Demócratas o republicanos. Hillary Clinton o Donald Trump. La disyuntiva electoral a la que deben dar respuesta los ciudadanos estadounidenses se presenta, a sólo unas horas de conocer los resultados, mucho más reñida de lo que se podía prever hace apenas unos días. La remontada de Trump en las encuestas ha vuelto a ajustar la carrera por ocupar la Casa Blanca durante los próximos cuatro años.

Tanta incertidumbre deja su huella en unos mercados financieros, que, hasta la fecha, se habían mostrado poco pendientes del escenario político estadounidense. El aumento de la tensión en las Bolsas ha ido en paralelo a las crecientes posibilidades de que sea Donald Trump el que acabe haciéndose con la presidencia de EEUU.

«El mercado estaba muy tranquilo, confiado en una victoria de Clinton. Ahora, según las encuestas, la distancia se ha reducido y, aunque Clinton sigue por delante, el ejemplo del Brexit ha generado cierto trauma sobre la posibilidad de un resultado final inesperado», explica Marian Fernández, directora de Estrategia de Andbank. Así, «los inversores están tomando posiciones más cautas, para evitar verse sorprendidos por un evento para el que falta menos de una semana», añade.

Los analistas coinciden en que una victoria de Trump desataría, al menos en el corto plazo, una huida precipitada de los activos de riesgo por parte de los inversores. Pero, ¿por qué esta posibilidad parece atemorizar a los inversores? En opinión de los expertos existen cuestiones básicas de la psicología inversora que justificarían los recelos hacia el candidato republicano.

Los inversores tienden a preferir moverse en entornos estables y predecibles. Por eso, como destaca el equipo de análisis de AXA IM, tradicionalmente la respuesta de los mercados suele ser más positiva cuando el mismo partido permanece en el poder, lo que significa que una victoria de la candidata demócrata (el mismo partido al que pertenece Obama) debería ser mejor recibida. Y desde el punto de vista histórico, Aurelio García del Barrio, director del Global MBA con Especialización en Finanzas del IEB, resalta que los mercados han mostrado mejor rendimiento durante mandatos demócratas que republicanos.

En cambio, la opción de una presidencia de Trump abre las puertas a un escenario incierto. «Trump traería más incertidumbre política que cualquier presidente durante generaciones», observan en ETF Securities. Y es que, tal y como resalta el equipo de análisis de ABN Amro, «la agenda económica de Trump no está clara y resulta difícil de cuantificar».

Amenaza de guerra comercial

No obstante, el principal foco de inquietud de los inversores respecto a Trump no radica en los puntos desconocidos de su proyecto sino en los que ha ido esbozando a lo largo de la campaña. Así lo considera Albert Enguix, gestor de fondos de GVC Gaesco Gestión: «El principal factor que están temiendo los mercados es lo que él ha estado indicando en los últimos meses, que es, principalmente, más proteccionismo».

El candidato republicano ha perfilado en distintas ocasiones un planteamiento comercial tendente a desincentivar el comercio exterior, mediante la revisión de tratados comerciales y la imposición de aranceles (llegó a sugerir tasas para los productos de México y China del 35% y el 45%, respectivamente). Según cálculos de la agencia Moody’s, las políticas comerciales de Trump pueden resultar en una pérdida de exportaciones por valor de 85.000 millones de dólares hasta 2019. Esto a su vez debería compensarse mediante una reducción de las importaciones de la principal economía del mundo.

La política comercial de Trump puede reducir las exportaciones hasta 2019 en 85.000 millones de dólares

Y, según señala Kristina Hooper, estratega de inversiones en EEUU de Allianz Global Investors, no sería descartable una respuesta similar de los países afectados por estas políticas. «Trump podría encender una guerra comercial», afirma.

«Esto no es nada bueno para la economía. En un momento en que el crecimiento a nivel internacional es débil, que EEUU se cierre sobre sí mismo puede provocar un frenazo», apunta Enguix. En la misma línea, en Lombard Odier, resaltan que las políticas comerciales de Trump «pesarían sobre la estabilización de los mercados emergentes, justo cuando estas economías empiezan a recuperarse». Una vez más, México, por sus estrechos vínculos comerciales con EEUU, aparece como uno de los principales damnificados de las medidas disruptivas del candidato republicano.

La preocupación por el efecto de estas políticas llega al terreno geoestratégico. Así, Christopher Dembik, economista de Saxo Bank, advierte de que la presidencia de Trump podría ocasionar un enfriamiento de las relaciones con Europa, que derivaría en un cambio radical de alianzas en asuntos cruciales como la relación con Rusia. En China prevé una guerra comercial de implicaciones globales. Y, más importante aún, sostiene que la retórica antimusulmana de Trump puede desencadenar un fortalecimiento del terrorismo islámico.

