Incertidumbre y Donald Trump son dos ideas que resultan casi inseparables. El ascenso del controvertido magnate a la presidencia de los Estados Unidos ha abierto innumerables incógnitas sobre el futuro de la política en la mayor economía del mundo.

Su programa económico consiste, hasta la fecha, en poco más que una serie de ideas deslavazadas que ha ido esbozando a lo largo de la campaña. A partir de ellas, los mercados tratan de intuir el rumbo que pueden tomar sus decisiones, una vez pase a morar en la Casa Blanca. Y los primeros movimientos son claras señales de que los inversores ven en la victoria de Trump una transformación de enorme calado sobre el tablero de los mercados financieros.

Tipos de interés al alza a nivel mundial, fortalecimiento del dólar o retroceso de los activos emergentes son algunas de las consecuencias inmediatas sobre los parqués del resultado de los comicios en Estados Unidos. Señales que auguran el advenimiento de un nuevo contexto financiero que encierra al menos tantas sombras como luces.

Es cierto que las bolsas, especialmente la estadounidense, han reaccionado con un tono positivo a la victoria de Trump. De hecho, el Dow Jones firmaba este lunes su sexto avance consecutivo, una racha que le ha llevado a batir sus máximos históricos. Como observa John Hardy, jefe de estrategia en divisas de Saxo Bank, “el mercado está jugando la idea de que Trump es una especie de nuevo Reagan, desregulando, reduciendo impuestos y aumentando el gasto”.

La expectativa de un repunte del crecimiento en Estados Unidos ha llevado al Dow Jones a batir sus récords

La perspectiva de que la combinación de una cuantiosa inversión unida a un amplio recorte de impuestos favorezca el crecimiento en Estados Unidos ha llevado a los inversores a apostar con fuerza por la renta variable del país, como medio de aprovechar ese impulso. Sectores que a priori deberían verse favorecidos por estas políticas, como construcción, recursos básicos, sanidad o banca, se han situado entre los claros ganadores de este cambio de escenario.

Pero como observaba este lunes el vicepresidente del BCE, Vitor Constancio, “debemos ser cautelosos al sacar conclusiones precipitadas y positivas de la evolución del mercado, ya que no necesariamente indican que la economía mundial tendrá una recuperación acelerada con un mayor crecimiento”.

Tensión en el mercado de bonos

De hecho, los mercados también han dejado estos días razones para la inquietud, especialmente por medio de un repunte generalizado de las rentabilidades de la deuda mundial, conforme los inversores se deshacen de sus bonos ante la previsión de que un incremento de la inflación obligará a los bancos centrales, y más en concreto a la Reserva Federal de EEUU (Fed), a elevar los tipos de interés a un ritmo superior al previsto hasta ahora. Los inversores otorgan ya cerca de un 90% de probabilidades a la opción de que la Fed suba los tipos de interés en su próxima reunión, el 14 de diciembre.

En este contexto, el interés del bono español a 10 años ha escalado 30 puntos básicos desde el miércoles, alcanzando sus niveles más elevados en cinco meses. De prolongarse, el efecto de este repunte no tardará en traducirse en un incremento de los costes de financiación del Estado, lo que genera cierta inquietud en el Gobierno, según reconocen fuentes próximas al Ministerio de Economía.

Una situación idéntica afecta a la mayor parte de los países y empresas europeas. Como observan en Santander Private Banking, este movimiento “implica un endurecimiento no deseado de las condiciones de financiación en la zona euro, una economía que está mucho más retrasada en el ciclo que la estadounidense”.

En el Gobierno español existe cierta inquietud por el incremento de las rentabilidades de la deuda

Teniendo en cuenta esto, Constancio observaba el lunes que uno de los principales riesgos a los que se enfrenta la economía es “una posible reversión mundial de las primas de riesgo que puede inducir un contagio y afectar al precio de los activos. Nosotros hemos empezado a ver esto en el mercado de bonos y esto está exacerbado por el presente peso de la incertidumbre política en las economías avanzadas”.

En este escenario, los analistas de Bank of America Merrill Lynch consideran que “la respuesta reacional del BCE debe ser mantener -al menos- el nivel de apoyo monetario que ya está aportando”.

Las apuestas de los inversores a que el banco central de la eurozona extenderá su programa de compra de bonos (QE), que está previsto que finalice en marzo, se han multiplicado en las últimas semanas. Pero el posible aumento de la inflación en la eurozona y los riesgos que se derivan del mantenimiento excesivo de las políticas de estímulo dificultan la respuesta de la institución.

