Antonio del Valle, el inversor mexicano del Banco Popular que, junto a la consejera Reyes Calderón, orquestó el relevo de Ángel Ron por Emilio Saracho en la presidencia la semana pasada, amenazó al primer ejecutivo del grupo con convocar una Junta extraordinaria de accionistas para votar un único punto en el orden del día: su cese.

Según ha podido saber El Independiente de fuentes internas de la entidad, el accionista informó a Ron, el pasado martes, de su intención de someter a votación en Junta su destitución al frente de Popular; algo que «hubiese ocasionado un tremendo caos dentro banco, al elevar aún más la incertidumbre sobre el valor de la compañía en Bolsa, al tiempo que podría haber generado ruido entre los clientes y retirada de depósitos”, apuntan las mismas fuentes.

La convocatoria amenazaba con provocar un tremendo caos dentro del banco al elevar la incertidumbre en Bolsa

Actualmente, Del Valle y las familias latinoamericanas a las que representa controlan el 4,25% del capital del banco y, de acuerdo con la última reforma de la Ley de Sociedades, cualquier accionista con una participación superior al 3% tiene potestad para convocar una Junta. Como requisito previo a la celebración de una Junta de accionistas, es necesario publicar la convocatoria en el Registro Mercantil y en un periódico, explicando el orden del día.  Sólo este movimiento hubiera desestabilizado aún más a la entidad.

Tras la amenaza de Del Valle el martes, los consejeros de Popular se reunieron el miércoles por la mañana para buscar una salida para la entidad. En ese momento, Ron tenía, de su lado, a ocho de los 15 miembros del Consejo de Administración.

Entre éstos, contaba con el apoyo de José Francisco Mateu, consejero que representa a la Sindicatura de Accionistas de Popular, compuesta por las familias que tradicionalmente han constituido el núcleo del accionariado del banco. Controlan el 9,6% del capital.

El consejo se reunió un día después de la amenaza de Del Valle, entonces Ron tenía de su lado a ocho de los 15 miembros

Para, en parte, compensar la destitución de Ron, como presidente del grupo, Mateu pactó que la Sindicatura ocupará la vicepresidencia del Consejo, un cargo de nueva creación.

Ron abandonó el Consejo y aseguró que sumaría su voto al de la mayoría para poder desbloquear una situación que no parecía que fuese a desenredarse por sí misma, ante la determinación de Del Valle, Calderón y otros consejeros, como José María Arias, vicepresidente del máximo órgano de decisión del banco y ex presidente de Banco Pastor; y Helena Revoredo, miembro de la comisión de nombramientos del banco, para relevarle.

Por la noche, Reyes Calderón comunicó al gobernador del Banco de España, Luis María Linde, que había mayoría para sustituir a Ron al frente de la presidencia por Emilio Saracho.

Entre las filas afines a Ron, consideran que dicha mayoría tenía fisuras y que si el regulador hubiesen confirmado los apoyos, probablemente, el presidente de Popular en funciones hasta finales del próximo febrero no habría sido cesado.

Otros ejecutivos, sin embargo, defienden la absoluta transparencia con la que se desarrolló el proceso, asegurando que «a un presidente no se le echa sin consenso del Consejo».

Máxima tensión entre Ron y Del Valle

El punto de inflexión que deterioró la relación entre Del Valle y Ron fue la ampliación de capital que Popular realizó el pasado mes de junio por importe de 2.500 millones de euros. Fuentes próximas a la operación aseguran que el mexicano lanzó un órdago al banco al solicitar invertir 1.000 millones de euros para hacerse con el 20% del capital del banco que, sumando al paquete del que ya disponía, le habría otorgado el control de casi el 25% del grupo.

La entidad se negó a autorizar este movimiento, y Del Valle recibió las acciones que le correspondían, de acuerdo a su participación en el banco, por las que desembolsó 100 millones de euros.

Tras la ambición de controlar el 25% de Popular subyacía su intención de protagonizar una operación corporativa que le hubiese permitido, a posteriori, deshacer su inversión y minimizar o borrar las importantes pérdidas cosechadas en los últimos años.

El mexicano, de hecho, ya se había aproximado en varias ocasiones a Sabadell, BBVA y otras entidades, con el ánimo de impulsar una integración.