Si pudiéramos hacer un trato para que no me abandones, yo te lo daría todo». Así terminaba el anuncio que Loterías y Apuestas del Estado publicó en el año 2013 para promocionar la Quiniela. Parecía casi una premonición del futuro que le esperaba al clásico 1-X-2 sólo unas temporadas después.

Porque la Quiniela está herida de muerte, se está desangrando. Los datos de recaudación, de premios y de participación se están desplomando sin control desde hace una década y al agujero no se le ve el fondo.

El primer motivo de esta caída hay que verlo en la creciente popularidad de las apuestas deportivas, tanto por internet como en los establecimientos físicos de las casas de juego. Sólo en el último trimestre los españoles apostamos 1.153 millones de euros a través de la Red, una cantidad a la que hay que sumar la de los locales a pie de calle. Con tal volumen, el espacio para la Quiniela se va estrechando.

Esta pelea está totalmente perdida. Es complicado superar a la emoción del premio inmediato al fin de un partido, o la cantidad de opciones diferentes que ofrecen las casas de apuestas. La Quiniela es rígida e incluye partidos que no interesan al jugador medio, que prefiere seguir a su equipo o, como mucho, a los de la Primera División española. Eso por no hablar de que es mucho más fácil acertar un resultado que una decena, el número mínimo para optar a un premio (escaso) en las columnas del 1-X-2.

Tampoco ha ayudado el propio Gobierno. En su afán por llevar dinero a sus arcas, Loterías y Apuestas del Estado ha aumentado significativamente el número de jornadas de Quiniela durante la última temporada y el curso 2016 se cerró con un total de 70 jornadas frente a las 56 del año anterior.

De las últimas ocho jornadas de la temporada pasada, seis fueron de la Liga brasileña, una de la Liga rusa y una de la Premier League británica. Obviamente, las cifras de recaudación fueron paupérrimas, con números un 80% inferiores a los de una jornada normal.

De esta manera, lo que ha conseguido Loterías es devaluar el producto a base de saturar a los usuarios y de hacer que estos pierdan el interés. Y el rédito de esa práctica es ínfimo.

En 2013 el entonces ministro José Ignacio Wert modificó el Real Decreto 419/1991 para «actualizar y adaptar la referencia a porcentajes y los beneficiarios de las apuestas mutuas deportivas». Básicamente, esto significa que cambiaba el reparto del botín de la recaudación.

Actualmente el 49,95% de esa cantidad va directamente a las arcas de las Diputaciones Provinciales, a través de las respectivas Comunidades Autónomas. Un 45,5% se lo lleva la Liga de Fútbol Profesional (LFP) y el 4,55% lo invierte la Federación Española de Fútbol (RFEF) en categorías no profesionales. Por lo tanto, todos pierden si la recaudación baja.

Caída constante

La última vez que la recaudación de la Quiniela aumentó respecto a la anterior temporada, el máximo goleador de Primera División fue Dani Güiza. Acababa de terminar la temporada 2008 con el Real Madrid como campeón de Liga, y los registros de Loterías decían que la Quiniela recaudó entonces 567 millones de euros, una cifra superior a los 518 del curso anterior.

A partir de ahí la caída no ha parado y la temporada pasada la recaudación ya estaba en unos tristes 268 millones de euros, la mitad que hace sólo ocho temporadas. En lo que llevamos de 2016, con 57 jornadas disputadas, apenas se han recaudado 207 millones de euros. Va a ser muy difícil, por no decir imposible, quedarse en el entorno de las cifras del año pasado.

Los premios entregados también han sufrido fuertes desplomes. Lejos quedan ya los 312 millones en premios del año 2008, sobre todo si los comparamos con los escasos 114 millones de euros que se han entregado hasta noviembre de 2016.

El premio más grande de este año se entregó el 8 de mayo, cuando un solo acertante del Pleno al 15 se embolsó 4.387.196 euros. Fue uno de los seis premios millonarios, pues el 31 de julio otro jugador se llevó 1.941.907 euros tras acertar los 15 partidos de la Liga brasileña que había en el boleto. En la jornada de Liga del 18 de septiembre hubo dos acertantes, que se llevaron 1.793.907 cada uno, mientras que el 16 de octubre otros dos jugadores se llevaron cada uno 1.154.661 euros.