“La pregunta clave es cómo van los bancos centrales a acompañar este movimiento con sus políticas y cómo van a integrar los mercados de bonos los mayores riesgos para la inflación y la estabilidad financiera. Estas dos preguntas introducen los que posiblemente son los dos riesgos más subestimados de 2017: los mercados de bonos y la credibilidad de los bancos centrales”, indica Didier Saint-Georges, miembro del Comité de Inversión de Carmignac.

Los riesgos de la fortaleza del dólar

El repunte del dólar que ha seguido a la victoria de Trump es otro de los factores que empieza a despertar intranquilidad entre los expertos. “Un dólar estadounidense más fuerte y tasas de interés más altas en Estados Unidos son como un masivo endurecimiento de la liquidez y el crecimiento global, por lo que estos eventos no serán vistos como positivos para gran parte del mundo”, advierte Hardy.

La divisa estadounidense acumula un repunte próximo al 3% en las últimas seis sesiones, lo que le ha llevado a marcar su nivel más elevado en un año. Como una reacción en cadena, los inversores han deshecho posiciones en mercados emergentes y materias primas, dos clases de activos que se ven penalizados por el fortalecimiento del dólar.

La fortaleza del dólar reabre los riesgos de inestabilidad de los mercados emergentes y las materias primas

El peligro de una huida de fondos de los países emergentes hacia los desarrollados, atraídos por el incremento de las tasas de interés tiene el potencial de provocar profundas inestabilidades en países con elevados déficit por cuenta corriente o con pesadas montañas de deuda denominada en dólares.

Esta combinación de factores trae a la memoria las convulsas jornadas de finales de 2015 e inicios del presente año. “Si el dólar continúa fortaleciéndose, podríamos ver que muchos de los riesgos que asuntaron a los mercados en 2015 vuelven a emerger”, señalaba Witold Bahrke, estratega senior de Nordea Asset Management, en un reciente artículo en la web de Morningstar.

El impacto del proteccionismo

A este preocupante cuadro habría que añadirle, además, la parte menos favorable de los planes de Trump. Y es que el inconcreto programa del presidente electo de los Estados Unidos está marcado por un notable sesgo proteccionista y anti inmigración que, en opinión de Goldman Sachs, “tendría implicaciones negativas para el crecimiento, particularmente en el largo plazo”.

Los analistas del banco estadounidense contemplan el riesgo de estanflación en la mayor economía del mundo, ya que creen que el paquete completo de medidas del nuevo presidente podría dar pie a un deterioro del crecimiento en Estados Unidos a partir de 2018, mientras la inflación se situaría claramente por encima del 2% y el desempleo escala por encima del 5%, poniendo en una encrucijada a la Fed.

La perspectiva de una guerra comercial puede anular el impulso derivado de los estímulos fiscales

La situación global no sería ni mucho menos más favorable. Como apunta Tom Fahey, estratega global macro senior de Loomis Sayles & Co, gestora asociada a Natixis Global AM, “una guerra comercial es el mayor riesgo para el PIB mundial”. En su opinión, las consecuencias de este escenario “probablemente afectarían a la oferta y la demanda, aumentarían la inflación y debilitarían la demanda mundial. Una guerra comercial podría eclipsar significativamente cualquier estímulo fiscal”.

En este sentido, en HSBC observan que “un régimen comercial estadounidense menos abierto podría perjudicar la economía estadounidense y dañar a las exportaciones y al crecimiento del PIB de sus socios comerciales, en particular México y China”.

Considerando el impacto directo en España, basta señalar que las compañías del Ibex ingresaron más de 64.400 millones de euros en Estados Unidos en el último ejercicio fiscal, el 12,6% de sus ventas totales. A esto habría que añadir, por ejemplo, los más de 25.000 millones de ingresos que obtuvieron en México, según datos de FacSet.

Todos estos riesgos, no obstante, quedan matizados por la indefinición que rodea las políticas que pueda aplicar Trump. Según los expertos de Oxford Economics, los inversores están asumiendo un retorno a las políticas de “Reaganomics”, las que aplicó el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan en los años ochenta.

Entonces, Reagan, como ahora se espera de Trump, accedió a la Casa Blanca con un plan de estímulo fiscal que favoreció un buen comportamiento de la economía y el empleo en Estados Unidos a costa de engordar el déficit, que llegó a triplicarse durante su mandato. Al mismo tiempo, sus políticas propiciaron un repunte notable de los tipos de interés durante buena parte de la década, lo que se tradujo en dificultades financieras para los países más endeudados.

Un episodio no tan lejano que conviene no perder de vista. Especialmente en un mundo tan endeudado como el actual, en el que la proporción de deuda sobre el PIB alcanza ya la cifra récord del 225%, como alertó recientemente el FMI. Un enorme punto débil de la economía mundial en el que las políticas de Trump podrían hacer estragos.