Los primeros días de 1998 fueron tiempos felices para los mercados. Alimentadas por el optimismo de una nueva era económica, cimentada sobre las nuevas tecnologías e Internet -la que acabó bruscamente con el pinchazo de la burbuja puntocom-, las bolsas mundiales perforaban máximos tras máximos en una vorágine de optimismo ilimitado.

El mercado español no era ajeno a aquella oleada de entusiasmo inversor. En apenas ocho semanas, el Ibex se anotó cerca de un 20%. El 24 de febrero de aquel año, el índice registraba un nuevo récord, en los 8.641 puntos. Este lunes, casi dos décadas después de ese hito, el índice español cerraba 22 puntos por debajo de aquella cota.

Una sucesión de episodios de alborozo y desánimo, de exuberancia y de pánico, han dado como resultado un camino de ida y vuelta que sitúa hoy al Ibex en los mismos niveles que hace ya más de 18 años. Y el mercado español no ha recorrido sólo este viaje a ninguna parte: otros grandes índices europeos, como el Cac 40 francés, el Mib italiano o el EuroStoxx 50, que engloba los principales valores de la eurozona, también se mueven en niveles en los que ya se encontraban antes del cambio de milenio.

En cambio, el Dow Jones, el principal índice de Wall Street, que se movía entonces casi 300 puntos por detrás del Ibex (en los 8.370 puntos), cotiza actualmente en los niveles más elevados de su historia, por encima de la cota del 19.000, lo que representa un avance superior al 125%. El S&P 500 también registra en ese periodo un repunte superior al 100% y en el Nasdaq Composite -pinchazo puntocom mediante- las ganancias sobrepasan el 200%.

Esta enorme brecha entre los índices de uno y otro lado del Atlántico se ha fraguado en la última década, especialmente a partir de la crisis financiera que azotó los mercados a partir de 2008. De hecho, cuando el Ibex alcanzó su máximo histórico, al borde de los 16.000 puntos, en noviembre del año anterior acumulaba una ganancia del 84% desde febrero de 1998, casi el doble de lo que había sumado el Dow Jones. A partir de entonces, ambos han seguido caminos muy divergentes.

Mejores resultados en Estados Unidos

Tan distintas realidades bursátiles son reflejo de escenarios económicos radicalmente diferentes. Un hecho que se evidencia en la evolución de los resultados de las empresas. «Es una cuestión de beneficios empresariales; en Estados Unidos están en máximos históricos, mientras que en Europa se encuentran muy lejos de máximos», confirma David Cano, director general de Afi.

Entre 1998 y 2007, los beneficios conjuntos de las empresas del Ibex se elevaron un 78%, un incremento similar al que registraron las cuentas de las compañías del Dow Jones. Desde entonces y hasta hoy, los resultados del Ibex han registrado un retroceso superior al 50% y las del EuroStoxx 50 se han contraído en casi un 40%. Por el contrario, en el Dow Jones han crecido un 35%.

Los beneficios del Ibex se han reducido más de un 50% desde 2007; en el Dow Jones crecen en torno al 35%

Varias son las cuestiones que pueden explicar el mejor hacer de la bolsa estadounidense desde el estallido de la crisis. Por un lado, la acción más rápida y contundente de la Fed, el banco central de Estados Unidos, favoreció una más rápida recuperación la actividad, tras el primer coletazo de la recesión.

Por otro lado, como explica Cano, en Estados Unidos las vías de financiación están mucho más diversificadas que en Europa, donde la congelación del flujo de crédito de la banca dejó sin posibilidades de financiarse a empresas y familias.

El peso del sector bancario

Pero, en opinión de los expertos, la clave de la distinta evolución de los rendimientos corporativos radica en la composición de cada mercado. «La clave principal está en la excesiva carga de bancos, compañías de telefonía y energía en los índices europeos. Las bolsas europeas están compuestas en gran medida por sectores clásicos, cuya rentabilidad ha sido muy reducida», comenta Javier Amo, director del máster en Bolsa y Mercados Financieros de IEB.

Es cierto que el peso de estos sectores en Europa se ha ido reduciendo en los últimos años, pero se mantienen como fundamentales en la evolución de algunos de los índices principales. En el EuroStoxx 50, banca, energía y telecomunicaciones representan más de una cuarta parte del índice, una cifra significativa, aunque inferior al más del 40% que ponderaban en los inicios de la crisis.

