El banco más antiguo de Europa lucha por no ser historia pasada. Tras perder alrededor de 20.000 millones de euros desde 2011 y consumir miles de millones de euros de valor en bolsa, Monte dei Paschi di siena ha presentado un plan con el que pretende recobrar la confianza del mercado y garantizar su viabilidad.

El esquema trazado por el nuevo consejero delegado del banco, Marco Morelli, comprende la reducción de casi un 10% de su plantilla (2.600 empleados), el cierre de 500 sucursales, la venta de unos 27.600 millones de créditos fallidos y una ambiciosa ampliación de capital por valor de 5.000 millones de euros.

La medida que había sido generado gran expectación entre los inversores, motivando un repunte de los títulos de Monte dei Paschi del 100% en sólo siete sesiones, fue recibida con evidente desconfianza: tras una apertura al alza, llegó a perder alrededor del 25%, y cerró finalmente con un descenso en el entorno del 15%, tras ser suspendida de cotización en varias ocasiones a lo largo del día. En el año acumula recortes superiores al 70%.

Las acciones del banco acogieron el plan de viabilidad con recortes del 15%, tras subir más del 100% en siete días

Aunque la caída puede explicarse fácilmente como una recogida de beneficios, los expertos ven dudas razonables en el plan que justifican los recelos de los inversores. «Había esperanzas de un plan y no han entregado más que una declaración de intenciones», señalaba Benno Gallike, un operador de Luzerner Kantonalbank, en declaraciones a Bloomberg.

El principal punto débil radica en la posibilidad de que la ampliación de capital no llegue a buen término. «El principal problema del plan es que aún no se sabe quién va a financiar el reclamo de capital», comentaba Fabrizio Bernardi, analista de Fiidentis.

Además, existe el riesgo de que la junta de accionistas, que debe refrendar las intenciones de la directiva, se niegue a ello, dado que los accionistas actuales, que no cuentan con derechos de suscripción preferente, están expuestos a una dilución de casi el total de su participación. «La aprobación no es obvia, considerando la elevada dilución que se deriva de la operación», señalaba una nota de Kepler Chevreux, citada por Reuters.

El revés bursátil de Monte dei Paschi fue secundado por la práctica totalidad de la banca italiana, que también había registrado avances considerables en las últimas jornadas. Banca Popolare Emilia Romagna cayó este martes un 4,18%, mientras que UBI Banca, Popolare y UniCredit restaron algo más del 3%. «El sentimiento para el conjunto de la banca italiana es muy sombrío en este momento», advierte Galliker.

Una amenaza latente

Y es que, a pesar de la reciente mejora, los problemas de la banca italiana se mantienen como una amenaza latente para la estabilidad financiera de la eurozona. El sector ya estuvo en el ojo del huracán el pasado verano, cuando las sacudidas del Brexit pusieron al descubierto sus vulnerabilidades, ocasionadas por un cúmulo de activos no productivos superior a los 300.000 millones de euros.

Las dificultades para hacer un rescate con apoyo público, que chocaría con la normativa europea de resolución bancaria, hizo temer por momentos el colapso de varias entidades o un problema de dimensión política -ya que entre los bonistas, que deberían sufrir las pérdidas, se encuentran muchas familias.

Con el Gobierno italiano pendiente de un referéndum fundamental el próximo 4 de diciembre, el problema se intenta ahora mantener en un segundo plano. «Se está intentando enfriar el tema y retrasar la decisión para que no estalle en plena campaña y salpique al gobierno de Renzi. Creo que la Unión Europea está de acuerdo con esta posición, de ahí que últimamente no esté presionando en exceso», considera Juan José Fernández-Figares, director de análisis de Link Securities.

Fitch ha rebajado la perspectiva del ráting de Italia haciendo referencia a los riesgos de su banca

La mejora del sentimiento del mercado hacia la banca ha jugado en favor de esta calma. La mejora de los datos macroeconómicos, los indicios de una incipiente inflación y la posibilidad de que los bancos centrales empiecen a retirar en un futuro no muy lejano las políticas de tipos bajos, lo que ha propiciado un repunte de las rentabilidades de la deuda, representan un alivio para los maltrechos márgenes de la banca.

Y también existen razones internas para confiar en que el problema de la banca vaya a menos. Así lo consideran los analistas de Citi, para quienes la mejora del entorno económico, el enfoque de los bancos en la gestión de su balance y las medidas adoptadas por el Gobierno italiano deberían ayudar al sector a reducir el tamaño de sus créditos fallidos en un 17% hasta 2019. Los analistas del banco estadounidense se muestran confiados en que el sector tomará más medidas para abordar sus problemas y consideran que sus precios ya reflejan los desafíos a los que se enfrentan.

Pero lo cierto es que las dificultades del sector financiero italiano siguen muy presentes. Tanto como para que Fitch justificara el pasado viernes su revisión a la baja de la perspectiva crediticia de Italia, entre otras razones, en que la elevada cartera de activos improductivos representa un riesgo a la baja para la economía.

Como observaban recientemente en HSBC, en su valoración de la situación económica en Italia, «el sector bancario se mantiene en un estado frágil, debido a la baja rentabilidad y los altos índices de morosidad. Los cambios recientes en la ley de quiebra y el acceso a colaterales, los fondos de Atlante y las garantías estatales de los activos en mora ayudan, pero no proporcionan una solución completa».

Además, desde la entidad británica advierten de que cualquier fracaso en la recapitalización con dinero privado de Monte dei Paschi que desencadenara un rescate sufragado por los inversores institucionales tendría «negativas consecuencias políticas y para los costes de la banca».