Y sin embargo se mueve. Doce meses después de anunciar la primera subida de los tipos de interés desde 2006, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha anunciado este miércoles un nuevo paso en el proceso de normalización de los tipos, elevando el precio del dinero en 25 puntos básicos, hasta el rango del 0,5% al 0,75%.

La institución que preside Janet Yellen encuentra así, al fin, la salida a un impasse que se ha ido dilatando a lo largo de todo 2016 y que, por momentos, ha llevado a algunas voces a dar por frustrado el proceso de subida de los tipos de interés.

Lejos de eso, la Fed prevé que la subida de tipos anunciada este miércoles ponga las bases para un cambio de ritmo en el proceso que permita desmantelar en los próximos meses el escenario de tipos en mínimos diseñado durante la crisis. La mayor parte de los miembros del banco central pronostica ahora tres alzas de tipos en 2017, frente a las dos auguradas tres meses antes, e incluso varios de ellos (cinco de 17) apuestan por alguna subida adicional, que situaría el precio del dinero por encima del 1,5% el próximo año.

Para 2018, la mayoría sigue viendo unos tipos en el entorno del 2%, aunque hasta tres miembros del banco central prevén ya para entonces tasas superiores al 3%.

Los miembros de la Fed auguran tres subidas de tipos el próximo año, un ritmo superior al previsto en septiembre

Yellen, incluso, se atrevió a hablar de la reducción del balance de la institución, aunque sólo fuera para emplazar su inicio al indeterminado momento en que el proceso de subidas de tipos esté encauzado.

Este acelerón en las perspectivas de los tipos de interés viene a confirmar las expectativas del mercado de que la era del dinero gratis está dando sus últimos coletazos. La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el pasado 8 de noviembre, ha sido el detonante de este cambio de escenario.

Su promesa de llevar a cabo una política de fuertes estímulos fiscales, a través de gasto público y rebajas de impuestos, es vista como la palanca que podría finalmente impulsar la inflación, haciendo menos necesario el apoyo del dinero del banco central.

Sin embargo, en la decisión adoptada este miércoles por el banco central estadounidense apenas han tenido peso estas cuestiones, según ha explicado Yellen en su comparecencia posterior. La presidenta de la Fed ha asegurado que, aunque algunos miembros han considerado la posibilidad de cambios en la política fiscal de EEUU, aún es demasiado pronto para juzgar el impacto de los planes de Trump.

De hecho, la institución apenas ha revisado sus expectativas de inflación para los próximos ejercicios, que mantuvo en el 1,9% en 2017 y el 2% en 2018. Para Yellen, la subida de tipos supone un «voto de confianza» hacia la economía estadounidense, lo que se reflejó en la mejora de las previsiones de crecimiento para 2016, que suben un punto básico, al 1,9%, y las de 2017, que también se elevan una décima, hasta el 2,1%.

Reacción del mercado

Para los expertos, el mensaje de la institución ha resultado algo más duro de lo esperado. Así, por ejemplo, Steven Ricchiuto, economista jefe en Estados Unidos de Mizuho, resalta que «el tono del comunicado fue también un poco restritivo, con el énfasis en la fortaleza del mercado laboral y la inflación siendo destacada», según recoge The Wall Street Journal.

Los inversores también reaccionaron de forma elocuente a la decisión de la institución. Noventa minutos después de conocerse la decisión, Wall Street enfriaba su optimismo reciente y el Dow Jones retrocedía algo más del 0,8%. En cambio, el dólar se reforzaba cerca de un 1% y registraba nuevo máximos de 14 años, mientras el euro se situaba a un paso de caer por debajo de los 1,05 dólares.

Asimismo las rentabilidades de la deuda estadounidense repuntaban con fuerza, especialmente en los tramos cortos de la curva: el interés del bono a 2 años superaba el 1,25%, su nivel más elevado desde 2009. El interés del bono a 10 años escaló por encima del 2,5%, superando sus niveles más altos en dos años.

El oro, en cambio, recortaba algo más del 1%, hasta sus niveles más bajos en diez meses. Y los mercados emergentes evidenciaban sus recelos, con caídas en bolsa superiores al 1,3% en el caso del IPC mexicano y el Bovespa brasileño.

A expensas del nuevo rumbo político

Pese a que Yellen restara importancia a esta hipótesis, muchas voces en el mercado ven en el cambio de rumbo de la Fed un movimiento de adaptación a la nueva era de mayor inflación que se espera traiga consigo el presidente Trump.

Como observa Alberto Gallo, jefe de estrategia macro de Algebris Investments, de mantener una actitud de cautela la Fed se enfrentaría al riesgo de verse sobrepasada por los acontecimientos. «Con un mayor estímulo fiscal y con los precios del petróleo convirtiéndose en un viento de cola, hay un mayor riesgo de que la inflación sobrepase los objetivos de la Fed. En el peor de los casos, la Fed podría verse obligada a ajustar bruscamente la previsión de sus políticas», advierte.

Los expertos creen que una actitud demasiado cauta de la Fed podría obligarle a variar el rumbo de forma brusca

Así pues, a la espera de ver cómo se plasman los planes políticos de Trump el advenimiento del nuevo presidente aparece como la pieza clave de una transformación fundamental en la política monetaria estadounidense.

Pero el camino para la Fed en esta nueva era no será nada sencillo, ya que el proceso de normalización de los tipos presenta claros riesgos para la economía estadounidense. Por un lado, el fortalecimiento del dólar, en máximos de 14 años, supone un lastre para la competitividad exterior de las empresas del país, lo que ya quedó comprobado a inicios de 2016, cuando se llegó a temer que la atonía del sector industrial arrastrara a Estados Unidos a la recesión.

Y por otro, el repunte de las rentabilidades de la deuda puede acabar siendo perjudicial para la estabilidad financiera del país. Así lo advierte, por ejemplo, Jeffrey Gundlach, responsable de inversiones de DoubleLine Capital, una subida de la rentabilidad del bono a 10 años al entorno del 3% -actualmente se mueve en el 2,57%-, podría desestabilizar los mercados financieros e incluso frenar el mercado inmobiliario.

De este modo, aunque con un año de dilación, la Fed ha encontrado el modo de reiniciar un proceso de subidas de tipos que a lo largo de todo 2016 ha encallado en las más diversas incertidumbres internas y externas. El camino parece abierto para que la tarea siga su curso a lo largo del próximo ejercicio. Pero también lo parecía cuando hace justo un año la Fed auguraba cuatro alzas de tipos para el presente ejercicio.

Ahora, como entonces, las circunstancias del camino serán las que dicten finalmente el rumbo que deberá tomar el banco central.