La montaña del déficit en EEUU

Pero si en el escenario internacional el programa de Trump ofrece una lectura negativa casi sin matices, en el ámbito nacional sus ideas obtienen algunos aplausos. La mezcla de elevada inversión pública, recortes de impuestos y menor regulación es vista como un cóctel favorable para el crecimiento económico.

Sin embargo, como indica García del Barrio, este plan presenta algunas debilidades. «Al recortar los impuestos, y por lo tanto los ingresos, de forma tan drástica, Trump está abriendo un enorme vacío fiscal a corto plazo, con costes significativos en el presupuesto que se deberán cubrir», avisa. Pero Trump se muestra reacio a recortar las partidas más significativas del gasto público, como las de seguridad social y salud, y fía todo a la lucha contra el fraude, una idea que no convence a Kristina Hooper. «No hay fraude suficiente para los ahorros de costes que necesita», advierte.

De este modo, algunos estudios auguran que el déficit se elevaría en 5,3 billones de dólares en la próxima década, lo que llevaría la ratio de deuda sobre el PIB -excluidos los títulos del Federal Financing Bank- al 105%, desde el 77% actual. «La economía se ralentizaría bajo los planes de Donald Trump. Pensamos que los planes de inversión se retrasarían y los flujos mundiales de capital disminuirían, dada la incertidumbre y el impacto en el sentimiento empresarial», auguran en ABN Amro.

Y, por si esto fuera poco, en Allianz GI ponen sobre la mesa las dudas que la llegada de Trump a la Casa Blanca podría despertar entre los inversores en deuda estadounidense, después de que el candidato republicano llegara a sugerir el pasado abril la posibilidad de negociar algún tipo de quita sobre los bonos públicos.

El futuro de la política monetaria

Otra de las cuestiones que más inquieta a expertos e inversores es la relativa al futuro de la política monetaria en EEUU. Porque, entre otras cuestiones, está previsto que los planes económicos de Trump resulten en un incremento de la inflación, por repatriación de capitales, mayor consumo interno y encarecimiento de las importaciones.

Y también por un previsible cambio en la jefatura de la Reserva Federal de EEUU (Fed). «Una victoria de Trump traería consigo una cantidad significativa de incertidumbre en torno a la política monetaria», observan en Morgan Stanley. Los analistas del banco estadounidense sugieren que el candidato republicano «probablemente reemplazaría a Yellen tan pronto como fuera capaz». Y aunque dudan de que esto ocurra antes del fin de su mandato, a inicios de 2018, «más allá de esto hay claramente una incertidumbre significativa sobre el curso de la política monetaria durante una presidencia de Trump».

Además, incluso, sin un cambio al frente de la Fed, «las perspectivas de una economía más débil y una mayor inflación pondrían a la Fed en una situación más difícil incluso que en la que está hoy con respecto al camino apropiado de la política monetaria. Temores de una mayor inflación, a pesar del bajo crecimiento, pueden resultar en una política de tipos más elevados y unas rentabilidades mucho mayores en la deuda de EEUU. Los diferenciales de crédito y la volatilidad se elevarían a medida que se reevalúen las primas de riesgo», señalan en ABN Amro.

Morgan Stanley prevé que Trump no renovará a Yellen al frente de la Fed cuando concluya, en enero de 2018

Todo esto representa un vuelco de gran calado en el tablero inversor. «Una victoria de Trump pondría en duda los dos factores más importantes que determinan actualmente la evolución de los mercados financieros. La subida de los tipos nominales y el aumento de la pendiente de la curva de rendimientos cuestionarían la viabilidad del enfoque de búsqueda de rentabilidad» que manejan ahora los inversores, explican en Lombard Odier.

Con todo esto, parece totalmente justificado el nerviosismo que evidencian los mercados cada vez que las opciones de victoria de Trump se acrecientan. Si éstas llegaran a materializarse, la tensión podría desbordarse en los activos de riesgo, mientras los inversores buscan refugio en activos considerados seguros, como el oro o el yen japonés.

En cualquier caso, para contener los miedos, los inversores bien pueden aferrarse a la posibilidad de que los planes más controvertidos de Trump se vean bloqueados por las cámaras de representantes o, incluso, que él mismo reniegue de ellos. Al fin y al cabo, como observa Marian Fernández, «de las promesas de campaña a las realidades del gobierno suele haber un trecho grande».