El Consejo de Administración del Banco Popular se ha convertido en un polvorín, ante la determinación de algunos de los accionistas del banco de deponer al actual presidente, Ángel Ron. El mexicano Antonio del Valle, representante de un consorcio de accionistas aztecas que controla el 4,25% de Popular, intenta aglutinar apoyos suficientes para relevar al primer ejecutivo de la entidad.

De momento, no lo ha conseguido y, la semana pasada, durante la reunión mensual del Consejo, el grueso de los accionistas respaldó el plan estratégico de Ron y, por tanto, su presidencia. Dado el fracaso cosechado, Del Valle ofreció al órgano de dirección una tregua, pero en el entorno de Popular se espera que el magnate latinoamericano vuelva a la carga.

Cuenta, hasta la fecha, con el respaldo de una parte minoritaria del Consejo: el ex presidente de Banco Pastor, José María Arias Mosquera, vicepresidente del órgano y representante de la Fundación Pedro Barrié; y Reyes Calderón Cuadrado, consejera coordinadora.

Guindos y Linde creen que Ron representa la estabilidad y el compromiso con un proyecto a largo plazo

En medio de este ruido, tanto el Ministerio de Economía, con Luis de Guindos al frente, como el Banco de España, presidido por Luis María Linde, respaldan en la sombra a Ángel Ron. Al menos, de momento, y siempre y cuando llegue a buen término el Proyecto Sunrise, plan en el que trabaja Popular para sacar de balance 6.000 millones de euros de activos inmobiliarios y ponerlos a cotizar.

Guindos y Linde consideran que el actual presidente, tras 16 años al frente de la entidad, «representa la continuidad, estabilidad y la gestión de un proyecto a largo plazo para Popular», mientras que la hipotética toma de control por parte de Del Valle, el accionista rebelde, generaría «incertidumbre e inestabilidad», aseguran a El Independiente fuentes conocedoras de la situación.

Además, Guindos y Linde habrían reconocido a su círculo más estrecho que la irrupción del mexicano puede suponer un riesgo para Popular y sus accionistas. Lo atribuyen a la visión cortoplaclista de Antonio del Valle, muy preocupado en recuperar la inversión acometida el menor plazo posible, forzando una operación corporativa, aunque no fuese la más idónea.

Del Valle y varias familias mexicanas entraron en el capital de Popular en 2013 con una inversión de 450 millones de euros. Desde entonces, el valor de la acción se ha deprimido más de un 80%.

Los aliados

Pese a la crispación que genera entre los inversores la debilidad del banco y el pobre comportamiento de la acción, Ron cuenta en el consejo con aliados fieles, que, de momento, aseguran su permanencia en la presidencia.

Entre éstos, figura Vicente Tardío, representante de Allianz, grupo que cuenta con una participación del 3,5% en Popular. En torno al 50% de los ingresos que logra la compañía de seguros en España procede de acuerdos comerciales que mantiene con el banco. Fuentes próximas a Allianz ven a Ron como garante de estas alianzas, que quedarían en el aire si se diese una operación corporativa, como la que está alentando Del Valle.

También Francois Martin, consejero independiente como representante de Crédit Mutuel, accionista relevante con el 4% del capital, está entre los que apoyan a Ron. Popular y el grupo galo son aliados en España desde hace más de una década y ambos participan en Targo Bank.

Francisco Aparicio Valls, en representación de la sindicatura de accionistas de Popular -controla el 9,6% del capital-, se habría posicionado también al lado del actual presidente, pero los rumores de pasillo del banco apuntan a crecientes fisuras entre las familias que integran este grupo.

‘Sunrise’, la clave para el futuro

La clave para el futuro de la entidad banco gira, de momento, en torno al proyecto Sunrise. Así es como se conoce al plan en el que trabaja el banco para constituir una especie de banco malo que le permita sacar de su balance 6.000 millones de euros de activos inmobiliarios, la lacra que pone en riesgo la viabilidad futura del banco.

Se especula con que la operación de articulará en tres tramos: capital (equity) aportado por el banco y repartido entre sus accionistas; deuda subordinada que suscribiría el propio Popular; y deuda senior, que la entidad colocaría entre inversores institucionales.

La operación está pendiente de recibir el visto bueno del BCE, pero fuentes del mercado advierten de que el regulador podría poner reticencias al tramo de la operación que quiere articularse con deuda subordinada.

En cualquier caso, varios expertos consideran que la creación de este banco malo es otra patada hacia adelante, que no solventa los problemas de Popular. «A menos que en España el sector inmobiliario se recupere bruscamente, el banco malo que planea Popular no es suficiente, dada su exposición al sector inmobiliario», señala en un informe Bank of America.

El citado documento prevé que la entidad tenga necesidades de capital adicionales por valor de 2.100 millones de euros a finales de 2018. «El volumen de activos improductivos del banco sugiere que el banco necesita elevar las coberturas de los activos inmobiliarios un 58% y de los no inmobiliarios, un 50%», indica la firma americana.