Una temporada difícil

El año actual está siendo complicado para la Quiniela. La temporada pasada fue más corta y estuvo más concentrada por la disputa, en verano, tanto de la Eurocopa de Francia como de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Ambos eventos concentran mucha atención, y el dinero de los apostantes se dirige hacia estos eventos, en los que el 1-X-2 no tiene demasiado sentido.

La recaudación y los premios más altos llegaron en jornadas en las que se disputaba el Campeonato Nacional de Liga de Primera División. La mayor recaudación corresponde a la disputa de la jornada del 8 de mayo de 2016, cuando la cifra ascendió hasta los 8,1 millones de euros y los premios alcanzaron los 4,47 millones de euros. Ese día el único acertante del Pleno al 15 se embolsó 4,38 millones de euros.

Lejos están esas cifras de los números que se veían hace algunos años. En la jornada del 10 de marzo de 1996 la Quiniela batió su récord de recaudación con 21,72 millones de euros, mientras que el 1 de octubre del año 2000 el montante jugado llegó a los 21,24 millones de euros. Tampoco se van a repetir los premios que se entregaban hace años. En la jornada del 2 de octubre de 2005, en la que el Real Madrid ganó 4-0 al Mallorca y el Barcelona empató a dos con el Zaragoza, un único acertante del Pleno al 15 se llevó 9,08 millones de euros. Cerca se quedó el jugador que hizo lo propio en la jornada del 10 de marzo de 1996, pues ganó 8,46 millones de euros.

La jornada de Liga con menor recaudación de este año se produjo el 2 de marzo, cuando apenas se alcanzaron los 2,22 millones de euros y se entregaron 1,22 millones en premios. En dicha ocasión no hubo ningún boleto con 15 ni con 14 aciertos, por lo que los 50 jugadores que cogieron 13 se llevaron 3.337 euros.

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A nivel global, la peor jornada fue la número 55 del año 2016, y no sorprende comprobar que se jugó tres días después de la de mayor recaudación del año. Disputada el 11 de mayo de 2016, los usuarios pusieron en juego 706.000 euros, de los que 388.000 se repartieron en premios. El único acertante de 14 partidos, de la Liga inglesa y la Liga rusa, se llevó poco más de 113.000 euros.

Este es un perfecto ejemplo de lo que está haciendo Loterías y Apuestas del Estado. Un boleto con partidos como Terek-Amkar o Norwich City-Watford no logró despertar el interés de los jugadores, que apenas tres días antes habían logrado reunir un montante de 8,1 millones de euros. Eso denota un fuerte desconocimiento y un preocupante desinterés por un producto con más de 70 años de vida.

Joya pública

Loterías y Apuestas del Estado, que opera bajo el nombre de Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (Selae), es la empresa pública más rentable de España. En el año 2015, último del que se tienen datos completos, sus ventas se incrementaron casi un 4% hasta los 8.779 millones de euros, si bien es cierto que la Lotería Nacional es la gran responsable de esas cifras.

Sólo en 2015 Selae aportó al Tesoro Público 1.619 millones de euros, dando empleo a 657 trabajadores. Según su propia memoria, el pasado año pagó 763 millones de euros en impuestos, y entregó más de 5.400 millones de euros en premios a los jugadores.

Pese a sus buenos números, Loterías ha perdido valor con los años. En 2011 el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero tuvo en sus planes sacar a Bolsa la compañía. La cosa estuvo tan avanzada que incluso el Consejo de Ministros aprobó la medida en septiembre de aquel año, aunque dio marcha atrás sólo unos días después. El Gobierno del PSOE planeaba captar 7.000 millones de euros por el debut bursátil del 30% de Loterías.

Esa cantidad está lejos de la realidad actual. La subida de impuestos a las ganancias del juego, la bajada de la recaudación y el incremento del precio de las apuestas en la Quiniela, que ha pasado de 0,5 euros a 0,75 euros hace algún tiempo, han devaluado un producto que otrora era muy rentable y no tenía rival.