equipos.

Nike ha conseguido, además, un hito muy relevante: por primera vez se verá el logo de la marca en las camisetas que llevan los jugadores durante los partidos. Hasta ahora las reseñas de Adidas o Reebok, anteriores patrocinadores, no podían mostrarse durante el juego, pero los de Nike sí se verán cuando el acuerdo entre en vigor. Seguramente los alrededor de 1.000 millones de dólares, casi 920 millones de euros, que pagará la marca de Oregón en los próximos ocho años tengan algo que ver. Según ESPN, la NBA recibirá un 245% más por temporada en este acuerdo con Nike que durante la asociación con Adidas.

Crecen los salarios

El contrato de los derechos televisivos ha llevado a las arcas de los dueños mucho más dinero y, según el convenio colectivo antes mencionado, eso repercute directamente en el bolsillo de los jugadores pues el 50% de los ingresos de las franquicias deben gastarse en ellos. El salario medio de la liga superará, durante la próxima temporada, los cinco millones de dólares, 4,5 millones de euros.

El fuerte aumento del límite salarial ha provocado que los sueldos crezcan y este verano se hayan firmado contratos desorbitados. Mike Conley, el base de los Memphis Grizzlies, ha rubricado este verano el mayor contrato de la historia de la liga: cobrará 140,52 millones de dólares, 128 millones de euros, por continuar siendo compañero de Marc Gasol cinco años más.

También durante este periodo veraniego han firmado sus contratos jugadores como Damian Lillard o LeBron James. El primero, que dirige el juego de los Portland Trail Blazers, rubricó un acuerdo que le mantendrá en la ciudad del estado de Oregón los próximos cinco años a cambio de 139,88 millones de dólares, o 127,9 millones de dólares, mientras que el cuatro veces MVP de la liga estará en Cleveland tres temporadas más y recibirá alrededor de 100 millones de dólares, unos 92 millones de euros.

La vorágine de dinero repartido en los contratos que se han firmado en este verano han provocado que el Jugador Más Valioso de las dos últimas temporadas, Stephen Curry, sea el 81º jugador mejor pagado de la liga con apenas 11 millones de euros por temporada de sueldo.

Para, una vez más, poner las cifras en perspectiva hay que mencionar que el todopoderoso Michael Jordan, el mejor jugador de la historia, ganó 94 millones de dólares, casi 86 millones de euros, en salarios durante las 16 temporadas que estuvo en activo vistiendo los uniformes de los Chicago Bulls y los Washington Wizards.

El siguiente conflicto

En el año 2011 el desacuerdo entre el sindicato de jugadores y los dueños provocó un lockout. Básicamente fue una huelga de jugadores, que se negaron a unirse a sus equipos reclamando un mayor reparto de los enormes beneficios que, según ellos, se llevaban los dueños. Tras una dura negociación, y después de que muchas estrellas buscaran acomodo en equipos europeos para no perder la forma, las aguas volvieron a su cauce y la competición se reanudó con casi dos meses de retraso.

La amenaza de ese cierre patronal ya está de nuevo en el horizonte. En teoría, el acuerdo firmado hace cinco años debía estar vigente durante una década, pero ambas se dejaron la opción de romperlo unilateralmente para forzar una nueva negociación. La fecha límite para ello es el día 15 de diciembre.

Representantes de los jugadores y de los dueños ya se han reunido varias veces para evitar que, una vez más, se vuelva a producir una huelga que limite el número de partidos y lo que eso conlleva: menos ingresos por televisión, por taquilla, por merchandising, por los restaurantes dentro de los pabellones…

Ninguna de las partes está interesada en que se congele de nuevo la competición. De ahí que ya esté casi formalizado un acuerdo, según publicó a principios de este mes de octubre The Vertical, que evite el tercer lockout de los últimos 20 años -1999 y 2011-. Nada que no pueda resolverse cuando están en juego miles de millones de dólares para la mejor empresa del mundo.