En el Ibex, esta concentración es más exacerbada. En 1998, cuando superó por primera vez los 8.600 puntos, los siete bancos del índice suponían un 41% del mismo, una cuota que se elevaba en más de 20 puntos porcentuales si se sumaban el gigante de las telecomunicaciones Telefónica y la petrolera Repsol, según datos de Bolsas y Mercados Españoles. Hoy en día, la cuota del sector financiero aún supera el 31% y Telefónica y Repsol añaden otro 13% al peso de estos sectores en el selectivo español.

«A veces la gente se cuestiona por qué la economía española está creciendo a buen ritmo y la bolsa no tira, pero es que los sectores que están impulsando la economía apenas tienen representación en el Ibex. No es un reflejo de la economía española», indica Cano.

Bancos, ‘telecos’ y energía suponen un 44% del Ibex, frente al poco más del 20% que representan en el S&P 500

Esta situación contrasta de lleno con la que muestran los principales índices de Wall Street, donde estos sectores han dejado de suponer más de un tercio del mercado, a poco más del 20% en la actualidad. Frente a éstos, tecnológicas y compañías del sector sanitario se han erigido en las principales referencias de índices como el S&P 500, con un 35% del mismo -en Europa apenas representan un 13%. «Lo que han dejado de ganar bancos y petroleras lo ha pasado a ganar tecnológicas y salud, por eso allí los beneficios han seguido subiendo tras la crisis», recalca el director general de Afi.

El auge del sector tecnológico ha sido espectacular en los últimos años. Las cuatro mayores empresas del mundo pertenecen a este sector, todas ellas de Estados Unidos. La mayor, Apple, tiene un valor de mercado superior al de las 35 compañías que componen el Ibex.

Además, como explica Javier Amo, estas compañías no sólo generan resultados, sino también expectativas. El experto del IEB utiliza como ejemplo a la compañía de vehículos eléctricos Tesla. «Sus ventas aún están muy lejos de las de fabricantes tradicionales como Renault o Peugeot, pero su marcha en bolsa es muy superior». De hecho, hoy en día la capitalización de Tesla iguala prácticamente la suma de las dos compañías galas, tras multiplicar el valor de sus acciones por seis en cinco años.

En Europa, sin embargo, la tecnología brilla por su ausencia: existen pocas compañías punteras y buena parte de las que hay no cotizan. «Tenemos menos empresas de tecnología y de salud y, además, la probabilidad de que coticen en Bolsa es inferior a la de EEUU», comenta David Cano.

Un lastre político

Las razones por las que este tipo de negocios tienen menos pujanza en Europa implica cuestiones, incluso, psicológicas, en las que una cultura del emprendimiento menos arraigada juega un papel nada desdeñable.

También la política tiene su cuota de responsabilidad. Claudio Ortea, director de Inversiones de Lombard Odier, no duda en señalar las dificultades para el buen funcionamiento económico que se derivan de los problemas de gobernanza en Europa. En su opinión, además, lejos de resolverse, estos problemas parecen ir a más.

En contraste, Ortea defiende que en Estados Unidos incluso las incertidumbres que puede generar el advenimiento de un presidente como Donald Trump quedan limitadas por un sistema político que constriñe su margen de actuación.

Los problemas de gobernanza en Europa han golpeado a la confianza empresarial, lastrando las inversiones

Del mismo modo, Javier Amo observa que, «aunque no produce un impacto directo, la crisis política que viene atravesando Europa desde hace varios años, acaba suponiendo un lastre para la confianza empresarial, lo que termina por frenar las inversiones».

En este escenario y considerando el peso que aún siguen teniendo sectores como banca y energía, el experto del IEB descarta que los mercados europeos puedan reducir la brecha que les separa de Estados Unidos a medio plazo. «O surgen alternativas a los bancos o no hay manera de seguir el ritmo de Wall Street», indica.

Aun así, Cano ve razones para ser ligeramente optimistas, aunque a más largo plazo. «Se están dando algunos pasos, salidas de tecnológicas a bolsa, mayor impulso de startups, una mentalidad cada vez más favorable al emprendimiento. Pero muy poco a poco. Llevamos varios años de retraso con Estados Unidos y esa brecha no se va a cerrar de un día para otro», sentencia.